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Published on octubre 11th, 2018 | by concordia7

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LOS SUEÑOS DE LA CORRUPCIÓN ENGENDRAN BOLSONAROS

Los contratos de la Legislatura y el robo naturalizado. -Antonio Tardelli-

Los dineros que se roban los corruptos, se alega, son los que luego escasean en los hospitales y en las escuelas.

Hay quienes van más lejos: los desfalcos que deterioran la infraestructura y provocan por ejemplo catástrofes ferroviarias confirman la idea de que, literalmente, la corrupción mata.

Es el modo de deplorar la indecencia gubernamental, que en verdad representa un mal en sí mismo, por los daños que ocasiona. Pero si de eso se trata, de examinar el fenómeno desde el punto de vista de sus efectos, el último domingo deparó un ejemplo continental: la podredumbre de los sistemas políticos engendra monstruos autoritarios. A cincuenta millones de brasileños les resulta encantador que los gobierne un sujeto tan primitivo como Jair Bolsonaro.

La corrupción imperante en Brasil no explica de manera excluyente la victoria del candidato del Partido Social Liberal (PSL). Pero es imposible comprenderla si se prescinde de ella. Y de los comportamientos que echa a rodar.

Aunque no lo sea, Bolsonaro capitalizó su aureola de antisistema y a un paso del gobierno representa una amenaza palpable para las libertades civiles. Racista, sexista y homofóbico, expresa una variante política indisimuladamente reaccionaria. Sus exabruptos no le restaron votos: fueron, antes bien, la razón de su victoria. Así pues, en orden al razonamiento consecuencialista, no sólo hay que contabilizar vidas y edificios al momento de subrayar el debe de la corrupción.

No se trata de jugar a los determinismos pero en el plano de las causas y los efectos, de las acciones y las reacciones, es preciso identificar el riesgo que la corrupción representa para la vigencia de las libertades públicas.

El proceso político brasileño, que en las últimas décadas tuvo como protagonista central al progresista Partido de los Trabajadores (PT) y su construcción tan esforzada como decepcionante, encuentra su desenlace por vía de un furibundo derechazo. Toda analogía puede lucir forzada mas es prudente detenerse a reflexionar, si no desde la ética de las convicciones al menos desde la ética de la responsabilidad, en los efectos de naturalizar e incluso justificar la corrupción.


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