LA POLÍTICA DETRÁS DE LOS CORTINADOS

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Los últimos minutos de Dujovne, Lacunza y una pasantía en el Titanic. El plan recuperación que piensa el Gobierno. El diálogo entre Macri y Fernández y la apuesta a Lavagna. (IGNACIO ZULETA)

UN REGALO A LA OPOSICIÓN EN EL PEOR MOMENTO

El nuevo ministro tiene lamentaciones para elegir. No sabe qué fue menos grato: que le cortasen las vacaciones con una invitación a una pasantía en el Titanic, o el 1-6 de la derrota de su casaca, el Racing Club, ante River en la noche del mismo sábado. Mientras no se demuestre lo contrario, el Gobierno no termina de enfocar de manera acertada los resultados de las PASO: subió en cantidad de votos, retuvo el respaldo del espacio del no peronismo, pero lagrimea como que se le dio vuelta su constituency. Eso surge de las palabras y de los gestos del Presidente, quien hasta el viernes en la tarde les dijo a sus ministros que no iba a haber cambios de gabinete.

Todos conocían que Nicolás Dujovne había renunciado por escrito el martes, pero ese día también Marcos Peña había dicho «si me tengo que ir me voy». Entregar la cabeza del ministro económico le regala otro tanto al peronismo triunfante en la suma de votos del domingo pasado – algo que siempre iba a ocurrir, unificada o no la oposición. Le da a entender al público que el voto en contra fue por la economía y que el responsable es el ministro. El voto Cambiemos subió un millón desde 2015, quizás sin pensar tanto en la economía, mientras la oposición sumó sus tribus y ganó porque votó peronismo, además del rechazo a la economía. Física pura.

Ahora el oficialismo le regala a la oposición un botín añadido: la campaña electoral será en torno a la economía, como quería la oposición y se discutirá cuán malo era Dujovne. Un error de percepción, porque la economía ya estaba mal antes del domingo. Ese error de percepción es solidario de otros errores estratégicos.

ESTADOS ALTERADOS, DE RANDAZZO A NICO

O Macri resistía la renuncia de Dujovne hasta el sábado, o escondía la salida del ministro. En el primer caso, quizás no encontraban reemplazo. Pero el Gobierno consintió que la noticia de los cambios se instalase hasta el fin de semana, hasta con los nombres de reemplazo, como el de Hernán Lacunza, a quien todos cargaban el sábado por la misión (casi) imposible que le toca, y por el resultado racinguista. Ni Macri pudo reprimir la chanza sobre la derrota en el fútbol.

Se impone la explicación de que Dujovne estaba quebrado anímicamente desde el martes, cuando le leyeron en el gabinete las medidas de auxilio al bolsillo. Musitó que había que evaluar el costo fiscal, y le tomaron el pelo con frases como «¿Nos vamos a ir a casa con el premio del déficit cero?» o «no pensés más en el FMI; que si perdemos van a hablar con los que vengan, porque el Fondo no cierra nunca, ni en sábado ni domingo».

No era algo nuevo: desde hace meses, tenía como contradictor en el gabinete a Dante Sica, que le pedía que hablasen con el FMI porque el programa podría entrar en problemas por los ingresos, más que por los gastos. Macri levantó la reunión y desbarató la respuesta del conjunto, a un ministro a quien ya se le conocían antecedentes de pánico ante situaciones de stress. Si Dujovne pegó el portazo debido a su estado de ánimo, le agregó un daño a su gobierno, al que lo saca de perfil para pelear el 27 de octubre. Cuando un gobierno pierde autoridad en el vértice, pueden ocurrirle estas desgracias. Le pasó en 2015 a Cristina, cuando Florencio Randazzo, también por razones personales, se negó a ser candidato a gobernador de Buenos Aires, porque quería disputarle la PASO a presidente a Daniel Scioli. Con eso dinamitó las posibilidades de aquel gobierno de ganar la elección de 2015, porque forzó una PASO que dividió más al peronismo. Fue lo que permitió el triunfo de María Eugenia Vidal en Buenos Aires y, por carambola el de Macri en la presidencial.

EL PLAN RECUPERACIÓN: ESMERILAR LA INTERNA PERONISTA

De la falta de autoridad al descontrol de la situación hay un paso. Si eso ocurre, el público de Macri puede restarle, el 27 de octubre, el apoyo que le dio el domingo pasado. Es la hora de la lista de Roberto Lavagna, que puede soñar con recibir votos moderados no K, que votaron a Macri el domingo y que ante la pérdida de control de la situación por parte del Gobierno, prefieran darle al exministro una chance de entrar en el ballotage. El 8% que sacó esta vez es un montón, si se repara en que no tuvo candidatos ni fiscales, en muchos lugares con muchos votos.

En el Gobierno, la última martingala para recuperarse se concentra en cuatro distritos grandes: Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. En todos estos distritos el frente F&F llevó varias listas a diputados nacionales, mientras que Macri llevó listas únicas. Para bajar el porcentaje de los ganadores del domingo, los estrategas del oficialismo piensan ahora en salir a la captura de los peronistas que perdieron en esas PASO. En muchos casos, las inquinas son fuertes, como la de los intendentes peronistas ganadores en muchos municipios, que se identifican con el cristinismo camporista. El plan es ofrecer en esos distritos, a los derrotados del domingo en lemas del peronismo, ventajas en un eventual gobierno, a cambio de entregar su voto, o neutralizar su apoyo a los Fernández.

Los ganadores del domingo no tienen mucho que ofrecerles a futuro, porque las listas no se pueden cambiar, y las divisiones entre peronistas son grandes. También hay un llamado a una mayor fiscalización. En el oficialismo cuentan que en Buenos Aires hubo 3 mil mesas sin fiscalizar sobre 36 mil, más del 10%. En muchos casos el voto a Macri fue de cero. Desde el peronismo se ríen con el argumento de que sólo la empresa Smartmatic, encargada de la transmisión de datos, contrató a 12 mil empleados para controlar el proceso. Esos contratados, dicen, fueron los principales fiscales en todo el país de Juntos por el Cambio.

ACASO ALBERTO VOLTEÓ AL MINISTRO DE UN TELEFONAZO

Acaso Macri le perdió el amor al ministro en la charla que mantuvo ese mismo martes con Alberto Fernández. El candidato peronista le reprochó a Macri que incumpliera el programa con el FMI. «Ocupate de eso», le dijo, «Me ocupo, ¿qué me querés decir?». «-Hablá con Dujovne, que te explique, ustedes no están cumpliendo la meta fiscal, ni la monetaria, ni la de inflación».

Alberto, cuando le contó a los suyos, dijo haber entendido que Macri no estaba al tanto de esos detalles, y que se le quitaba control de la situación. En cuanto a las impresiones personales: cuando Macri les contó a sus ministros el diálogo con Alberto dijo haber percibido que el llamado había sido de buena voluntad. No les contó lo que sí cuenta Alberto sobre lo que se dijeron de Cristina. Macri la llamó en el diálogo «tu candidata chavista». «-No es chavista». “-Sí, les prestaba plata Chávez». «- Nunca fue ella, éramos en todo caso Néstor y yo, no ella». Los dos candidatos son el alcaloide del porteñismo, y estos cruces de bar y billares son más importantes que los debates de doctrina.

RETIROS REPARADORES

Alberto se sumó a la migración reparadora de todos los actores durante este fin de semana largo. Repone fuerzas en algún campo de Cañuelas, tierra de Roberto Lavagna, quien prefirió irse a Bolívar a llevar algunas vaquitas de sus cabañas a una muestra rural. Macri se encerró en Los Abrojos en conversación permanente con gerentes del cambio de gabinete: Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Libran una dura interna con Peña, víctima de todos los reproches, y Elisa Carrió. La jefa de la Coalición fue vehemente en el encierro del jueves en el CCK, cuando rechazó cambios del gabinete. Horas antes había reunido a todos los legisladores nacionales y locales de la Capital y Buenos Aires en uno de los santuarios de su partido, el restorán La Olla de Félix, en la Recoleta. Escuchó a todos, y argumentó que «no se le pueden sacar en este momento a los hombres de su confianza».

Otro que repone fuerzas lejos del campo de batalla es el presidente del PJ, José Luis Gioja, que se fue a Benín, país africano que viene a estar entre Togo y Burkina Faso, a ver si se me entiende. Allí es misionera su hija Flavia, monja de la congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús, fundada por la tía abuela de los hermanos Rodríguez Saá. El diputado y candidato a serlo de nuevo, buscó consuelo porque la fórmula F&F no lo invitó al cierre de campaña del frente en Rosario.

NO HABLO MÁS, Y MENOS DEL GABINETE

Cada cual piensa en las venturas y desventuras de acá al 27 de octubre. Alberto tiene que cuidar la salud y por eso buscó sosiego campestre. Entiende seguramente que su plan A puede prosperar fácilmente si mantiene el voto del domingo. Uno de los recursos es dejar de hablar tanto. Lo hará. Complementa eso cerrando la canilla de nombres de un eventual gobierno. «Si hablo de alguno, me salen a matarlo. No habló más.» dijo a los suyos el fin de semana. Todo plan A tiene como contrario un Plan B. El plan A es ganar. El plan B es perder. Ni Dios lo permita.

Recibe a técnicos de la economía, que le acercan informes sobre los mercados. En su oficina creen que el Gobierno tiene herramientas técnicas para frenar una corrida de depósitos, pero no pueden prevenir que algo ocurra después de la renuncia de Dujovne. El temor es que se repita la saga de 1989, cuando el país estuvo al borde de una hiper por el tumulto del final del gobierno radical, que no ocurrió por el Alfonsín que se iba sino por el Menem que llegaba. Esta vez los tumultos pueden ocurrir por la incertidumbre no ante el Macri que se pueda ir, sino a los Fernández que pueden venir. Busca lemas, además, para enlazar al peronismo cismático que logró reunir en el voto del domingo. Uno de ellos es «Voy a ser el porteño más federal de todos», y pide que le armen un plan para reconvertir la matriz exportadora del país como eje un eventual gobierno.

Sobre eso lo escuchó largo a Jorge Capitanich, que le dejó carpetas con datos y proyectos que prometió leer. Con ese ánimo trata de recomponer a su servicio, la liga de gobernadores. Ese frente provincial fue lo que facilitó la gobernabilidad macrista de estos años. Esta semana, el miércoles, un grupo de mandatarios se reunirá en Buenos Aires para lanzar una proclama contra la baja de la coparticipación, que tendrán por las recientes medidas del Gobierno. El martes, algunos de ellos, los petroleros, se reunirán con el Gobierno para quejarse de esas medidas, que perjudican el negocio de los hidrocarburos. Para ellos tiene que pergeñar un plan desde su rol de candidato en campaña.

Cristina se va esta semana a Cuba y guarda también silencio. A quienes la visitan los recibe con una sonrisa poco habitual en ella. «Ahora tengo que aprender cuál es mi rol, como vicepresidenta. Para mí esto es una reivindicación personal. A esta edad prefiero estar con mis nietos», se ríe. Se entiende ese ánimo si la recuperación de poder arrastra una suba de prestigio, desde marcas ominosas que tuvo al salir del gobierno, y que la pusieron en la vereda de los tribunales.

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