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EL PRECIO DE LOS CÍTRICOS AL PRODUCTOR Y PORQUE

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En enero, la brecha de precios entre el productor y el consumidor minorista fue de 5,05 veces, pero en el caso de la naranja fue de 12,5 y en el de la pera 13,3 veces, según CAME.

En efecto, un consumidor de peras y naranjas pagó en enero trece veces más de lo que recibieron los productores de Río Negro y Entre Ríos, respectivamente, debido a un complicado proceso de intermediación del que participan hasta las barras bravas de clubes de fútbol, de acuerdo con lo expresado por directivos del sector fruticultor.

El grueso del incremento se genera en los mercados concentradores, donde la descarga “la hacen cooperativas que son manejadas por empresarios vinculados a las barras bravas de diferentes clubes y que no le dejan a uno, así sea el dueño del puesto, poner a su gente para abaratar costos”, denunció el presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FECIER), Ariel Panozzo Galmarello.

El productor de Villa del Rosario detalló cómo se forma el precio final de uno de los productos que tradicionalmente muestra la mayor brecha de precio del campo a la góndola: “En números aproximados, a un productor le está quedando de $2,50 a $ 3,00 por el kilo de naranjas. Luego viene el empaque, de ahí se carga al flete y el vendedor minorista aplica un porcentaje bastante alto y depende de la zona en que esté ubicado el comercio, pero en promedio es un 60% de lo que paga en el Mercado Central”, en el caso que esté en el Gran Buenos Aires.

Pero en la formación del precio de venta al consumidor final, también inciden los mercados concentradores, que es la etapa intermedia entre el transporte y el minorista: “estamos pagando 16 pesos por cajón”, asegura Panozzo, quien no duda en calificar como “mafioso” al comportamiento de las cooperativas en esos entes, en la medida que no permiten competencia.

Las declaraciones del presidente de FECIER al diario Infobae se dan en coincidencia con la difusión del Índice de Precios de Origen y Destino (IPOD) por parte de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en el que se reveló que en enero la brecha de los 25 productos agropecuarios que se sirven en la mesa familiar fue de 5,05 veces, un 1.2% menos que en diciembre de 2019.

Pero en dos casos extremos la diferencia de precios del campo a la góndola sobrepasó el 1.000%, como en la pera, que de un extremo a otro aumentó 13,3 veces, y la naranja, con un incremento de 12,5 veces.

De esta forma, el productor de naranjas cobró el 8% del precio que pagó por la fruta el consumidor final, en tanto el de peras tuvo una participación del 7,5%.

CAME destaca en su relevamiento que tanto la pera como la naranja “son productos de exportación” y que en el listado de mayores brechas fueron seguidos por la mandarina (6,6 veces), la manzana (6,1 veces), la zanahoria (6,1 veces) y el limón (6 veces).

En el otro extremo, los productores avícolas fueron los que tuvieron la mayor participación con el 43,8% del precio al consumidor final, a raíz de una brecha de 2,29 veces en el precio del pollo campo al comercio minorista, a su vez seguido por el huevo (2,31 veces), la frutilla (2,7 veces), la papa (3,22) y el tomate (3,23 veces).

El informe de CAME abona la caracterización de la situación que realizó Panozzo: en el caso de la naranja, el precio aumenta 5,12 veces del campo al mercado concentrador y 2,47 veces de este último al consumidor final, mientras que para la pera las brechas son de 7,12 y 1,84 veces, respectivamente.

La brecha promedio de 5,05 veces fue de 5,45 en el caso de los productos agrícolas y de 3,45 veces en el de los ganaderos, destacó CAME, que aprovechó la oportunidad para reclamar al Senado la sanción de la ley de Góndolas, que ya cuenta con la aprobación de Diputados, ya que considera que “se trata de una medida reparadora que busca fomentar la competencia y generar oportunidades para los eslabones más débiles de la cadena de comercialización, como es el caso del pequeño productor”.

De todos modos, para Panozzo el centro del problema pasa por los mercados concentradores y porque, asegura, “nadie quiere ponerle el cascabel al gato, ni en este gobierno, ni en el de (Mauricio) Macri ni en el de Cristina (Fernández de Kirchner). Denunciamos los hechos, pero nadie ha podido avanzar”.

“Uno se maneja con miedo, sabemos que no tenemos la contención de nadie y que hay que medir las palabras, porque pueden venir las represalias. Ellos no juegan, hemos pagado consecuencias caras y, para ser sinceros, hemos perdido la esperanza de que se llegue a una solución, porque sabemos que las mafias que hay adentro son muy poderosas, son barras bravas de diferentes clubes”, plantea.

Al respecto, Rafael Dalprá, otro empresario citrícola de Villa del Rosario, fue víctima de un secuestro express en septiembre de 2014, a la salida del Mercado Central, en un hecho similar al sufrido dos meses antes por Daniel Grigolatto, hermano de Dante, predecesor de Panozzo en la Presidencia de FECIER.

En cuanto a la razón por la que cree que no se arribará a una solución, Panozzo recomienda seguir la ruta del dinero. “La citricultura mueve 30 millones de cajones por año. A 16 pesos por cajón, la descarga es un negocio millonario”, sentencia.