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EL LAWFARE, LOS OPERADORES Y LA ÚNICA VERDAD: LA MÍA

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El «disciplinamiento ideológico» de la militancia se entrega en fascículos por redes sociales. Los militantes no piensan, sienten. (Coni Cherep – www.conicherep.com)

Entonces se vuelven máquinas de repetir argumentos tallados en algún «taller práctico de ideología 1», donde se aprenden palabras básicas que servirán para defender cualquier argumento que se exponga en contra de los «intereses superiores».

Lo primero que hay que saber es : «Todos los que atacan a los compañeros, son comprados». Y si se profundiza un poco desde lo terminológico, se los asciende al estado de «operadores mediáticos de los grandes grupos», y si se elige un discurso más místico y latinoamericanista, ya habrá que poner que son «cipayos», «vendepatria», en el caso de Argentina, «gorilas», y si cabe, porque siempre suma, se lo debe asociar al «Macrismo», con todas sus significancias.

No importa si lo que está diciendo es verdad. Lo que importa acá es que todos los que se ponen a opinar sobre Cristina o Alberto, automáticamente queden arrinconados en la incomodidad de la sospecha. En la sabana que los iguala a todos. Al final, Rial es lo mismo que Alconada, y Navarro es lo mismo que Cabot. La diferencia es que unos son nuestros y los otros no.

Para buena parte de la clase política, y especialmente para el Kirchnerismo, el discurso sobre el periodismo es así de lineal: todos son culpables, y no importa nada si se demuestra lo contrario. Los empleados de los diarios, no se diferencian de los diarios, y ningún periodista publica por convicciones. Siempre lo hace porque detrás de ellos hay marionetistas que les indican qué escribir, qué omitir y sobre todo, qué pensar.

La idea de que un periodista piense eso que escribe es una «ingenuidad». Todos sabemos que todos son operadores, que todos se compran y se venden. Y que no es posible que piense lo que piensa, porque nosotros sabemos cual es la verdad: que en todo lo que se dice , en todo lo que se investigó, en todo lo que se publicó, hay un sólo objetivo: perseguir políticamente a la jefa, y decir que «se robó un PBI, para castigarla por sus políticas distribucionistas».

Y entonces apareció el «Lawfare», la guerra jurídica, y esa justificación general que indica, de acuerdo a nuestras conveniencias y nuestras posiciones, que todo lo que se dice, depende de quien lo diga, en que momento, y en que circunstancias . La teoría jurídica del Lawfare, fue usada por los Norteamericanos contra la Corte Penal Internacional, por los Palestinos contra los Israelíes, y en la actualidad, se la utiliza genéricamente para sostener que la aplicación de la ley en el funcionamiento regular de los tribunales, puede convertirse en «el uso de la ley como arma de guerra.» o algunas adaptaciones aún más recientes, que hablan de «la explotación de lo real, percibido, o incluso orquestando los incidentes que se emplean como un medio no convencional de hacer frente a un poder superior».

Cómo no pueden detenernos, viene por el lado de la justicia. Y entonces, la justicia también es toda comprable y vendible, y lo que hay es una determinación de lo bueno, y una más ancha determinación de lo malo, y lo único que importa es de qué lado estás. Si estás de este lado, te podés quedar con la fábrica de billetes, podés tener un patrimonio injustificable, podés hacer negocios burdos y pornográficos con los recursos públicos, e incluso podes ser el responsable de la muerte de decenas de personas a causa de las tramas de tu corrupción, pero serás siempre inocente. Porque detrás de esas acusaciones está el «poder oscuro» de los grande intereses internacionales, y ese, es nuestro límite.

El disciplinamiento del pensamiento funciona así. Y si te corrés de esa linea que nos divide con el otro, sos el otro. Y punto. Sos el enemigo y listo. Y no hay mucho que discutir, «sabelo».

No importan los hechos. No importan las acciones. No importan las presunciones. Si querés demostrar que soy ladrón, mostrame robando. Y si me mostrás robando y contando billetes, probame que esos billetes son ilegales. Y si probás que son ilegales, no te olvides que hubo quienes se robaron más billetes que esos con el Correo, y con las privatizaciones, y con todos los negocios del Neoliberalismo. Y si, eran los mismos que ahora, pero después nos arrepentimos. Primero privatizamos YPF, y después la estatizamos. Primero privatizamos Aerolineas, después la reestatizamos. Y lo mismo hicimos con los Derechos Humanos. Primero formamos parte del gobierno que los indultó, pero después reabrimos las causas y los condenamos, y los iremos a buscar a donde sea.

No importa si Evo se llevó puesta la Constitución Boliviana. No importa si Correa lo quiso voltear a su sucesor. No importa si en Venezuela se exiliaron 6 millones de venezolanos, y por las noches los comandos motorizados de Maduro asesinan a sus familiares. No. Sólo me importa eso si los que gobiernan son los malos. Si son los buenos, ¿ Que podemos hacer? Las prioridades son las prioridades. Y siempre tendremos a mano que somos lo que Lula es en Brasil. Que al menos distribuimos. Que le pagamos al Fondo. Con eso sobra para diferenciarnos de los otros, que fueron un desastre.

El Lawfare y «el otro fue peor», son las dos cubrecamas que nos ayudan a salir de los apuros que nos imponen los operadores de medios, mentirosos, comprados y vendidos. Capaces de inventar cualquier cosa con tal de impedir que «el pueblo vuelva al gobierno». Tibios que dicen opinar, pero no opinan, y lo saben. Son voceros de los otros.

Sabelo. La historia nos absolverá.

Esta nota fue escrita, después de leer los comentarios en mi Facebook, sobre una nota en la que expreso mis opiniones sobre la indagatoria de Cristina, y el mensaje en redes, de Alberto Fernandez a Hugo Alconada Mon.

Esto es lo que dicen. Esta es la forma en la que piensan. Este es el modo que tienen para ir tallando la idea de que los periodistas no piensan, operan. De que la gente no piensa, que está operada. Para probarnos que hay una única verdad. Y que la misma se impone a los gritos y acusando al otro, sin ninguna prueba. Pero que demuestra la convicción y la fuerza que los acontecimientos políticos son lineales: que hay sólo buenos y malos, y que somos una cosa o la otra. Y que si nos atrevemos a decir otra cosa, ya elegimos. Ellos eligen en realidad. En que lugar de la historia, prefieren poner a cada uno.