LA POLÍTICA DETRÁS DE LOS CORTINADOS

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La nueva Argentina, con partidos locales fuertes y presidente porteño
A los gobernadores les da mejores resultados buscar triunfos regionales que pelear por el poder nacional. (IGNACIO ZULETA)

La candidatura a la presidencia del peronismo ha quedado en manos de un sector minoritario del PJ identificado con el anterior gobierno que se sindica en la figura de Cristina de Kirchner, senadora por la minoría en una provincia en donde su partido es oposición. Puede ser un reconocimiento de debilidad, como fuerza nacional, al sentirse disminuido en una pelea que los expone a arriesgar lo que tienen por algo que es difícil de lograr. Lo dirá el resultado de octubre. Pero hay un segundo motivo: que el mejor negocio del peronismo de las provincias es pelear ventajas discutiendo con el Gobierno nacional los intereses de los territorios, sin dejar de disputar el poder nacional. Es un método, una estrategia, más que un movimiento táctico. La negociación bilateral con la Nación ha producido resultados exitosos para los mandatarios porque, como ha ocurrido en anteriores ocasiones, el gobierno nacional es débil. En este turno, el oficialismo nacional ha sido minoría en las dos cámaras y ha debido ceder posiciones a cambio de leyes y acuerdos, que le han asegurado gobernabilidad y también ventajas a las dos partes. Reeligen los gobernadores del superávit y la lista corta, y también Macri intenta un nuevo mandato en disputa con un peronismo dividido entre la fórmula de Buenos Aires, y el resto de los gobernadores. Una división igual cifró la derrota de Duhalde en 1999, cuando aparecieron los mandatarios de una nueva generación, que no lo quería a él ni al peronismo bonaerense con poder durante otros ocho años. Se replegaron, como hoy, a los distritos, y no les importó que Duhalde perdiese aquella elección. El peronismo se afirma como una confederación de partidos locales y no un partido nacional. Da mejores resultados a los gobernadores buscar resultados locales que pelear lo nacional. El esquema es una liga de partidos locales con un presidente porteño según el cual formas provinciales como el misionerismo o el cordobesismo pactan lo territorial con quien se perfila mejor en lo nacional.

LA CRISIS DE LOS PARTIDOS CONSOLIDA UN NUEVO PAÍS

El trasfondo de este proceso es la consolidación del sistema partidario que hace que las dos marcas que expresan a las familias políticas del peronismo y el radicalismo se han convertido en confederaciones de partidos provinciales. Eso son hoy el PJ y la UCR. El peronismo no tiene jefe desde que perimió el liderazgo de Carlos Menem en 1999; ese lugar no tuvo reemplazo en el acuerdo con el duhaldismo bonaerense representado por los mandatos Kirchner. El radicalismo perdió la centralidad en el voto no peronista como resultado de la crisis del gobierno de la Alianza, de la que se rehace con dificultad dentro de la alianza Cambiemos. La fórmula hoy para las dos confederaciones de partidos es defender los intereses provinciales, asegurar el poder de los gobernadores por encima o por debajo de consignas partidarias, y resignarse a que el presidente surja de la región metropolitana. En 1999 un jefe de gobierno no peronista —De la Rúa— logró la presidencia con un vice también porteño, ganándole las elecciones al peronismo que gobernaba el país y derrotando al gobernador de Buenos Aires, que venía de ser vicepresidente: Duhalde. El formato de la fórmula porteñista se repitió en 2015: presidente y vice de CABA, también la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, como provenían también de la CABA Carlos Ruckauf, Felipe Solá y Daniel Scioli, que se turnaron en la gobernación entre 1999 y 2015. Esta fórmula de confederación de partidos y un presidente porteño, puede repetirse en 2019 porque disputarán la presidencia Macri y el también porteño Alberto Fernández.

EL PODER LOCAL SIEMPRE DIO VENTAJAS FRENTE AL GOBIERNO NACIONAL

El formato de la Argentina de la nueva confederación puede consolidarse, porque no hay señal alguna de que la dirigencia criolla tenga interés ni capacidad de reconstruir los partidos en su diseño tradicional. Esas formaciones ingresaron entre gallos y medianoche en la reforma del texto constitucional de 1994. “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático” (art. 38). Eso no estaba en el pacto de Olivos como tampoco el voto obligatorio, que ganó estatus constitucional. Pero el formato de la confederación no es nuevo y tiene raíces en la historia de la Argentina. La Confederación fue el nombre de la Nación hasta la constitución de 1860, y tuvo su razón en la existencia de intereses y caudillos locales frente a liderazgos nacionales, como el de Juan Manuel de Rosas, que era otro caudillo con intereses locales. Las raíces son las mismas del proceso de organización en los Estados Unidos, que nace de procesos locales en contradicción con el gobierno federal. “Muchas consideraciones (…) dejan fuera de toda duda que el afecto del pueblo se inclinará primero y naturalmente hacia los gobiernos de sus respectivos Estados. (…)”. El consejo federal no fue en ningún momento el ídolo de las preferencias populares, dice James Madison en el comentario de El Federalista sobre esta tradición (29 de enero de 1788). Eso percibían los constitucionalistas americanos. Lo mismo entienden los gobernadores de esta nueva Argentina de la nueva confederación, que defienden su gobernabilidad y los fueros territoriales con prescindencia de una disputa nacional, que entrega a fuerzas que se controlan desde el área metropolitana.

PICHETTO CONGELA DESLIZAMIENTOS DE PODER EN EL CONGRESO Y LA CORTE

La batalla de Córdoba es central en la disputa del 2019 para la estrategia del oficialismo y la oposición. Esto movió a Alberto a peregrinar ante el inconmovible Schiaretti, de quien no sacó mucho. La estrategia de Olivos se basa sobre la necesidad de tener buenos resultados en la zona centro del país — de ahí el rol clave de Córdoba—, el NOA y en la Patagonia. Es la manera de compensar resultados difíciles en Buenos Aires. Creen que allí pierden en la Tercera Sección electoral; necesitan mejorar resultados en la Primera Sección, en donde siempre ganó Cambiemos y ahora se les complica; y mantener los buenos números del interior de la provincia. La prescindencia del gobernador ha liberado a las tribus del peronismo para actuar en las elecciones nacionales. El viernes, mientras Macri visitaba una planta aeronáutica, Pichetto juntaba peronistas cordobeses que buscan amparo en la fórmula de Olivos. Esa cosecha ya empezó, y tiene fuerza en otros distritos como Mendoza, en donde actúan delegados personales como el rionegrino Jorge Franco. El senador hace cosas por fuera de las rutinas convencionales de Cambiemos, como tener una agenda en la cumbre de Parque Norte del miércoles con dirigentes que no habían sido invitados por los organizadores y que superaron las trabas formales. Habilitó su presencia y se sacó fotos con ellos. Hace uso de un poder que crece ante la posibilidad de ser el hombre fuerte del gobierno, si Juntos por el Cambio gana las elecciones. Esta presunción detuvo la declinación de su figura, que parecía segura ante el final de su mandato en el Senado. Frustró la posibilidad de que el bloque federal, que dejó en manos de Carlos Caserio, se fusionase con la bancada cristinista de Marcelo Fuentes. Siguen divididos a la espera del resultado electoral. Se ponen en pausa otros frentes como Suprema Corte, que tiene a dictamen un caso clave, la actualización de jubilaciones (extensión del caso Badaro respaldada por el Defensor del Pueblo), que quizás sea postergado hasta después de los comicios. Pichetto ha sido el monitor de las relaciones del peronismo con la Corte, y reguló las relaciones también con el Gobierno. Fue en 1995 uno de los fundadores de las instituciones judiciales de la nueva Constitución, junto a Carlos Soria, Elisa Carrió, Mario Negri, Melchor Cruchaga, Juan Carlos Maqueda y otros. Las sentencias del tribunal para avalar la ley de lemas en Santa Cruz y contra las reelecciones de Sergio Casas y Alberto Weretilnek, cuando eran aliados objetivos de Pichetto, resintieron ese rol moderador con la Justicia, el campo que éste mejor conoce. Su nueva envergadura de candidato con chance ganadora paraliza por ahora esos deslizamientos. Es imprevisible la dimensión del poder que puede llegar a tener en un futuro gobierno, con un Macri no reelegible, este hombre que reconoce que la resiliencia y la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones son condiciones imprescindibles de un político. Ese poder lo convertirá en el unificador de un peronismo sobre la base de la liga de gobernadores, que no le dejará la cosa fácil a otros actores que se anotan para la sucesión desde el Pro y la UCR. Lo que parece una táctica electoral puede convertirse en el disparador de un escenario impensado para las elecciones de 2023 con actores, alianzas y proyectos muy difíciles de predecir.

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