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“LA TEORÍA MONETARIA MODERNA NO TIENE FUNDAMENTOS, APLICARLA EN EL PAÍS ES PELIGROSÍSIMO”

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El investigador de la USAL, Héctor Rubini, cuestiona la apuesta a la emisión que plantean en el equipo de Alberto Fernández. (Marcia Dell’Oca)

Cree que la administración de Macri debería enfrentar una investigación judicial por haber generado una nueva crisis de deuda al país.

La idea de financiar el primer año del gobierno de Alberto Fernández aumentando la emisión hasta un 45 por ciento más de la base monetaria, como reveló en exclusiva LPO, se ancla en la denominada Teoría Monetaria Moderna (MMT por sus siglas en inglés), que es postulada por algunos de los economistas que rodean al presidente electo y que tiene en Mercedes Marcó del Pont a su principal defensora.

El investigador y economista de la USAL, Héctor Rubini, analizó en diálogo con LPO los riesgos de aplicar esta teoría en la Argentina, como tiembién pregona Fernanda Vallejos, la diputada y economista que escucha Cristina Fernández. “No tiene fundamento la idea que los gobiernos pueden hacer uso de la emisión permanente para impulsar la economía y en países en estanflación como el nuestro es peligrosísimo”, señaló Rubini.

El economista de raigambre abiertamente liberal también analizó la herencia que Macri le deja a Alberto y considera que los funcionarios que gestaron la actual crisis de deuda “deberían dar explicaciones ante la justicia”.

Incluso si Alberto Fernández demora definiciones sobre su equipo económico, la falta de grados de libertad que imponen las condiciones financieras argentinas permite delinear el sentido de las primeras medidas: uno de ellos es la emisión y hay quienes respaldan esta acción desde la Teoría Monetaria Moderna como Fernanda Vallejos. ¿Por qué usted está en tajante desacuerdo?

De teoría no tiene nada, de moderna no tiene nada. Los que hablan de la MMT lo que postulan es una expansión permanente del dinero. La coyuntura y lo que muestra la realidad es que lo que demanda el sector público es financiamiento, pero es claro que va a ser una demanda de financiamiento transitoria, dos o tres trimestres, no más, y vía emisión monetaria. La llamada “Teoría Monetaria Moderna” habla de expansión monetaria permanente y que en base a eso el Estado no tiene restricción de presupuesto, eso no existe.

Me parece que hay una confusión entre los que postulan esa teoría para la realidad argentina y la realidad misma.

Y esa teoría surge en países con una estabilidad monetaria muy distinta a la nuestra. Estados Unidos sale de un colapso de precios de los activos que fue resuelto, pero no corrigió las presiones a la deflación en el mercado de bienes. Además es una economía en crecimiento y con demanda de dólares en aumento en Estados Unidos y del resto del mundo también.

Argentina está en estanflación, con baja demanda de pesos y aumento de demanda de dólares. Y expectativas de mayor inflación por lo que se insinúa del nuevo equipo económico, pero que no es irracional porque está condicionado a la herencia que va a recibir: no está concluido el ajuste de tarifas. Si van a ajustarse y va a seguir indexada la economía con un dólar relativamente estable, va a volver la presión sobre el dólar a más tardar en el segundo semestre. De una forma u otra, las familias y las empresas están con las expectativas típicas de una economía con inflación reprimida. Estados Unidos está en el escenario opuesto: ahí uno puede decir “puedo aumentar la oferta de dólares desde la Fed y no va a tener impacto inflacionario”, como no lo tuvo con tuvo con todos los programas que se aplicaron desde 2008 hasta hoy. Pero no acá.

En diciembre va a ser necesario emitir para cubrir vencimientos, pero también para atender una realidad social y empresaria. Mientras que Arcor, por poner un ejemplo, frena la producción y adelanta vacaciones porque tiene los galpones llenos de productos que no se venden, por otro lado hay muchas familias con la heladera vacía, lo que la teoría llama transacciones postergadas. ¿Es “poner plata en los bolsillos de la gente” la forma de que esos inventarios lleguen a las mesas este mes?

Una emisión transitoria sí puede servir, no tiene un efecto fundamental; pero eso no es permanente, no es lo de la Teoría Monetaria Moderna, eso es darle a la maquinita permanente, que quede claro. La emisión transitoria la estamos viendo cada año los diciembres desde 2007 hasta hoy. Siempre hay un bombazo monetario por el pago de aguinaldos, jubilaciones, etcétera.

Forzosamente tiene que haber emisión monetaria para financiar al Estado, no hay otra fuente de financiamiento. ¿La alternativa cuál es? Re-reperfilamiento de la deuda de corto plazo, default anticipado del resto de la deuda y/o postergación y suspensión de pago a proveedores. No es solución, es patear el problema para adelante y seguir sin resolver el problema de la gente que tienen necesidades insatisfechas porque quedó desocupada o ya venía desocupada. La emisión de diciembre es corregible en un semestre.

¿Puedo decir que su advertencia se resumen en que no se engolosinen con la emisión pensando en una MMT, que por un mes está bien, pero no más?

Seis. Diciembre y digamos todo el primer semestre del año que viene, donde tenemos vencimientos de deuda por 28.500 millones de dólares y la plata no está. Ni va a estar porque el Banco Central como máximo va a cerrar con 11.000 millones de dólares de reservas líquidas que no van a aumentar el año que viene, salvo que por un milagro el FMI o el Tesoro de los Estados Unidos tengan un ataque de generosidad bondadosa y nos regalen dinero.

El centro de mi advertencia es ese, que no se engolosinen, que no cometan el error de la administración que se está yendo ahora ni de los doce años de kirchnerismo de subestimar la cuestión de la demanda de dinero. Hay límites para la emisión monetaria.

Y la MMT dice que no existen límites, es una barbaridad sin base teórica ni empírica alguna. Y es peligrosísima para un país en estanflación. Si no, ¿por qué tuvimos hiperinflación? ¿por qué tenemos inflación ahora, la tercera más grande del mundo? Si no, ¿por qué tiene hiperinflación Venezuela? Negar los límites es negar la demanda de dinero, es algo que uno no se lo permite ni a un estudiante de licenciatura. Y trasladarlo a casos como Argentina o Venezuela, ya se saben los resultados.

En los años ochenta, se intentó un programa de expansión monetaria y fiscal con Bernardo Grinspun y terminamos casi en la híper con casi 30% de inflación mensual a mediados del ’85. Se puede sobrevivir, pero la economía queda maltrecha. La gente joven no lo vivió por suerte, pero los que ya lo vivimos sabemos lo feo que es eso.

El problema de la estanflación es que cae la demanda de dinero con necesidades de emisión para el financiamiento, lo que resulta en una presión estructural a la sobreoferta de dinero. En esto estructuralismo y monetarismo no son tan distintos. El espejo de eso en el mercado de bienes es que necesitás expandir la demanda, pero con la alta tasa de interés y las expectativas de inflación, también se está contrayendo la oferta. El desafío es resolver ambos a la vez.

Y el rol central lo tiene un plan coherente y creíble en el sentido de que sea sostenible y financiable en el media y largo plazo. Si no bajan las expectativas de inflación en el primer semestre, vamos a correr el riesgo de un salto inflacionario hacia fin de año o directa el 2021, que es el año crítico para la nueva administración por las elecciones legislativas. No pueden descuidarse políticamente con el tema inflacionario. Mi advertencia, guste o no, es un diagnóstico técnico: en esta situación expandir sin límites la oferta de dinero es lo menos recomendable.

¿O sea que la idea de ponerle dinero en el bolsillo a la gente tiene patas cortas?

Eso puede andar, si hacen acuerdos con las empresas y con cadenas de supermercados. Eso es un remedio transitorio. En el corto plazo uno puede evitar saqueos a los supermercados, caos social como el chileno… hasta marzo. El tema es la solución permanente, que no es un Estado deficitario que distribuya ayudas porque eso tarde o temprano termina en una híper. Lo que hace falta es un programa serio de estabilización que resuelva la cuestión de una economía que crece cada vez menos, que no crea vacantes laborales y no aumenta la productividad ni la competitividad. Las exportaciones argentinas de las últimas tres décadas fueron en dos tercios o más de bienes primarios o derivados con bajo valor agregado.

Y un programa serio de estabilización y de crecimiento con diversificación de mercados requiere de inversión y de no espantar a las empresas privadas. Es lo que se le pedía al gobierno de Macri y no lo hizo. Ahora es el desafío para Alberto Fernández.

¿Vaca Muerta es un actor preponderante de esa solución o la apuesta nuevamente a los recursos naturales en lugar de al capital humano es un espejismo?

La gran falla de Argentina es esa, la de apostar a los recursos naturales y no entender que la riqueza de los países no está ahí sino en su gente, es el problema de la llamada enfermedad holandesa, vivir solamente a expensas de las exportaciones de un recurso natural abundante y descuidar la educación, el capital institucional, el capital social. El ejemplo de manual es Japón, un país sísmico sin mayores recursos que supo ser segunda potencia mundial por muchísimos años. Vaca Muerta es un recurso muy valioso, pero no es la salvación, no compensa la necesidad de un plan de estabilización y crecimiento con mercados diversificados.

¿Y usted como liberal que habla de la necesidad de hacer un ajuste para el crecimiento sostenido no nota una contradicción en el hecho de que se haya ajustado la educación con el traspaso a las provincias o el intento de López Murphy de arancelar la universidad, lo que va en detrimento de la formación del capital humano, que es mucho más determinante del crecimiento?

Me parece que la calidad de la educación viene en franco retroceso desde antes de la vuelta de la democracia hasta hoy y eso no es un problema de izquierdas o de derechas, creo que tiene que haber un consenso respecto de cómo mejorarla en función de lo que señalen los especialistas en la materia. Hay un problema de la oferta púbica, desde luego. El menemismo transfirió la responsabilidad a las provincias de la educación, pero no los recursos, y el resultado fue el que vimos al que se le suma una desastrosa reforma educativa con la copia del polimodal español que la abandonamos en los años del kirchnerismo.

Hay un problema de magnitud del gasto, de quién lo hace y de cómo lo hace, de la eficiencia en el gasto. Es claro que hay una reforma pendiente en este punto.

Lo que puedo decir como economista es que es claro que un Estado que gasta a lo pavote sin límites y asigna mal los recursos, forzosamente en algún momento tiene que ajustarse. El problema de los ajustes recientes es que fueron siempre sobre lo más fácil: transferencias a grupos beneficiarios del sector privado que no tienen capacidad de protesta ni de hacer valer sus reclamos, básicamente los jubilados, como se vio con el gobierno actual. Recibieron mejor trato las agrupaciones piqueteras que los jubilados; los abuelos y los familiares que los cuidan y no cortan las calles que se embromen.

Lo que también es cierto es que cuando hay escasez de recursos, hay escasez de recursos y ese el mix de política que tiene que resolver el próximo gobierno para crecer sin espantar a los inversores locales y del exterior.

El ministro Lacunza dijo a este medio que la economía está en condiciones de crecer entre 3 y 4% anual, pero los privados son menos optimistas. En este contexto, ¿cómo ve usted la posibilidad de un rebote en el corte plazo?

Para crecer se necesitan ahorro e inversión y tenemos desahorro externo y desahorro público, exceso de ahorro forzado en las familias y empresas, lo que nos deja con uno de los ahorros per cápita más bajos de América Latina. Para volver a tener tasas de inversión arriba del 20% hacen falta estabilidad y horizonte, bajar la incertidumbre y que haya expectativas de rentabilidad.

Esto nos dice que tiene que bajar la tasa de interés, lo que es imposible si no ceden las expectativas de inflación; y hay que bajar impuestos, lo que es inviable si no se bajan algunos gastos. Por eso el paquete de estabilización no puede ser uno de primero estabilicemos y luego veamos en qué nichos se puede crecer, sino que ya el equipo de Alberto Fernández tiene que definir los caminos por los cuales crecer hacia el mercado interno y hacia la exportaciones. Hace meses que estamos esperando estas definiciones, pero bueno, no las tenemos.

Es lo que hay que hacer, la República Popular China lo hizo y una década y media sacó a más de 700 millones de personas de debajo de la línea de la pobreza.

Y ya que la menciona. China se ofrece como alternativa de asistencia financiera para la situación de argentina. ¿Por qué cree que más allá de cierto coqueteo, Alberto Fernández se inclina por mandarles mensajes a los bonitas? ¿Qué otros factores geopolíticos entran en juego con el financiamiento chino?

El principal problema es que uno no controla las situaciones externas. El mundo no es el mismo que cuando Hu Jintao y Kirchner firmaron las cuatro cartas de intención iniciales para el acercamiento bilateral. A diferencia de esa época y de los años de Obama, hoy China y Estados Unidos están en una guerra fría declarada comercial, tecnológica y militar.

Y Argentina, a diferencia de ese momento, no está en condiciones de repudiar toda la deuda alegremente: el núcleo de la deuda es con bonistas en su mayoría bancos y fondos de inversión de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional -donde el que puso la mayor parte de la plata fue el Tesoro de los Estados Unidos- y el gobierno de Trump no quiere saber nada con un aumento de la influencia de China en América Latina.

Argentina tiene que decidir si opta por repudiar la deuda y pasar a endeudarse con China, pero corre el riesgo de complicarse más. Es decir sumar al problema de la deuda, nueva deuda que no se sabe si podrá pagar y con China los apercibimientos por impago son otros. Por eso, la propuesta de ingresar en la franja y la ruta de la seda de República Popular China no me parece lo más adecuado.

En otros países se han visto las condicionalidades que han puesto los chinos y son bastante duras y cuando se disparan esas cláusulas afectan por más de 90 años la soberanía del país receptor de esos fondos. Estoy hablando del caso de Yibuti que no pudo pagar deuda y tuvo que aceptar la instalación de una base militar, Sri Lanka que no pudo terminar de poner el financiamiento local para un puerto debió concederle el puerto a una empresa china, que lo va a explotar por casi un siglo, Myanmar e Indonesia tuvieron que reducir la exposición a la deuda con China por las proyecciones de no poder pagarla y tener que ofrecer algo a cambio también; Tanzania, que tuvo que suspender obras ferroviarias, Bosnia Herzegovina y Montenegro también tuvieron problemas de financiamiento y las obras de infraestructura quedaron para la explotación de los chinos. Y acá ya hay un tema latente con Estados Unidos y la OTAN por esa base espacial que está en Neuquén que se sospecha que puede ser militar.

Ahora es distinto: endeudarse con los chinos y darles acceso a proyectos de energía nuclear u otros sensibles para la Casa Blanca no nos va a salir gratis. En mi opinión la alternativa china no es una solución, pero hay quienes opinan distinto.

¿Y qué ventaja entonces hay por ir por el lado tradicional del FMI y los bonistas?

No se puede hablar de ventaja. El estropicio ya está hecho y fue la errada política fiscal y monetaria de Prat Gay, Sturzenegger, Caputo y Dujovne. El resultado fue ir asustados a firmar acuerdos con el FMI que no se cumplieron.

Pero el FMI puso el dinero y Argentina se lo gastó. Y ahora tiene que devolverlo. Esa es la fase dos del problema, que no es un regalo y no sabemos cómo devolverlo. Volver a un préstamo del FMI, tal vez uno de facilidades extendidas, pero estos préstamos son a condición de reformas pro-mercado que al parecer no son las que está dispuesto a aplicar el nuevo gobierno. Se les puede pedir a Tesoros de otros países, China no es el único país del mundo que presta dinero, pero todo depende de las condiciones para su devolución.

Puertas afuera el mundo no es el mismo, se está desacelerando la economía mundial, no hay perspectivas de precios más altos para los commodities, no es tan sencillo. Y puertas adentro tenemos que rever cómo es que Macri deja una deuda inaudita. Es decir, que Argentina en un año y medio se haya gastado más de 44.000 millones de dólares no se vio nunca.

Sin embargo, Lacunza dice que el dinero del FMI fue a pagar vencimientos de deuda.

Sí, pero deuda contraída por el gobierno de Macri.

Realmente es muy difícil de aceptar que alegremente nadie haya rendido cuentas. Es un problema económico y también político. Creo que la nueva administración tiene que atacarlo con rigor, con seriedad y evaluar sí hay o no responsabilidades penales. ¿Para qué fue esa deuda? No ha habido una expansión de obras de infraestructura comparable a China o al milagro industrial brasileño de principio de los ’70. No descarto que una mala praxis semejante amerite que se den explicaciones ante la justicia… todo el proceso de endeudamiento. Por ejemplo, los colocadores de la deuda no fueron licitados.

El gobierno dice que esa deuda fue para cubrir déficits heredados.

Pero menos de un tercio. Los primeros 16.000 millones de dólares son aplicables a la herencia recibida por el tema Griesa. El resto, fue déficit de la administración Macri.

¿Qué hicieron con ese dinero antes de que les cortaran el financiamiento? ¿Controlaron el gasto público? No. Al contrario, aumentaron la cantidad de ministerios, de gasto en consultoras, en asesores que nadie sabe qué hacen. O sea, ha habido mejoras en la transparencia en la obra pública, iniciativas para algunas provincias y municipios que se tradujeron en mejoras; pero el sendero no era hacia la solvencia fiscal.

Y cuando se cortó la canilla, se pasaron al otro extremo, un sobreajuste fiscal acompañado con un brutal ajuste al sector privado. Es decir pasaron de la irresponsabilidad fiscal con financiamiento externo, a un ajuste del déficit fiscal con el credit crunch, pero convirtiéndolo en credit crunch interno. Lo advirtió Guillermo Calvo el año pasado: un ajuste así aguanta mientras haya tolerancia social al ajuste del sector privado, cuando no haya más tolerancia, el programa vuela por los aires. Y voló por los aires el 11 de agosto de este año.

Pero el estropicio ya está hecho. Por lo que una de dos: o los acreedores nos dan una mano y aceptan una quita y postergación de vencimientos; o seguiremos con un festival de endeudamiento hasta el próximo default.