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Published on septiembre 24th, 2017 | by concordia7

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MEXICO: “LOS EDIFICIOS NUEVOS SE CAEN PORQUE PRIMA LA CORRUPCIÓN”

La reconocida escritora mexicana, Elena Poniatowska, cubrió en 1985 el terremoto que destruyó a la capital. Afirma que, como entonces, son los más pobres los más afectados.

Elena Poniatowska: "Los edificios nuevos se caen porque prima la corrupción"

Elena Poniatowska tenía 53 años el 19 de septiembre de 1985, cuando el terremoto del que este martes se cumplían 32 años devastó la Ciudad de México dejando unos 10 mil muertos y otras 250 mil personas sin hogar. Con el también escritor mexicano Carlos Monsiváis (1938-2010), Poniatowska trabajó entonces entrevistando a los damnificados junto a sus edificios siniestrados, una experiencia que la marcó y que se convirtió luego en “Nada, nadie. Las voces del temblor”, uno de los más de 40 libros de la obra por la que en 2013 recibió el premio Cervantes en Madrid.

En su casa de la zona sur de la iudad de México, Poniatowska dijo durante una entrevista con Clarín que los temblores por su área normalmente “se sienten poco” pero que el de este martes, que la agarró en la calle frente a su casa, “se sintió fuertísimo”.

-Además de la fecha, ¿qué cosas en común han tenido los dos terremotos?

-Son siempre los más pobres los que la llevan peor. Así como la vida los trata mal, el terremoto se ensaña contra ellos porque sus viviendas son muy endebles. En 1985 se hizo una nueva ley de construcción, porque los edificios gubernamentales, las maternidades, los hospitales jamás deberían caerse. Deberían tener reglas muy estrictas de construcción, como debió haber tenido esta escuela (Enrique) Rébsamen que no se tenía que haber caído. Se creyó que después de aquella tragedia habría reglas de construcción muy buenas y aún así se han caído muchos edificios construidos después de 1985.

-¿Por qué?

-En una ciudad como la nuestra que es demasiado enorme, siempre lo que prima es la corrupción. Hace años no se pensó en fortalecer ciudades de provincia, no se hizo por ejemplo un enorme puerto, y entonces toda la gente se viene a la Ciudad de México a vivir, que cada vez se vuelve más riesgosa.

– Ha sido sorprendente el despliegue voluntario en este terremoto…

– Sí, porque los jóvenes son muy generosos. Van a las ferreterías, compran casco y pala y se van a los lugares a sacar escombros durante horas y horas bajo el sol y luego pues la gente, sus familiares, pero también otras gentes, les hacen comidas, les llevan no sólo sandwiches sino que hacen de veras arroz y comidas para que ellos coman y vuelvan a subir a las montañas de escombros.

-¿Esta solidaridad es visible sólo en los terremotos?

– Como ejemplo, en México, en los transportes públicos no se ve tanto a hombres que se levanten cuando entra una mujer de edad o una mujer embarazada para cederle el lugar, aunque ya es más común y corriente que se haga. Pero en general la gente pasa una al lado de la otra sin verse, sin reconocerse, sin hablarse, porque hay también una gran timidez. Las clases sociales están sumamente separadas. Hay un abismo enorme en México entre una clase social y otra. En este caso siempre son los jóvenes, los universitarios, los que salen a la calle y empiezan a trabajar.

-¿Cómo están los lugares afectados fuera de Ciudad de México?

-Lo que importaría sería repartir todo. Parece que Jojutla está en el suelo totalmente. También un lugar cerca de aquí, en Xochimilco, San Gregorio. Parece que lo que hay que hacer es de veras mandar a los lugares más necesitados, porque todo se concentra siempre en el Distrito Federal. Incluso hay mensajes de que ya no manden, de que hay demasiadas botellas de agua en los centros de acopio, pero hay lugares donde no hay nada. Yo no sé que mexicanos han ido a Jojutla a ver qué está pasando.

– ¿Por qué?

-Es que siempre todo se concentra en la capital. Yo recuerdo que en 1985 los de la provincia decían ‘qué bueno que les pase eso a esos pinches chilangos que se quedan con todo, que se quedan con toda la comida, con los grandes mercados, con todo’.

-Dicen que el terremoto de 1985 contribuyó al fortalecimiento de la sociedad civil, ¿este podría tener un efecto similar?

-Se dice que no se va a gastar tanto dinero en política. Que del dinero para la campaña de ahora, de 2018, se va a destinar el 50% o no sé qué porcentaje a la reconstrucción y a ayudar a los damnificados. Ojalá sea cierto. Pero yo creo que se tendría que hacer a través de una instancia internacional para asegurar la transparencia.

– Sin un organismo internacional, ¿no es posible hacerlo bien?

– Hay mucha desconfianza. Hay que tener la humildad de aceptar que una instancia internacional sea la que rija todo. A mí si me piden que manejara dinero, yo como particular preferiría hacerlo con alguien que sabe hacerlo mejor, ¿no?

-¿Cree que puede usarse políticamente el terremoto?

– Yo no tengo mentalidad política y no tengo la menor idea de cómo se podría hacer. No sé. Supongo que lo que hay finalmente en un terremoto como este, al igual que lo hubo en 1985, es una condena absoluta al partido oficial, al PRI. Para nosotros tiene el significado de la corrupción porque para un mexicano entrar a la política y llegar a un puesto importante significa enriquecimiento personal.

– Mientras se habla del terremoto no se habla de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, entre otros problemas del país…

– En México se le apuesta siempre al olvido. Se apuesta al olvido de Ayotzinapa, de las matanzas en las que sí, absolutamente, hay un responsable humano. El terremoto no se puede culpabilizar a una persona en particular pero en esas matanzas y desapariciones sí. En el caso de Ayotzinapa el culpable obviamente es el gobierno. La apuesta grande del gobierno ante masacres como la de Ayotzinapa de los 43 estudiantes es el olvido. Que los padres se cansen, que se conformen.

-¿El gobierno puede lograr ese olvido?

-Yo creo que no es el gobierno el que actúa ahí. Es el tiempo.


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