SE FUE UN IRREMPLAZABLE

Varios corruptos, de esos que ni alma tienen, deben festejar su muerte, tal vez crean que ahora que se sentó a la derecha de su amigo-hermano Raúl, los deja de perseguir, error!!!, Don Leandro y sus principios los siguen hasta verlos presos, pagando por lo que el los denunciò. (J.M.H.)

Murió Don Leandro Despouy, un republicano, un intransigente con los corruptos, un hombre que en vida, habló con sus hechos y su conducta.

Tuve el privilegio de contar con su cercanía desde 2003 en adelante, cuando ya en la AGN, nos daba innumerables cantidad de notas para detallar como se empezaba a robar, como seguía el robo y como trabajó para castigar a los culpables, muchos que hoy, por sus investigaciones, siguen rindiendo cuentas ante la justicia.

Las notas radiales eran jugosas, amables pero duras, pero mucho más me nutría con esas largas charlas telefónicas que manteníamos cada vez que lo llamaba para concretar las entrevistas.

En esas catarsis mutuas, podía encontrar el Leandro puro, principista, y sobre todo, inclaudicable contra los corruptos.

Como presidente de la AGN, Despouy protagonizó fuertes enfrentamientos con los funcionarios kirchneristas a raíz de los informes de auditoría que revelaron casos de corrupción. Al asumir afirmó que “la Argentina carece de una cultura del control”.

Bajo su gestión, la AGN realizó auditorías del Fútbol Para Todos, denunció por la falta de control del gobierno krichnerista con la empresa Trenes de Buenos Aires, emitió cuatro informes advirtiendo por la seguridad física de los pasajeros y del material rodante y una investigación sobre las compras de trenes chatarra a España y Portugal con sobreprecios.

Esos documentos fueron evidencias en las causas judiciales en que se investigó y condenó por corrupción a funcionarios del kirchnerismo como Ricardo Jaime.

Leandro padecía cáncer y venía peleando desde hace más de un año con la enfermedad.

Tenía 72 años, fue extitular de la Auditoría General de la Nación (AGN), dirigente radical reconocido por su compromiso con la transparencia y los derechos humanos. Motorizó las mayores investigaciones de corrupción en la función pública durante el kirchnerismo, llevando a decenas de dirigentes corruptos al banquillo de la justicia.

Había nacido San Luis el 4 de abril de 1947. Fue docente y se destacó en el radicalismo por su actividad política, pero debió exiliarse en Francia entre 1975 y 1983, por la persecución de la Triple A, compariendo el destierro con otro gran amigo, Don Hipólito Solari Irigoyen.

La banda armada paraestatal lo perseguía por su actuación como patrocinador de hábeas corpus de perseguidos políticos y por integrar la gremial de abogados.

Incluso desde el exterior, en enero de 1975, fue la primera persona en denunciar como testigo, en el segundo tribunal Russel, el accionar de esa organización policial paraestatal. El tribunal Russel fue formado por intelectuales para analizar los crímenes de las dictaduras latinoamericanas, como lo habían hecho ya con Betrand Russel, para investigar y evaluar la política exterior estadounidense y la intervención militar que este país llevó a cabo en Vietnam.

Despouy testificó allí sobre los crímenes cometidos por “funcionarios del gobierno o allegados políticos” y responsabilizó a José López Rega y a otros funcionarios del gobierno de María Estela Martínez de Perón.

El abogado exiliado dio cuenta de la metodología, que “iba del asesinato a sangre fría de militantes desarmados a la tortura sistemática”, acompañada por los comunicados oficiales que “hacían parecer estos asesinatos como productos de violentos tiroteos”.

Al regresar al país con el gobierno de Raúl Alfonsín, Despouy fue designado en la cancillería como director del área de Derechos Humanos. Desde allí fue clave su trabajo para traer al país a las víctimas de la represión ilegal que estaban exiliadas para que declararan como testigos en el juicio a las Juntas Militares, según recuerda Ricardo Gil Lavedra, quien fue uno de los integrantes del tribunal de ese histórico proceso.

Fue relator especial de las Naciones Unidas en materia de Independencia Judicial y trabajó como segundo del excanciller Dante Caputo frente a la crisis de Haití.

Desarrolló una carrera diplomática a nivel internacional donde ocupó la Presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Fue autor de numerosos libros y artículos y tuvo también una larga trayectoria docente.

Convocado por Alfonsín, tras la caída de Fernando de la Rúa, regresó desde Ginebra para asumir al frente de la Auditoría General de la Nación, donde estuvo entre 2002 y 2016.

Presidió este órgano estatal autónomo encargado del control del manejo de fondos públicos por parte del Poder Ejecutivo. Lo reemplazó fugazmente Ricardo Echegaray cuando Cristina Kirchner dejó el poder.

En 2016 recibió la Mención Especial de los Premio Konex a las Humanidades Argentinas. En noviembre de ese año, siendo representante especial para Derechos Humanos de la Cancillería Argentina, fue electo para integrar el área de derechos humanos de la Comisión de Control de Ficheros de Interpol (CCF).

Con tal motivo, expresó: “Es un cargo clave. La Argentina ha estado en la estructura de Interpol, pero nunca en un organismo de expertos [de dicha entidad]”.

En tiempos en que todo parece igual y hacia abajo, en donde la clase política argentina muestra su peor cara, ajustando a un pueblo exausto pero sin resignar un solo peso de los muchos que reciben por hacer nada o hacer mal, Leandro parece que no lo soportó, como si esta etápa que se avecina ya la hubiese vivido y combatido, pero que lo encontró sin las fuerzas para seguir la lucha.

No se fue uno mas… SE FUE UN IRREMPLAZABLE!!!… Chau Leandro, saludos a Raúl, gracias por tanto, perdón por tan poco.

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