SAN CARLOS: LA «SEGURIDAD» CON OLOR A ENCIERRO

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Está aprobada la primera etapa de la obra con un desembolso aproximado de 2 millones de pesos desde la Provincia. Pretenden mejor control. Concordia, una ciudad que no fija prioridades. (JMH)

Días pasados se dio a conocer que está aprobada la primera etapa del cerramiento del Parque Rivadavia. El predio de 80 hectáreas, considerado una de las reservas naturales de la costa del río Uruguay, ha sido lugar de diversos hechos vandálicos en el último tiempo y se estima que de esta manera habrá un mejor control.

Nadie explica porque la «teoría» del cerramiento de semejante superficie es la solución a hechos reprobables, pero aislados y controlables con un buen funcionamiento del estado en dicha área.

El monto de la obra, no solo marca las dimensiones de la misma, sino que además deja un claro mensaje desde el poder político local y provincial, de cuales son sus prioridades en tiempos de crisis. Más allá de las explicaciones técnicas de la decisión, limitadas por cierto, ya que no amplía como se realizará el cerramiento en zona de costa y humedales existentes, ni posibles daños sobre la selva en galería, comienzan a correr especulaciones, sobre posibles negocios detrás de la medida.

El director del parque, Maximiliano Benedetto, un apellido coincidente en esferas provinciales como locales, precisó: “Hace bastante tiempo que venimos trabajando en un proyecto sobre el cerramiento del parque San Carlos con el objetivo y el fin de que disminuyan los hechos vandálicos, que tengamos un mejor control y que sea a futuro un sitio de paseo peatonal de los concordienses y los turistas. Nunca con la idea de tenerlo cerrado y abierto a la gente, es para tener un mejor control. Además queremos que se revalorice el parque, como en su momento se hizo lo mismo con el castillo, el cual tiene un costo elevado de mantenimiento. Al principio tuvimos quejas, pero después los concordienses entendieron”.

El director, no aclara con quienes «venimos trabajando», no hace referencia a cuestiones ambientales, colegios de profesionales ni organismos de seguridad, algo indispensable a la hora de planificar una obra de semejante magnitud e impacto.

Para transformar el parque en paseo peatonal, no hay manual que indique una obra invasiva de esas características, la delimitación natural del parque permiten analizar medidas alternativas si ese es el solo fin de la obra, lo mismo pasa con la seguridad, las tendencias mundiales marcan exactamente el rumbo contrario en ambos temas.

Finalmente, se terminará poniendo límites artificiales en un parque y reserva natural de carácter provincial según la legislación vigente sobre el predio, cuando se debería estar pensando, planificando y proyectando la extensión del mismo sobre toda la zona del campo de polo, su continuación por la costa hasta el pie de la represa, resguardando lo poco que queda de selva en galería, de manera de lograr el nivel de parque nacional con la incorporación de dicha superficie abandonada.

Esa vieja pero innovadora idea que da vueltas hace más de 15 años, con aprobaciones parciales en el HCD, de interés provincial en su momento, en la cual se lograría tener el primer parque nacional de selva en galería del país.

Lo más fácil es cerrar, lo más caro es delimitar, pero lo más perdurable es abrir, no solo los espacios verdes, sino y sobre todo, las cabezas limitadas a poner rejas a base de plata y sin generación de ideas acordes con nuestros tiempos y lo que la preservación del medio ambiente requiere.

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