LEVY YEYATI: “LA ECONOMÍA REAL HOY ES REHÉN DE LOS FACTORES FINANCIEROS”

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“El Catch-22 es un dilema paradójico”, dice Eduardo Levy Yeyati. Lo presentó en sociedad Joseph Keller en una novela de 1961. Si bien no hablaba de Argentina, el FMI ni los acreedores privados, ese dilema calza de modo póstumo para explicar el atolladero financiero actual. (Alejandro Radonjic)

“Keller cuenta la situación de un piloto de avión en la Guerra de Corea que quiere dejar de ir en misiones suicidas y el reglamento pide que solo podés dejar de ir si estás loco, pero si pedís dejar de ir por tu seguridad personal estás demostrando que estás sano. O sea, para evitar ir al punto A tenés que ir al punto B, pero el B conduce al A”, describe Levy Yeyati.

¿Cómo se relaciona esto con la situación de Argentina hoy? Vemos. «Es probable que el FMI pida una quita, y considerable, en el valor presente de la deuda con acreedores privados. Por un lado, el FMI tiene todos los incentivos para garantizar la sostenibilidad de la deuda y eso se logra con un alivio de la misma y, por el otro, porque, para presentar un nuevo programa en el Board, van a exigir que Argentina esté en condiciones de pagarle, entre otros, al propio FMI”, dice Levy Yeyati.

“Si bien el riesgo crediticio del FMI es bajo y siempre cobra, siempre hay algún holandés o alemán en el Board que pide un reaseguro antes de avanzar hacia un nuevo programa, como el Extended Fund Facility”, dice. El EFF tiene como objetivo, precisamente, reperfilar la deuda con el organismo.

“Ese prerrequisito del FMI dificultará una negociación rápida de Argentina con sus acreedores privados”, dice Levy Yeyati. “Una negociación que podría llevar seis meses podría empantanarse si el Gobierno negocia a dos bandas y los acreedores miran esos prerrequisitos del FMI”, agrega.

“Algunos de los grandes acreedores manifestaron sus dudas en sentarse a negociar con un país que no tiene un horizonte certificado o monitoreado por el FMI. Por eso, están diciendo que ven difícil cerrar un acuerdo sin ese horizonte certificado por el FMI. Ahí está la paradoja. Si bien esos acreedores quieren resolver esto de manera rápida y amistosa, exigen la participación del FMI y éste exige que ellos cobren menos”, explica.

La salida menos traumática del Catch-22 sería que el FMI entendiera que el problema fundamental del endeudamiento de Argentina es más el denominador (el PIB en dólares) que el numerador (lo que hay que pagar). “Si renegociamos con los acreedores durante todo 2020 y logramos bajar el numerador, vamos a perderlo ‘por abajo’ porque el PIB en dólares va a seguir en caída. Por eso, sería interesante que el Gobierno negocie con los privados algún preacuerdo antes de sentarse en la mesa con el FMI. El timing es difícil. Habría que arrancar rápido, consensuar con la mayor cantidad de bonistas posibles, y negociar luego con el FMI. Una negociación rápida sería ideal, aunque hoy sea improbable”, dice Levy Yeyati.

“La economía real hoy es rehén de los factores financieros”, dice Levy Yeyati. “Si no resolvemos esa situación, la economía va a seguir cayendo. Hay que resolver la situación financiera de modo urgente para empezar a reparar la economía real, cuanto menos, hacia fines de 2020”, concluye.

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