LA POLÍTICA DETRÁS DE LOS CORTINADOS

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Peña vs. gobernadores amigos: entre la emergencia y la frazada corta. Sobremesas. En reuniones discretas y cenas públicas, el Gobierno busca cerrar algunas de las heridas con los radicales. -IGNACIO ZULETA-

La confianza de Peña desconcierta a propios y extraños. La pelea opositora también hace ruido.

El Gobierno alcanzó en las últimas horas, y en la discreción máxima de los pactos que se respetan, un acuerdo de algún equilibro con los socios radicales de Cambiemos, que les permita llegar juntos a las elecciones. El emblema de ese acercamiento transitó toda la jornada del jueves. A la hora de la siesta, en el despacho de Nicolás Dujovne, comparecieron los cinco gobernadores del oficialismo.

Ocurrió en un marco ruidoso, porque a esa hora las barras de la CGT avanzaban hacia el obelisco aturdiendo la atención de todos. Por la noche, el mismo grupo, salvo Dujovne y el correntino Gustavo Valdés, acuñó el compromiso con Marcos Peña y Rogelio Frigerio en un escenario que es casi una vidriera, el restorán Novecento, frente a la Facultad de Derecho. Horacio Rodríguez Larreta llegaba de Santa Fe, adonde había ido a respaldar una candidatura de José Corral a gobernador. Un gesto patriótico, porque no encabeza las encuestas, pero que honra el intento de seguir juntos.

Agreguemos que Daniel Salvador hacía bardo a esa hora con las 50 firmas, sobre un total de 70, que había logrado de los convencionales nacionales de su partido, que representan a la provincia de Buenos Aires, para apoyar la permanencia de la UCR en Cambiemos. Es la devolución de favores, con un documento que adelanta el formato de una eventual convención nacional que salve al Partido del Ballotage. Estaban Larreta y María Eugenia Vidal, pero la cita estaba pedida por los radicales para discutir algún programa de emergencia de la economía, para llegar a las elecciones con menos mataduras sobre el lomo.

A mediodía del mismo día, Gerardo Morales había albergado en la sede porteña de la Casa de Jujuy, una reunión con Alfredo Cornejo y Valdés para unificar el planteo de un plan de emergencia, que le llevarían pocas horas después a Dujovne y a Peña. Éste les respondió con el mismo tono paciente y optimista que había mostrado en la noche anterior en “A dos voces”: lo peor ya pasó y ahora viene lo mejor, pero ojo, estamos con la frazada corta.

ADÓNDE QUEDÓ EL PRESTIGIO Y DÓNDE ESTÁ LA LIQUIDEZ

Las dudas de los invitados son las que comparte el propio Gabinete del que forma parte el ministro: ¿se la cree en serio o se engaña por su confianza en las bases del programa? La misma pregunta se hacen los funcionarios sobre el optimismo de Marcos Peña y del propio presidente. Dujovne repite que él cree a fondo lo que dice, y que no hay otro camino alternativo a lo que se ha decidido. Esa tarde lo acompañaba el presidente del Central, Guido Sandleris, para mostrar unidad de criterio ante un lote más bien crítico de la coyuntura.

La inquietud, responde la barra de los gobernadores —no sólo radicales— es la economía. Al plan de emergencia que le sugieren los radicales respondió con la frase de la manta corta. Si tapamos de un lado, destapamos del otro. Las dos reuniones se encarrilaron hacia una explicación a fondo de las medidas tomadas, un intento de que entendieran que el planteo de los socios radicales sobre tarifas fue escuchado, y que en el último round del gas se decidió otro aplanamiento del pago en tres cuotas, parecido al que le habían admitido al radicalismo a comienzos de 2018.

Los invitados debieron admitir que les han hecho caso en todo lo que se ha podido, y que por ellos se fue el ministro-fetiche de Macri, que era Juanjo Aranguren. También que, si éste hubiera impuesto sus criterios, se estaría pagando el gas más caro de lo que se paga ahora.

CONTROLAR PRECIOS, PERO BIEN

Para completar el minué, la cabecera —Peña, Frigerio— pidió que los jefes territoriales hagan propuestas, que serán derivadas a los ministros. Algunos ya adelantan algunas recetas, como un control eficiente de los precios, con un método civilizado y sin trompazos como en otros tiempos. Es malo controlar precios sin la colaboración de los formadores, pero algo hay que hacer porque el público cree que nadie vigila los aumentos. Mejor hablemos de acuerdos, no de controles.

La reunión tiene envergadura, porque esta mesa de pacificación adelanta otra reunión, de los mandatarios con el propio Macri, para hacerle presente la demanda de que el cóctel de caída del prestigio de Cambiemos en las encuestas, más la caída de la actividad, pueden ser mortíferos para el plan electoral. Unos y otros saben que, para sostenerse, un gobierno debe poseer dos activos: prestigio y liquidez. Estos dos factores están heridos en la superficie, así dice el reproche de los socios radicales, pero Olivos responde que Cambiemos y Macri mantienen el prestigio en el inconsciente electoral, que aflora en los focus groups al que acceden por las alquimias duranbarbistas: allí sostienen el respaldo del tercio de votos que tuvo Macri en la primera vuelta de 2015.

Es un público que entiende lo que se hace. En cuando a la liquidez, se la voy a deber. Por ahora, ya que el programa de saneamiento asegura liquidez futura, y mejores condiciones para aumentarla. ¿Aguantamos con eso sin hacer política?, insisten los socios. ¿Basta con los US$60 millones que pueden timbear por día para frenar el dólar? ¿No sabían desde agosto, cuando empezó la escalada del dólar, que iba a golpear en los precios ahora? Se fueron con la promesa de escucharles las recetas.

APERTURISTAS VS. ENDOGAMIA PRO

Hubo tiempo a la sobremesa de aclarar rispideces. Ni los radicales y el dúo Pro —Larreta, Vidal— dijeron haber pedido un debate sobre la vicepresidencia en la fórmula de Macri. Tampoco ninguno de nosotros habló ni tiene ningún prospecto de acercarse a Rodolfo Lavagna. Estas aclaraciones sirven porque estas películas las fabrican las usinas del propio Gobierno, que filtra estas noticias según estrategias que en la superficie nadie asume como propias.

Esas reuniones fueron el final de una elaboración fina de las dos partes. Hace una semana, Enrique Nosiglia le llevó a Marcos Peña la demanda de algunas medidas que cambien el clima de pesimismo del público. El jefe de Gabinete pudo responder con su arte de gurú, que es prematuro preocuparse, que en la anterior elección el Gobierno había remontado otra caída de prestigio.

El plan que suele mostrar tiene dos tiempos. Uno, hasta junio, durante el cual la campaña va dirigida al “core” de Cambiemos, para fidelizarlo ante la amenaza de dispersión. Desde junio, segunda etapa, ir a buscar el otro tercio de los que no deciden aún su opción, pero que en la segunda vuelta de 2015 pudieron volcarse a favor de Cambiemos por rechazo al peronismo cristinista. ¿Y para el otro tercio? Nada. De esos, dice el libreto oficial, se encargan Moyano, Yasky y Baradel con marchas como la del jueves. En la percepción del Gobierno, esas manifestaciones fidelizan el voto peronista, pero ahuyentan al público moderado de la capital.

NOSIGLIA, EL SOCIO ACUERDISTA

Cuando Nosiglia entró al despacho de Peña, salía Rogelio Frigerio, quien le pidió a Nosiglia “cuando terminés, pasate”. Cumplió y le presentó la misma demanda al ministro del Interior. Frigerio mostró su rostro más acuerdista, ese que lo vincula con la idea de abrir el Gobierno, que le ha costado. Aunque para los radicales Frigerio es el más antirradical de los ministros, este aperturismo los hace encontrarse. “En esto son socios míos”, suele decir Frigerio en defensa de ampliar el proyecto oficial hasta extremos audaces, como poner a un candidato a vice que venga del peronismo, o anunciar que si gana Macri integrará un gabinete con figuras de la oposición.

Algo parecido a lo que dice Lavagna para capturar el voto del medio. De esos encuentros partió Nosiglia a Mendoza para explicar su rol en estos entuertos. No iba a ser fácil el acercamiento, y por eso se pensó en una reunión discreta, que huyera de los faroles como la que se anunciaba para este lunes. Así llegaron el jueves a la previa en la Casa de Jujuy, adonde tenían que ir también los jefes de los bloques. Sólo estuvo Luis Naidenoff, porque Ángel Rozas hace parlamentarismo cósmico en la conferencia mundial de Qatar, y Mario Negri, el jefe del interbloque oficialista, estaba cavando trincheras en el Congreso, para amortiguar los efectos de la sesión especial que la oposición logró hacer arrancar, para tratar, sin votos, la tira de proyectos antigobierno que alimentaron todos los peronismos, en el debut del interbloque.

CISMA OPOSITOR DEBILITA A MASSA. Y TAMBIÉN A LAVAGNA

También pisan las brasas, como los penitentes de la fiesta de San Juan, los peronistas que se apartaron del Instituto Patria. Las tensiones entre los precandidatos son tan ardidas como los que se amparan en el paraguas del cristinismo. La señal discreta que conmovió más a ese espacio es el mail que giró esta semana Miguel Pichetto para invitar a los senadores de su bloque a desayunar este miércoles 10 con Roberto Lavagna. Esa noticia subrepticia hizo saltar los bulones de varios andamiajes. El más importante, el que une —o unía— al ex ministro con Sergio Massa.

El jefe renovador se permitió algunas frases de doble sentido en el acto del martes en la Rural, que pudieron herirlo a Lavagna, ya desairado por el formato mismo del show: presentar medidas de un futuro gobierno sin la presencia del economista senior del Frente Renovador. La respuesta fue dura, porque lo empujó más a Massa hacia el cristinismo.

“Tiene un proyecto partidario”, dijo Lavagna. ¿Cómo se entiende eso? Lavagna y sus cerebros políticos apuestan a la hipótesis de que Massa cree que Cristina no será candidata, y que él podrá ir a una PASO exitosa contra los precandidatos del Instituto Patria —Scioli, Solá, Kicillof, Rossi. Esa idea lo aleja a Lavagna, que cree que él no está para terminar enredado en una interna del peronismo. Replica los mismos argumentos que usaba Macri cuando se alejaba en 2015 de una alianza con Massa. No puedo terminar disputando una interna del peronismo, decía.

No sólo en esto lo emula Lavagna al actual presidente, quien resignó antes una candidatura presidencial porque los opositores a Cristina de Kirchner no firmaron con él un programa de unidad. Lo mismo que pide hoy Lavagna para anotarse en una candidatura. No es algo trivial este encontronazo que algunos entornistas de Lavagna creen que es sólo espuma y que se superará. Si prospera pierden los dos. Massa pierde frente al emblema de prestigio-credibilidad que es Lavagna, y éste resigna el portaaviones que puede facilitarle la candidatura.

Mirado en perspectiva, el que gana es el anfitrión del desayuno del miércoles, es decir Pichetto.

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