UCR: DE RAÚL ALFONSÍN EN PARQUE NORTE, AL «ABRAZO» CON LA CORRUPCIÓN PERSONALIZADA

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El 1° de diciembre de 1985, en Parque Norte, se sentaban las bases para otros 100 años del centenario partido. Raúl Alfonsín, en lo que se conoce como “discurso de Parque Norte”, lo propone al comité nacional de la UCR, que deliberaba en el lugar que dio nombre a la alocución. De aquél momento, al «abrazo» FRIGERIO – ROSSI. (J.M.H.)

La propuesta de Alfonsín, como bien señala el radical Ricardo Campero, constaba de tres líneas centrales: “El lado institucional promovía una participación más directa del ciudadano en la vida política y mayor ingerencia de los partidos políticos.

El segundo tenía como fin una ética de la solidaridad en beneficio de los más desprotegidos.

El costado económico apuntaba a la modernidad cuyo valor estribaba que era funcional, como tercer lado, a los dos lados anteriores”.

Para los radicales fue un hito central, y muchos lo consideran un verdadero mapa de la democracia futura: En sus palabras, Alfonsín dejó bien en claro qué debe entenderse por democracia. No la dictadura de las mayorías, sino un sistema caracterizado por el pluralismo, el reconocimiento del otro, la capacidad para aceptar las diversidades y discrepancias.

Pasaron casi 33 años de aquella histórica exposición, todo indica que la mayoría de la UCR, en la personificación de sus máximos exponentes nacionales y provinciales, solo se acuerdan de aquella pieza fundamental, en forma mezquina, para avalar intereses personales, sacando de contexto la verdadera interpretación alfonsinista.

La prueba palmaria de este razonamiento se acaba de patentizar en el nefasto abrazo de recibimiento del todoterreno y poco apegado a las conductas de ética política, Rogelio Frigerio, con uno de los máximos exponentes de la corrupción política en la provincia, el intendente electo y ex vicegobernador Domingo Daniel “Dani” Rossi.

Pasaron algunos días ya de el nefasto hecho, todos esperando reacciones institucionales partidarias en cadena, desde cada una de las casas radicales a lo largo y ancho de la provincia, nada de eso pasa, salvo honrosas voces individuales que se alzan repudiando una imagen nunca imaginada.

La UCR ingresó a Cambiemos y ahora Juntos por el Cambio, ya resignando espacios y banderas fundacionales de su ideario, pero se mantenía aquello de ir por la «nueva política», como contraposición a 12 años de vaciamiento del estado, con mecanismos corruptos evidentes al día de hoy. Rossi en eso fue un adelantado, ya en los finales de los 80 y principios de los 90, llevaba adelante en su propio beneficio, el despojo de fondos del estado provincial, lo que lo transformaron en la flor y nata de la corporización simbólica de la corrupción política en Entre Ríos.

Solo queda ahora para dilucidar, cual será la reacción, si es que en algún momento la tienen, de aquellos candidatos de origen radical que acompañan con su nombre y postulación, la incorporación de la corrupción juzgada y sentenciada, sentandose a la misma mesa de esta rara «nueva política», ¿se harán los tontos?, ¿miraran para otro lado?, ¿o por el contrario, retirarán su nombre ante el hecho consumado, de toda lista que abraza a semejante exponente?.

El radicalismo más que reacciones ante los avasallamientos constantes del PRO, tiene espasmos, esos espasmos que preanuncian mas un final trágico que un renacer lejano.

Sería bueno que todos aquellos radicales «boinas amarillas», atados a cargos coyunturales a modo de acompañamiento acrítico de un PRO desmadrado en sus conductas con tal de ganar una elección, repasen aquel discurso fundacional de la nueva UCR, y si les falta tiempo, en pos de una campaña que los tiene como adornos secundarios de un proyecto antagónico con la historia partidaria, por lo menos en cuanto a conductas, ética y transparencia institucional, acá va algo a modo de ayuda.

LOS EJES FUNDAMENTALES DEL DISCURSO DE PARQUE NORTE
(RAUL ALFONSÍN, 1° de diciembre de 1985)

El análisis que se hace del discurso de Parque Norte requiere de entrada la explicitación de nuestra coincidencia básica con los grandes objetivos que allí se proponen:

modernización social, justicia distributiva, ética de la solidaridad, democracia participativa.

Estas son algunas de las metas globales que hoy día se plantea la gran mayoría de las fuerzas progresistas.

Las propuestas formuladas por el presidente Raúl Alfonsín se inscriben en una matriz de pensamiento reformista y transformadora. Las diferencias de criterio y las discrepancias puntuales en relación a los contenidos concretos de esas enunciaciones, no empañan el hecho categórico, y harto infrecuente en la política argentina, de un llamamiento presidencial destinado a discutir y a poner en marcha un ambicioso programa de transformaciones sociales.

Muchas de las cosas que allí se dicen reflejan con inteligencia los resultados de largos años de controversias en el seno de las fuerzas democráticas argentinas. Por eso nadie puede negar que el mensaje instalaba el debate político de nuestro país en un nivel cualitativamente superior y distinto a todo lo que hemos conocido en largos años.

La trascendencia del mensaje se apoya en los cambios concretos e innegables que el régimen democrático produjo en la vida política nacional. No se trata, por lo tanto, de la retórica hueca de un gobernante anodino, sino de una invitación a un diálogo formulado por el jefe de un gobierno que ha garantizado el ejercicio irrestricto de todas las libertades en un grado sin precedentes en nuestra historia. Tan sólo eso sería suficiente para tomar este discurso muy en serio, y también para criticarlo a conciencia, leal y rigurosamente.

Aquel discurso se enmarcaba en una premisa de gobierno muy clara: O se opta por la consolidación democrática, lo que significa la puesta en marcha de una amplia política de alianzas sociales con el conjunto de las clases y capas populares; o se elige el camino de la disciplina económica y el cumplimiento de las obligaciones externas, en cuyo caso la transición democrática se verá casi irremediablemente condenada al fracaso. Las opciones suponen la subordinación jerárquica de las alternativas: priorizar la fundación de un orden democrático significa asumir un compromiso consciente -que incluye tanto al gobierno como a la oposición política y a todo el conjunto de la sociedad civil- de redefinir las políticas gubernamentales a partir de su eventual impacto sobre el proceso de consolidación de la democracia. Si, por el contrario, lo que se escoge es la supremacía de la economía, haciendo lugar a las múltiples y poderosas presiones domésticas e internacionales que empujan en esa dirección, entonces el resultado, no deseado pero real, será el sacrificio de la democracia.

Lo que aquí se estaba proponiendo era, nada menos, que la construcción de una «sociedad diferente» (Alfonsín, 1985, p. 14). Si tentativas anteriores de cambio de la estructura social y económica fueron concebidas e implementadas al margen de la participación ciudadana, el proyecto modernizador tiene que apoyarse en la iniciativa del conjunto de la sociedad. Dejando de lado los aspectos más polémicos, que son accesorios, acerca del grado de elitismo y de autoconciencia de anteriores proyectos modernizadores como el roquismo, el yrigoyenismo y el peronismo, parece claro que la propuesta del presidente Alfonsín apuntaba hacia la elaboración de una sociedad de nuevo tipo.

El mensaje de Parque Norte supone que un tránsito histórico, de un tipo de sociedad a otra, podrá hacerse en una sociedad como ésta, una Argentina desgarrada por la violencia y envenenada por una prolongada socialización autoritaria que arranca desde 1930, sin traumas ni convulsiones. Más específicamente, el discurso se asienta sobre las siguientes premisas:

I) que ya se ha producido en la Argentina una radical mutación de valores, una verdadera revolución en nuestra cultura política cuyos resultados se expresan en la primacía del pluralismo, la tolerancia y la racionalidad;

II) que, dado lo anterior, una gran mayoría podrá alinearse consensualmente en pos de un objetivo nacional que unifique, por encima de intereses y valores contrapuestos, las aspiraciones de una amplia alianza de clases y sectores sociales;

III) que los actores sociales que no se suman a esta empresa patriótica no opondrán resistencia al proyecto de transformación, concediendo una suerte de tácita aprobación para que éste se desenvuelva sin traumas ni sobresaltos.

Ante los que quieren el capitalismo, aunque para ello deban sacrificar la ética democrática, el discurso de Parque Norte hace de ésta la palanca fundamental para lanzar un proceso de reforma social.

Quien desconozca en su historia, la centralidad de valores y planificación de una democracia participativa, inclusiva y con ética solidaria, que plasmó Raúl Alfonsín en aquel discurso fundacional, puede correr tranquilo junto a Rogelio frigerio y el PRO, estrechandose en un «fraternal abrazo» con quien representa la imagen misma de la corrupción en política en la provincia de Entre Ríos.

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