UN BENEFACTOR TRAS LAS REJAS

El título llamaría a suponer que se ha cometido un atropello imperdonable contra alguien dedicado al bien colectivo, despojado de intereses personales, e imbuido de buenas intenciones. Un verdadero arquetipo. (Luis María Serroels / ANALISIS)

Sea dicho esto a propósito de declaraciones formuladas desde la cárcel por el exvicepresidente de la Nación y exministro de Economía, el ucedeísta devenido en cristinista puro, Amado Boudou.

Quizás aprovechando el estado emocional y la vocación reconciliadora que impone el clima navideño, aprovechó la circunstancia para victimizarse ante la sociedad denunciando: “Estoy convencido de que estoy preso por todo lo bueno que hice en el gobierno y todo lo malo que no hice”. Osada reflexión que conduce a razonar, a la luz de cuanto se conoce sobre su conducta como funcionario, que la mayor parte de cuanto hiciera desde la función pública estuvo más bien orientado a su enriquecimiento personal.

Una revisión de sus presuntos servicios patrióticos prestados (y que Dios y la Patria se lo terminaron demandando), no son precisamente honrosos.

Boudou está acusado por intentar apropiarse –mediante maniobras bien aceitadas- de la imprenta Ciccone, encargada de imprimirle los billetes al Banco Central.

Además se le imputa ser parte de una operación de asesoramiento para un plan de ordenamiento de la deuda provincial del gobernador formoseño Gildo Insfrán, virtual mandatario vitalicio.

El exvicepresidente cometió en el camino un fraude con datos falsos de un automóvil y la fijación de un domicilio inexistente situado en una duna de la costa atlántica.

Si fuese tan clara y contundente su inocencia, su defensora hubiera tenido argumentos incontrastables para destruir la acusación y evitar el encierro.

Es útil recordar que cuando el entonces procurador General, Esteban Righi, le pisaba los talones, Cristina Fernández lo separó de su cargo reemplazándolo por Alejandra Gils Carbó. La propia presidente la puso en funciones el 29 de agosto de 2012.

En el curioso currículum de Boudou aparece que durante una marcha de fidelidad peronista llegó hasta la Plaza de Mayo. Tras descalzarse y arremangarse los pantalones, mientras mostraba con sus dedos la V de la victoria, introdujo ambos pies en el agua de una fuente para refrescarse tal como miles de obreros lo hicieran el 17 de octubre de 1945, reclamando la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón, detenido en Martín García. No pocos consideraron una ofensa sus falsos gritos sagrados, pero el poder K celebró su vocación partidaria.

Volviendo al referido acuerdo con Formosa, el trabajo –sin llamado a concurso- le fue encomendado a la firma The Old Fund, cuya cabeza visible era José Nuñez Carmona, quien fuera detenido al tiempo que se citaba a declarar a Boudou y su entonces novia Agustina Kämpfer. La ligazón se tornaba cada vez más evidente.

En la cuestión del asesoramiento intervino el juez Ariel Lijo, que le seguía los pasos a Boudou y a Nuñez Cardona sobre Ciccone Calcográfica y de cuya planta tomó el control The Old Fund, siendo citados además de los mencionados, el gobernador Insfrán, todos en calidad de partícipes.

El procedimiento empleado fue calificado como “inédito e irregular” al contratarse una supuesta consultora de carácter privado.

El costo para el gobierno formoseño fue de $7.667.161,30. ¿Por qué fue delictiva la maniobra?, se preguntaron muchos. La respuesta dio cuenta de que “se simuló un asesoramiento profesional que en realidad no fue tal”.

Como decíamos, The Old Fund se constituyó en controlante de Ciccone, donde aparece como figura destacada del “Boudougate” el nombre del abogado y empresario de origen argentino-belga, Alejandro Paúl Vandenbroele, quien fuera señalado como la persona que cobró la alta suma pactada como presunto testaferro del exvicepresidente de la Nación, es decir, quien hoy proclama su inocencia.

Hubo elementos que constituyeron constancias probatorias. En el fondo –sostiene el expediente-, lo grave se da porque “el canje de la deuda de Formosa con el fisco nacional, según un ex alto funcionario- hacía innecesario que The Old Fund, cuyo único rostro visible era Vandenbroele, participara como consultora (Boudou negó conocerlo).

Fue un plan deliberadamente preparado para quedarse con mucho dinero por vía de una estrategia hábilmente diseñada. Mientras tanto Gildo Insfrán está gobernando por séptima vez consecutiva –ahora hasta 2023- favorecido por una reforma constitucional que él mismo propició y que establece la reelección indefinida. Sus andanzas reñidas con las leyes no han sido impedimento para seguir contando con apoyo popular. Lo de The Old Fund fue apenas una jugarreta con la colaboración de alguien que dice estar preso por todo lo bueno que hizo.

Mientras tanto trasciende que la vicepresidente pone en marcha su plan para domesticar jueces. Su proverbial generosidad se extenderá seguramente a Boudou y a todos sus ex funcionarios coimeros que saquearon el Estado. La Corte Suprema hace del silencio su única postura.

“No llores por mí Argentina, hazlo por ti misma”.

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