LA «ULTIMA» GIRA DEL GRAN GOAO GILBERTO

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DICEN DEL MÚSICO JOAO GILBERTO QUE ERA UNO DE LOS PADRES DE LA BOSSA NOVA. NACIÓ EN JUAZEIRO, BRASIL, EL 10 DE JUNIO DE 1931, FALLECIÓ HOY, A LOS 88 AÑOS.

Con fama de exéntrico y perfeccionista, Joao Gilberto era un músico autodidacta y creativo que encontró en la guitarra y en el cantar en tono bajo el camino para desarrollar sus ideas musicales.

De una familia de músicos, aún adolescente, formó el grupo musical Enamorados do Ritmo. A la edad de 18 años, se mudó a Salvador y se convirtió en cantante de Rádio Sociedade da Bahia.

Cuando no contaba todavía 20 años ya tocaba con maestría la guitarra y se trasladó a Río de Janeiro, allí obtuvo rápido sus primeros éxitos pero sus profundas convicciones musicales y su caracter difícil acabaron con él fuera de la banda Garotos da Lua.

Pasó algunos años dedicándose al estudio de la guitarra. En 1958, participó como guitarrista en el álbum de Elizete Cardoso, con canciones de Tom Jobim y Vinícius de Morais. En marzo de 1959, el sello Odeon lanzó el álbum «Chega de Saudade», donde Joao Gilberto abrió un nuevo camino a la música popular: fue Bossa Nova, que el acompañamiento de la guitarra tenía un ritmo y una armonía diferentes. La canción principal compuesta por Tom Jobim lanzó no solo la carrera de João Gilberto, sino también un nuevo estilo musical y, principalmente, toda una generación de nuevos compositores, letristas e instrumentistas.

En 1960, lanzó «O amor, o Smile e Flor», con énfasis en la canción «Samba de una nota só». Ese mismo año nació su hijo João Marcelo, de su matrimonio con el contortor Astrud Gilberto. En 1961, lanzó «João Gilberto», donde destacó «O Barquinho». En ese mismo año, el disco «Brilliant João Gilberto de Brasil» se lanzó en el mercado norteamericano. En 1962, en el show O Encontro, compartió el escenario con Vinícius de Morais, Tom Jobim y el grupo vocal Os Cariocas. Actuó en los Estados Unidos en el Festival Bossa Nova en el Carnegie Hall de Nueva York. Residencia fija en la ciudad y lanza el álbum «El Jefe de la Bossa Nova».

En 1963, João Gilberto grabó con el músico Stan Getz el álbum «Getz / Gilberto», que se lanzó solo al año siguiente, que se convirtió en un hito, consagrado con la canción «Garota de Ipanema». En ese momento hizo presentaciones en Italia y Canadá.

En 1965 recibió el Grammy (Mejor Álbum) por el álbum Getz / Gilberto «. Ese mismo año, se separa de Astrud, se casa con la cantante Miúcha, y aparece en el programa «The Fine of Bossa», de TV Record. Al año siguiente nació su hija Bebel Gilberto.

En 1969, viajó a México, donde residió durante dos años. Participó en festivales de jazz en Guadalajara, México DF y Puebla. Hizo varios conciertos y recibió el trofeo Chimal. Al año siguiente lanzó el LP «João Gilberto en México».

En 1971, participó en el especial hecho por TV Tupi, junto a Caetano Veloso y Gal Costa. De vuelta en Nueva York, actuó con Stan Getz, una temporada en el Rainbow Grill.

Luego de varias presentaciones y grabaciones, en 1980, volvió a residir en Brasil, estableciéndose en Río de Janeiro. Ese mismo año grabó el especial «João Gilberto Prado Pereira de Oliveira», al que asistieron Bebel Gilberto y Rita Lee.

En los 80 publicó un trabajo que se puede considerar como una oda a la Bossa Nova, a la que él compuso toda su vida y a la que crearon María Bethania y Caetano Veloso en el movimiento conocido como Tropicalismo que suponía una sutil mezcla de sonidos brasileños y rock; Brasil es el título de aquel trabajo publicado en el 81 por Gilberto, Bethania y Veloso. Sus últimos trabajos son del año 91 y del 2000 y en ambos contó con la colaboración de Caetano Veloso.

En 1986, actuó en el Festival de Montreux en Suiza. Su participación fue grabada y lanzada en el doble CD «Live at the Montreux Festival». En 1987, recibió del gobierno brasileño la Orden del Mérito Judicial del Trabajo, en el grado de Comandante.

João Gilberto continuó con sus presentaciones en Brasil y en el extranjero. En 1994, actuó en el Palacio de São Paulo, con su hija Bebel Gilberto como su invitado, grabando en vivo para el CD «Sé que te voy a amar».

Los últimos lanzamientos de João Gilberto fueron: «João, Voz e Violão» (2000), que recibió el Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Música del Mundo, y el CD «João Gilberto en Tokio» (2004). Después de un largo período fuera del escenario, en 2008 actuó en el Teatro Municipal de Río de Janeiro, celebrando los 50 años de Bossa Nova.

João Gilberto vivió sus últimos años en un apartamento en Leblon, Río de Janeiro. Su hija menor es Luísa Carolina Gilberto, hija de su empresaria Cláudia Faissol.

Decía de él María Bethania que era un misterio, que hipnotizaba… que no ha encontrado una persona más fascinante en toda la faz de la tierra… que era música.

LA MELODÍA INFINITA

Hace más de cien años, a un famoso luthier en Westfalia le pidieron una guitarra en madera de cerezo, para que sonara más dulce que ninguna. El encargo era de una cantante de ópera alemana; quería regalársela al hijo, que cantaba como los ángeles y se acompañaba angelicalmente con aquel instrumento. Vino la Primera Guerra y el joven fue convocado a filas y no volvió, pero antes de marchar al frente había dejado un hijo, que recibió la guitarra y la pesada carga de cantar y tocar como su joven padre muerto. El hijo descubrió al crecer que lo suyo era la medicina, pero igual se llevó la guitarra a Berlín cuando partió a la universidad, porque le gustaba tocar y cantar. Vino la Segunda Guerra, lo llamaron a filas, lo mandaron al frente ruso y nunca volvió. Su novia se quedó con la guitarra, juró que no habría ningún otro hombre en su vida pero, con los años, en la Alemania reconstruida de Adenauer, encontró un hombre bueno que la convenció de casarse con ella y que le dio un hijo, y así es como llegó al mundo nuestro personaje y como llegó a sus manos la guitarra de madera de cerezo.

Carl Fischer no sabía qué hacer con ella, a duras penas era capaz de rasguear alguna canción de Cat Stevens o Pink Floyd, lo suyo era la máquina de escribir. Carl Fischer era un joven periodista que quería ser escritor y que consiguió que una revista alemana lo mandara a Tokio, donde trabajó con un joven japonés que le pareció tan centrado y sereno que un día se animó a preguntarle cuál era su secreto. El japonés lo invitó a su departamento, que era una caja de zapatos de un ambiente con un equipo de música de última generación y apenas una docena de vinilos en una repisa que parecía un pequeño altar. El japonés bajó las luces, sacó un vinilo de su funda blanca y puso una canción de menos de dos minutos: era João Gilberto cantando “Desafinado”, él solito con su guitarra. Doce horas después, cuando Carl Fischer salió de aquella caja de zapatos con la cabeza llena de música, tenía bien claro qué hacer con su guitarra de madera de cerezo: entregársela en mano a João Gilberto, el único hombre en el mundo que la merecía. Así que volvió a Berlín, buscó la guitarra en su departamento y se tomó otro avión, esta vez a Brasil, a cumplir su destino como desafinado.

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