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Published on junio 26th, 2018 | by concordia7

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“QUIERO CREER EN LO INCREIBLE”

La literatura y el futbol se cruzan sistemáticamente, algunos autores desde lo explícito, como Fontanarrosa, Galeano, Soriano y muchos etc más. También están aquellos que lo hacen implícitamente, o mejor dicho, nosotros, como lectores, aplicamos esos textos al futbol. (J.M.H.)

Eso es precisamente lo que me pasa en estos momentos al releer textos literarios, cuentos cortos que me ayuden a matar tanta ansiedad y angustia futbolera, como si cada renglón me dijera que es solo futbol, mintiéndome a mí mismo durante unos instantes mientras miro de reojo la tv buscando alguna noticia que me permita ser más optimista que la simple expresión de milagro.

Las diez menos diez de la mañana, cinco horas, diez minutos, para que la bola ruede en el lugar en donde solo quedan once contra once, buscando llevar el preciado tesoro redondo al fondo del arco de la derrota rival, en este preciso momento camino del comedor al dormitorio, el tipo está ahí, justo ahí!!! mirándome fijo, pidiéndome que lo lea, es el destino digo yo, luego de ver el título en su vieja tapa de la edición de 1974.

Fondo amarillo, como las tarjetas pienso, pisadas negras, como la situación, vuelvo a relacionar, título en rojo, mas tarjetas repito, no hay caso, todos los caminos conducen al futbol me resigno, y tomo casi con rabia el libro buscando una explicación a tanta mala racha, ¿solo mala racha? futbolera.

“FINAL DE JUEGO” por Julio Cortázar, si… ¡¡¡podes creer!!!, con ese libro, con ese nombre, con letras rojas!!!, nada más premonitorio, nada más coincidente, nada más cabulero que me pase esto, en el instante en que casi comienzo a enloquecer por el lento devenir de sufrimientos en cómodas cuotas durante noventa minutos.

“FINAL DE JUEGO” son 18 pequeños grandes cuentos del gran Julio, el primero es “continuidad de los parques”, leo, releo esas dos páginas, nada que se relacione al futbol, salvo alguna interpretación de algo así como que los caminos se bifurcan, pero hasta para mí en estado de pelota de nervios permanentes, me parece rebuscado, lo desecho, me voy al otro, al segundo, como si fuese el segundo tiempo, donde todo se define.

“NO SE CULPE A NADIE” dice el título de esas seis páginas, ¿como?, ¿que me quiere decir?… ¿que no hay culpables?, si los hay, pero ya será momento de ponerlos en evidencia, ahora no, ahora ganemos, ahora juntos, vos, yo, el soñador, el oportunista, el ventajero, todos, después arreglaremos cuentas con el que sea.

“NO SE CULPE A NADIE” es una brillante descripción: Un hombre tiene prisa porque tiene que ir a encontrarse con su esposa para comprar un regalo de bodas. Se pone el pulóver azul, pero no encuentra la manera de ponerse las mangas; además, está desorientado porque su cara está aprisionada en el pulóver. Poco a poco, la impaciencia se vuelve angustia, a medida que la tela del pulóver lo deja sin aire y ya no sabe cómo ponérselo ni quitárselo. Después, cuando logra en un momento sacar la mano de su pulóver azul, observa que su mano cambia y se encuentra con un aspecto extraño: la mano trataba de matarlo. Al final de la historia, se enrolla en su pulóver y cae desde el piso doce.

Ya no dudo más, me está diciendo Julio que los argentinos hacemos imposible las cosas simples, como la de ponerse un pulover, encima azul, como la camiseta alternativa!!!, ganarle a Nigeria será como ponerse el bendito pulover azul?, por si fuera poco, el simple acto de ponerse un pulover..azul!!!..termina mal, el tipo se cae de un piso doce!!!.

El protagonista de este cuento sufre una metamorfosis parcial de su cuerpo debido a un trastorno de la personalidad. ya está, no vale la pena seguir, el mismo trastorno que cubre a toda la delegación argentina!!!..porque solo creyéndonos pitufos podemos jugar tan mal teniendo tanto talento.

Son las once menos cuarto, faltan cuatro horas y quince minutos, tomé dos decisiones trascendentales del momento.

Primero, desestimar al gran Julio por su misma personalidad y gustos, ya que siempre demostró falta de interés por los deportes colectivos, al considerar que en ellos se diluía la responsabilidad de los actos individuales. Razón por la que en diversas entrevistas declaró su menor interés por el béisbol, el rugby y el fútbol, aunque se declaró hincha de Banfield, y centró su preferencia por deportes que enfrentaban dos destinos individuales el uno contra el otro, caso del tenis y el boxeo. Listo, y con respeto maestro, si ama lo individual, asociarlo con el futbol, la selección y el mundial, es locura mía ya que mas que nunca necesitamos ser un equipo, aunque me salve una individualidad, acompañada de diez “normales”, mirando la genialidad salvadora.

Segundo y último acto a cuatro horas del final de las palabras: ni loco me pongo pulover alguno, ¡¡¡mucho menos azul!!!, a ver si quedo atrapado entre sus mangas y no puedo ni prender la tele, prefiero esperar en remera, o mejor aún, en camisetilla y sin mangas!!!, después de todo, los 5 grados de temperatura ambiente se compensan con la calentura acumulada de los dos partidos anteriores, además necesitamos “sangre caliente”.

Perdón Julio por meterlo en estas cosas de mundo futbolero, de hincha irremediable, de un argentino que solo busca en once pibes, ahogar tanta pena cotidiana con alguna filigrana en el verde césped, como diría cualquier relator de su época, que por un instante me traslada a Rusia, al sueño, a la imagen de que a pesar de todo, se puede y se debe seguir soñando con los “imposibles”, aunque después arregle cuentas con tanto responsable de semejante descalabro del deporte más lindo del planeta.

 

 


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