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EDITORIAL

Published on octubre 23rd, 2017 | by concordia7

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UN TRIUNFO DE MEDIO TERMINO CON CAMINOS QUE SE BIFURCAN

La “ola amarilla”, esa forma gelatinosa de poner fin a una forma cuasi feudal de hacer política, no alcanza a la hora de planificar su propio destino. Llegan tiempos de mirarse en el espejo propio. (J.M.H.)

Nunca un resultado electoral demostró con tanta claridad, la necesidad de gran parte de la sociedad argentina, en todos sus sectores sociales, de plasmar el cansancio, el hartazgo, con una forma de hacer política que ya atrasa desde los 80, y solo se disimulaba bajo el poder corporativo del PJ en sectores claves para consensuar políticas de avances sociales.

El peronismo de adentro y de afuera del PJ, desde el 83, es simplemente una maquinaria de poder desde el poder, no un partido, movimiento o cultura política que se vaya adaptando a los tiempos y en consecuencia, interpretando las nuevas demandas sociales de un país rico en potencia pero empobrecido por mala praxis política.

Hoy la sociedad decidió hacerse cargo, ya que el PJ no lo hizo, de interpretar como estamos, después de 34 años de volver a la democracia, en donde el justicialismo gobernó más de 27 de esos 34 años.

En los veteranos votantes pesaron aquellos sindicalistas que le hicieron 13 paros en nombre de la deuda externa a Raúl Alfonsín, que le cuesta entregar 6 meses antes el poder pero salvar la democracia, porque el mismo sindicalismo amenazaba con paros por tiempo indeterminado si no adelantaba la entrega del poder, estaban cebados, olían cajas a tomar, aunque sea de la mano de un patilludo conservador feudal en lo político y entregado a la patria financiera desde el principio de su década noventosa.

Ese mismo donde abrevaron y aplaudieron quienes después, sin hablar de giros a la derecha sin fin, a comienzos del 2000 se disfrazaron de nac&pop dando una vuelta más de campana en sus giros ideológicos con fondo de simple color verde dólar, ese mismo dólar de la convertibilidad que inventaron por un rato y se quedó mientras el verso duró y duró más de 10 años.

Ese peronismo pejotista ya era una simple y eficaz maquinaria de poder, conformada por un mapa feudal de caudillos provinciales, que preservaban su andar camaleónico a costa de abandonar aquellas ideas que los vieron nacer.

Alguien dijo que este PJ no es ni de izquierda ni de derecha, solo son oportunistas de la caja, si hay caja a la derecha allá va, si está a la derecha también va, lo importante es la caja.

Esa “caja” que les permitiera en cualquier escenario, mantenerse en el poder, construyendo territorialidad con punteros, clientelismo, favoritismos, dealers, prebendas, corrupción, todo vale para armar y manejar territorio, dicen en el PJ.

Esa maquinaria envejeció, se transformó en un pesado carro indeseable, pero insustituible mientras siguen los mismos dirigentes que la alimentaron.

Como todo al fin termina, la gente decidió terminar con lo que el PJ no supo, no quiso o no pudo cambiar de si mismo.

Ese viejo PJ constructor de territorialidad, se encontró con un pequeño pero eficiente aparato capitalino que, en vez de construir territorialidad política, la compraba hecha, vía las novedosas redes sociales y un cuasi desaparecido radicalismo que le brindó en bandeja más de 100 años de historia, transparencia y presencia en todos los puntos del país, a cambio de migajas de acompañante indeseable si osaban abrir la boca.

Todo eso y mucho más, como llegar a una corrupción sistémica, ir por todo, cuando es ir con todos, el creer que ganar es sojuzgar, humillar, infundir miedo, sin entender que en política solo se gana desde el convencimiento, el respeto ganado y la transparencia y humildad demostrada.

Todo eso y más barrió la “ola amarilla”, los argentinos ahora, con su voto, la ponen a ella, frente a su propio espejo, a gestionar sin culpar a otros, sin inflar adversarios en retirada para frenar nuevos liderazgos posibles, a demostrar que son amplios, participativos, inclusivos, federales, para sacar un país que solo tiene esperanza y una puerta que cerró.

Que la ola no se convenza de que solo se trata de buen marketing para ganar elecciones, porque si eso ocurre, seguramente la sociedad, nuevamente acorralada, volverá a elegir, por aquellos que supo sacar a puro voto castigo, sin pensar mucho lo que aún queda por delante.


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