MILITARES VENEZOLANOS: NEGOCIOS Y PODER POLÍTICO A CAMBIO DE PROTEGER A MADURO

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Los uniformados venezolanos controlan puertos, aeropuertos, la estatal petrolera, la distribución de comida y medicinas, la compra de armas a Rusia, China e Irán y los yacimientos de diamantes, oro coltán, hierro y aluminio.

«El poder militar habló”, dijo Nicolás Maduro el 24 de enero ante toda la cúpula chavista en el poder, al defender su mandato iniciado el 10 de enero tras una elección de la que fueron proscritos los principales partidos y líderes opositores. Antes y durante la elección del 20 de mayo de 2018, periodistas, ONG’s y políticos constataron el público ventajismo chavista: compra de votos; ataques a opositores, campaña en centros de votación, y una abstención histórica.

Esa elección fue convocada por una Asamblea Constituyente creada por Maduro para sustituir al Parlamento y gobernar con poderes supremos “originarios y plenipotenciarios”.

El legislativo había sido conquistado por la oposición en diciembre de 2015, y poco después sus funciones fueron anuladas de forma gradual a través de la Corte Suprema y de la constituyente.

El Tribunal está formado también por militantes y ex diputados del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela. Su Sala Constitucional se erige como máxima intérprete de la Constitución y las leyes. Esta es la trinchera legalista tejida por el chavismo para mandar sobre el deseo de millones de venezolanos sumidos en la peor tragedia social en 150 años, desde la Guerra Federal.

El poder chavista se sostiene sobre las muertes diarias de niños y adultos por falta de medicinas, el hambre crónica, migración masiva, criminalidad desbordada, colapso de servicios de agua, luz y gas, hiperinflación y la peor depresión económica en la historia americana. ¿Cómo se sostiene en el poder con este récord y con el rechazo del 80% de la población?

Maduro tiene el claro respaldo público de los jefes militares. Para apagar rumores de una fractura interna, y de una guerra inminente, generales y almirantes aparecieron en la TV estatal con sus mejores galas, y desarmados. Lo hicieron un día después que el diputado Juan Guaidó se juramentara ante una multitud en las calles de Caracas como “presidente interino” y recibiera el claro apoyo de las potencias de América y Europa.

El respaldo armado de Maduro es el verdadero poder. Los militares controlan a Petróleos de Venezuela, la distribución de comida y medicinas; los puertos, aeropuertos y yacimientos de oro, diamantes, coltán, hierro y aluminio. También tienen medio sistema financiero, los impuestos, negocios agrícolas, de construcción, parte del servicio exterior y, la compra de armas a Rusia, China e Irán. Esos negocios se camuflan con la retórica patriotera y de soberanía.

Además, dominan el orden público, sofocan a sangre y fuego las protestas, enjuician a disidentes y aplican cargos de traición a la patria y terrorismo. ¿Es posible entonces que Guaidó dirija el último tren hacia un cambio histórico?

El viernes pasado, 48 horas después de su juramento, reapareció en público, en una placita de Chacao, este de Caracas. Atendió a periodistas y demandó “cese a la usurpación de la presidencia por Maduro, un gobierno de transición y elecciones libres”.

En un país con el peor internet de América, sin medios de prensa, radios ni TV, pidió a sus seguidores descargar de la Red una Ley de Amnistía aprobada por el Parlamento, imprimirla, y difundirla entre los militares. Los uniformados han sido el blanco de su discurso, porque Guaidó también tiene claro que ellos son el sustento de Maduro, además de Moscú, Teherán, Estambul y Pekín, claro.

Hasta ese viernes, no había aparecido ningún uniformado a capturar al diputado.

Omar Lugo. Director del portal venezolano El Estímulo. Especial para Clarín

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