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MARTÍN LOUSTEAU: “LA OPOSICIÓN ES UN ESPACIO SIN DUEÑO. YA NO LO TENÍA, Y MENOS AHORA”

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Para el economista y senador nacional electo, la mayor singularidad del gobierno de Macri es terminar el mandato y dejar una ciudadanía que quiere salir de los vaivenes más abruptos. (Martín Bravo)

-HABÍA DICHO QUE LA ELECCIÓN CERRABA UNA ETAPA Y ABRÍA OTRA. CON EL RESULTADO PUESTO, ¿AHORA CUÁL ES SU MIRADA?

-Se cierra la etapa de un Gobierno que, no es menor, es el primero no peronista que termina un mandato desde Marcelo T. de Alvear. Y arranca otro en un contexto político en el que la ciudadanía, lo que muchos interpretamos, quiere construir la posibilidad de una alternancia definitiva en la Argentina. Y tener por distintas vías una suerte de reaseguro de que no exista abuso de poder. Se abre una etapa diferente, con una bipolaridad bastante más equilibrada de lo que algunos sospechaban.

-¿CÓMO CREE QUE SE VA A CONSIDERAR CON EL TIEMPO EL GOBIERNO DE MACRI?

-Si uno lo mira con perspectiva histórica, la mayor singularidad es haber terminado el mandato y haber dejado como legado una ciudadanía que pareciera querer salir de los vaivenes más abruptos, de los fracasos recurrentes, y construir algo más equilibrado. Esa bipolaridad tiene polos heterogéneos, pero con la posibilidad cierta de construir algo más tendiendo al centro.

-EN TÉRMINOS ECONÓMICOS, ¿QUÉ HERENCIA ES MÁS COMPLICADA? ¿LA DE 2015 O LA ACTUAL?

-Las dos son muy complicadas. Hay economistas que dicen “me hubiera gustado lidiar con esta herencia y no con la otra”, y viceversa. También depende de las fortalezas relativas y las visiones de cada espacio político. Economistas más ortodoxos, neoliberales, prefieren esta herencia: tenés superávit de cuenta corriente, un mayor equilibrio primario, si te tenés fe en la negociación de la deuda te puede dar un margen de libertad, un tipo de cambio competitivo, una parte de los precios relativos ya corregida. También tenés una economía que no crece hace mucho. Yo creo que las dos son malas y que no podés abordar bien la coyuntura si no entendés el problema estructural.

-¿CUÁLES FUERON LOS PRINCIPALES ERRORES EN MATERIA ECONÓMICA?

-La subestimación de lo recibido, de la complejidad estructural de la Argentina más la herencia específica, o la sobreestimación de las propias capacidades. Y la falta de apertura para abrirse a visiones distintas. Necesitás más cabeza para entender qué pasa y más músculo para revertirlo. Me parece que hubo una dosis de soberbia no menor.

“LA MAYOR SINGULARIDAD DEL GOBIERNO DE MACRI ES TERMINAR EL MANDATO Y DEJAR UNA CIUDADANÍA QUE QUIERE SALIR DE LOS VAIVENES MÁS ABRUPTOS”

-¿CUÁNTO LO ATRIBUYE A INEPTITUD Y CUÁNTO A CUESTIONES DE VISIÓN ECONÓMICA?

-Ningún gobernante quiere tener más inflación, que haya caída del salario o la economía no crezca. El Gobierno muchas veces tuvo cepo ideológico. Hubo un montón de instrumentos que no quiso usar. De hecho los terminó usando contrarreloj y con menos efecto o con consecuencias previas más graves que si los hubiera utilizado antes.

-¿QUÉ RESCATA DEL GOBIERNO?

-Macri hizo un uso de la diplomacia presidencial en sus primeros años muy interesante. También hizo, algunos desde la realpolitik van a decir demasiado, una apuesta muy grande por un mejor federalismo. Y por la obra pública, que no se ve pero soluciona problemas estructurales.

-¿CUÁL SERÁ EL ROL DE MACRI EN LA PRÓXIMA ETAPA?

-Un ex presidente siempre tiene un peso de haber liderado un espacio durante un tiempo en una circunstancia muy particular. Ahora, creo que Juntos por el Cambio merece una reflexión mucho más profunda. Si antes de las PASO alguien hubiera dicho que la elección general terminaba 48% a 40% era un fracaso. Aquello que señalaron como el principal mal de la Argentina, identificado en la persona de Cristina Fernández de Kirchner, en el kirchnerismo, te ganó. El riesgo del populismo, de los excesos, lo volvés a tener. Que era lo principal que viniste a corregir. Esas cosas merecen una reflexión interna, como mínimo. Yo creo que es un espacio que no tiene dueño. No tenía dueños en 2015, ni en 2017, y mucho menos ahora. Eso todavía se va a marcar más a través del tiempo.

-¿CÓMO SERÁ LA DINÁMICA DE ESE ESPACIO SIN DUEÑO?

-Tener el Poder Ejecutivo es un ordenador de aquellos que prefieren estar cómodos a discutir convicciones. Tenés más poder, más recursos y es más fácil señalar el camino. Cuando no sos Gobierno, para poder generar espíritu de cuerpo, necesitás más consideración con las distintas identidades . Una discusión interna más franca.

-YA HUBO DIFERENCIAS EXPLÍCITAS SOBRE BOLIVIA Y EL PROTOCOLO DE ABORTO NO PUNIBLE. ¿HASTA QUÉ PUNTO MACRI INFLUIRÁ EN SU POSICIONAMIENTO?

-Es un espacio colectivo y tenemos en cuenta las opiniones de todos, y sobretodo de aquellos que tienen validación popular. La de Macri va a ser una más. Si cuando era presidente Emilio Monzó se animaba a discutir cuestiones de estrategia política, y pienso que tenía razón, Rogelio Frigerio, o Alfredo Cornejo planteaba el tema de las tarifas, o nosotros el rumbo económico, lo mismo pasa ahora. Diría mucho más. Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad, Pablo Javkin en Rosario. Pienso distinto del Presidente respecto de la interrupción voluntaria del embarazo, y voy a seguir pensando distinto. Y de lo que ocurre en Bolivia. Y también en materia económica. En su momento planteamos primarias y fue negado.

-¿POR QUÉ NO HUBO COMPETENCIA EN LAS PASO? ¿MACRI NO LO PERMITIÓ, EL RADICALISMO NO SE ANIMÓ?

-Para mí era importante, y lo dije en un viaje con el Presidente. Ahí manifestabas las distintas vertientes del espacio, más de derecha, más de izquierda. Y había una posibilidad de contar que el futuro iba a ser distinto del presente por la mayor discusión interna. Hubo un sector del Gobierno que decía que no se le hace una interna al Presidente, y una parte del radicalismo que estaba muy cómoda. Y que quiere seguir estando cómoda en la oposición.

-¿CÓMO SE RESUELVE ESA INTERNA EN LA UCR, QUE SE REPRODUCE EN LA DISPUTA POR LOS LUGARES DE LIDERAZGO? ¿SU INTENCIÓN ES SER JEFE DE BLOQUE DEL SENADO?

-Vamos a discutirlo colectivamente. Las principales banderas del radicalismo se las apropió la sociedad, desde ampliaciones de derechos hasta la recuperación de la democracia, y me parece muy importante un debate interno acerca de qué queremos representar, y a partir de eso cómo utilizamos los lugares institucionales. La voz de un gobernador que en Mendoza administró bien, dice las cosas y hasta es cabrón yo la quiero. Es una discusión distinta de aquellos que están contando porotos para ver si tienen un cargo.

“POR CALLARSE FRENTE A ALGUNAS COSAS SE HA PERDIDO PARTE DE LA IDENTIDAD. VAMOS A PLANTEAR QUÉ ES LO QU E QUEREMOS REPRESENTAR…”
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-DENTRO DE LA INTERNA, ¿LE MOLESTA EL RÓTULO “HOMBRE DE (ENRIQUE) NOSIGLIA”?

-No es cierto, aunque lo repiten. Juan (Nosiglia) es legislador de nuestro espacio, pero antes de conocerlo a Coti había sido asesor del presidente del Banco Central, ministro de Producción de la Provincia y ministro de Economía. Lo respeto, es una persona inteligente y con una gran experiencia. Ahora, si a esta altura si no está claro que tomo mis propias decisiones, no sé qué más hacer.

-SOBRE LO QUE VA A REPRESENTAR EL RADICALISMO, EN EL ESCENARIO DE BIPOLARIDAD DEL QUE HABLABA, EN TÉRMINOS IDEOLÓGICOS LA COALICIÓN QUEDÓ DEL LADO DE LA CENTRODERECHA. ¿CÓMO SE LLEVA CON ESO?

-Esa es una gran discusión. Mi opinión es que, por callarse frente a algunas cosas, se ha perdido parte de la identidad. Algunos de nosotros lo hemos planteado y vamos a disputar dentro de Juntos por el Cambio qué es lo que queremos representar a futuro. El lugar al que aspiramos lo llamo socialdemocracia, un espacio no populista que aborde las urgencias desde una perspectiva rigurosa, estructural, que sepa que lleva tiempo, pero que hay gente que no puede esperar. Hay muchos que estamos ahí. Hay algunos que están a nuestra derecha. Lo que a ninguno nos parece es que la solución sea el populismo. Ahora, si en Juntos por el Cambio hay cosas muy contrarias a lo que pienso, sí. Cuando veo la distribución de votos por la Educación Sexual Integral me preocupa. Cuando no se quieren dar esas discusiones me siento muy alejado. Eso mismo pasa del otro lado, con otras características.

-CRITICÓ DEL POPULISMO LAS DECISIONES DESDE EL ESTADO PARA PROVECHO INDIVIDUAL. ¿SUCEDIÓ EN ESTOS CUATRO AÑOS?

-En el populismo hay una sensación de que el Estado les pertenece. El peronismo tiene una cultura de apropiación del Estado. En estos años no he visto eso. Después, hay decisiones de este gobierno que están judicializadas y las critiqué en su momento. Como embajador escribí una nota donde critiqué lo del Correo. La clase política no puede ser percibida como sacando ventaja. Tiene que ver con la visión de qué es lo que nos viene pasando, por qué Argentina hace 50 años crece menos que el resto del mundo, tenemos siete veces más pobres y el doble de desigualdad. Uno piensa que los Estados no compiten, pero el principal costo de producción es los impuestos que pagás y lo que te dan. Para salir de eso tenés que mejorar más tu Estado más que el resto, eso quiere decir que tus políticos tienen que mejorar más que los políticos del mundo.

-PLANTEA LA NECESIDAD DE SALIR DE LA GRIETA. ¿PERCIBE ALGUNA POSIBILIDAD?

-Sí, cuando hablamos fuera de micrófono. La pregunta es si aquellos que tienen transitoriamente la batuta no se engolosinan con querer administrar el Estado para que a ellos les vaya bien. La oposición tiene que salir del populismo también. Ser populista en la oposición es no querer compartir los costos de las cosas que hay que hacer.

-¿CUÁLES SON?

-Es una cultura de la administración de lo público. ¿Somos conscientes de administramos recursos ajenos transitoriamente? ¿De que cuando lo hacemos mal no sólo te cobramos más, te damos menos y te generamos crisis sino que generamos un problema macroeconómico, nuestro Estado deja de tener capacidad de competir, la economía languidece y termina en crisis?

-¿CÓMO FUE SU EXPERIENCIA CON ALBERTO FERNÁNDEZ Y CÓMO ES LA RELACIÓN ACTUAL?

-Lo conocí cuando fui presidente del Banco Provincia, porque él había pasado por el Grupo Bapro. Después me convocaron al ministerio de Economía y tuve cuatro meses de interacción. He tenido conversación telefónica entre las PASO y las generales, pero no más que eso.

-EL PRÓXIMO GOBIERNO PREPARA UNA SUBA DE EMERGENCIA DE SALARIOS Y JUBILACIONES, ¿ES POSIBLE SIN QUE SE DILUYA CON MÁS INFLACIÓN?

-Veo mucho de eso de que “de nuestros problemas se sale creciendo”. De la tristeza se sale con alegría y de la enfermedad con salud, pero Argentina hace medio siglo que no crece. Es cierto que el consumo es la parte más grande del PBI, pero no podés crecer y ampliar tu capacidad de consumo si no exportás y no invertís. Entonces podés hacer cosas de corto plazo, que después se la fagocitan las inconsistencias. Me parece un poco ingenuo también pensar que vamos a resolver las cosas sólo con el diálogo, con un pacto.

-COMO EX EMBAJADOR, ¿CÓMO SE PERFILA LA RELACIÓN CON ESTADOS UNIDOS Y LA RENEGOCIACIÓN POR LA DEUDA?

-Es muy malo entrar a una negociación sin saber qué querés. Antes de intentar ser operador en el tablero regional, vas a tener mucha fortaleza si acomodaste las cosas en tu propia casa y eso requiere una visión bastante realista de cuáles son los obstáculos que vas a enfrentar. Con la deuda, en mi opinión, Argentina tiene un problema de solvencia, no un problema de liquidez. Hay que ver cómo te endeudás más barato y cómo crecer.

-EL CAMPO VUELVE A ESTAR ALERTA POR LAS RETENCIONES, ¿CREÉ QUE SERÍA CONVENIENTE SUBIRLAS?

-La realidad demostró que son un instrumento válido, de acuerdo a las circunstancias. A veces tenés precios internacionales altos, a veces urgencias fiscales, el propio Macri las utilizó. Es importante discutirlo con todas las sensibilidades que tenemos acumuladas, pero son una herramienta de política económica.

GENERACIÓN “SUB-50”, MÁS ALLÁ DE RADICALES Y PERONISTAS

De su paso por el ministerio de Economía quedó la imagen de la discusión con Guillermo Moreno ante las cámaras, aquel gesto de degüello del ex secretario de Comercio. Pero lo que marcó a Martín Lousteau en esa época fue la muerte de su madre, Mabel Gellon, en enero de 2008. Ella había ido a visitar familiares a Esquel, y al tiempo su tía le contó que desde aquel sitio del sur, al mirar por TV una conferencia de prensa de su hijo, había adelantado que su vínculo con el gobierno de Cristina Kirchner terminaría mal: “Se va a pelear con ellos, se va a ir”. Lousteau apenas pudo parar dos o tres días, y el duelo que casi no tuvo lugar en ese momento transcurrió después. Cuenta que todavía lo afecta que no llegara a conocer a su hijo Gaspar.

Su madre era arquitecta -retomó la carrera de más grande y Lousteau asistió a su recibida -, de familia radical y socialista. En su casa no se hablaba de política y a su padre Guillermo Lousteau Heguy, abogado, lo describe como “de derecha y conservador”, y dice no coincidir con sus posiciones. Fue Subsecretario de Turismo durante la última dictadura: “No lo comparto para nada, pero a ninguno de nosotros los hijos nos correspondía por edad discutirlo con él”.

De chico, Lousteau jugaba bastante al tenis, al terminar la secundaria hizo el curso de profesor y dio clases en el club Ciudad para tener sus primeros ingresos mientras arrancaba la carrera de Economía. También fue corresponsal de guerra en Afganistán y Pakistán, después del atentado a las Torres Gemelas, para La Razón y la revista El Planeta Urbano. Lo recuerda como una “experiencia transformadora”, que le dejó una amistad con el periodista español David Gistau, padrino de Gaspar, y Lousteau de sus tres hijos.

Como sus propios padrinos políticos menciona a Felipe Solá, que lo nombró ministro de Producción en la provincia en 2005, y a Chrystian Colombo, último jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa: “Felipe se va a enojar, pero es el menos peronista de los peronistas, y Christian el menos radical de los radicales”. En 2017 se afilió a la UCR, una decisión que decantó luego de haber competido tres veces en representación de ese espacio en la Ciudad. También para darle volumen político en un momento en que el PRO buscaba colonizar el partido en ese distrito. Se sorprende porque los correligionarios con “prosapia” todavía lo miran con distancia: le preguntan “¿por qué venís?” o comentan “éste recién está empezando”.

Con Moreno discutía “todos los días”, y Alberto Fernández fue testigo de los cruces casi hasta llegar a las trompadas. Duró cuatro meses y medio: Cristina le aceptó la renuncia a fines de abril de 2008, en medio del conflicto por las retenciones móviles que había anunciado en marzo.

Se casó con Carla Peterson en Connecticut, más de apuro que en secreto: Lousteau había ido a la Universidad de Yale y no podía contratarle un seguro de salud a su mujer, ya embarazada, si no pasaban por el registro civil. Fueron a averiguar y ese mismo día se casaron. Todavía reprocha a Clarín por un “conflicto” con su suegra: la pareja estaba en Brooklin cenando y la madre de Peterson llamó llorando cuando vio un título sobre la boda en secreto. No hubo fiesta en Buenos Aires, aunque puede suceder porque Gaspar se lo viene pidiendo. Lousteau dice que la sonrisa de un hijo es el mejor sonido del mundo.

ITINERARIO

Egresado del Nacional Buenos Aires, Lousteau es licenciado en Economía en la Universidad de San Andrés y “Master of Science in Economics” en el London School of Economics. Fue asesor de la presidencia del Banco Central y su carrera política arrancó con Felipe Solá: fue ministro de Producción bonaerense y titular del Banco Provincia. Asumió como ministro de Economía en el inicio del primer mandato de Cristina Kirchner. Fue electo diputado en 2013, candidato a jefe de Gobierno porteño en 2015, en diciembre de ese año fue designado por Mauricio Macri como embajador en Estados Unidos, en 2017 volvió a ser electo diputado y este año asumirá como senador nacional. Está casado con la actriz Carla Peterson y tiene un hijo, Gaspar. El 8 de diciembre cumplirá 49 años.

AL TOQUE

Un proyecto: consolidar una coalición plural que le dé al sistema político una alternancia definitiva.

Un desafío: que todos los jóvenes quieran hacer de Argentina su proyecto de vida.

Un líder: Raúl Alfonsín, último prohombre de nuestro país.

Un prócer: Justo Jose de Urquiza.

Un sueño: que la siguiente generación sea capaz de bajar al mundo de su actual vorágine consumista.

Un recuerdo: los taxis Siam Di Tella de mi infancia.

Una sociedad que admire: los países escandinavos, Israel.

Una comida: las buenas empanadas.

Una bebida: vino.

Un placer: las risas compartidas con Carla y nuestro hijo, Gaspar.

Un libro: “The Master and his Emissary”, de Iain McGilchrist. Si es de ficción, “Un Caballero en Moscú” de Amor Towles.

Una película: de las recientes, Acerca del tiempo.

Una serie: True Detective y Los Soprano.