LA GRAN HISTORIADORA HILDA SÁBATO REFUTA LAS POLÉMICAS REVISIONES DE H. GONZÁLEZ

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Según ella, Horacio González, ex director de la Biblioteca Nacional y fundador de Carta Abierta, desconoce -o “ningunea”- los muchos ángulos ya reflejados en torno de la guerrilla y la reivindicación central de los pueblos originarios.

“Pienso que va a ser rehecha y reescrita”: con esta frase Horacio González inicia tres párrafos dedicados a la historia argentina en una larga entrevista, donde se explaya sobre sus opiniones y expectativas políticas. Le sigue un puñado de declaraciones que oscilan entre enunciar como novedoso y revulsivo lo que hace rato ya no lo es y plantear un “deber ser” para la historia, a partir de diagnósticos superficiales sobre lo que ya existe y pretende cambiar. El ensayista y ex director de la Biblioteca Nacional respondió a un diálogo en el sitio de la agencia Paco Urondo,

La historia se rehace y reescribe desde el momento mismo en que la humanidad comenzó a revisar su pasado. Y la Argentina no ha sido una excepción. Páginas y páginas refieren una y otra vez a “lo que pasó”, fueron escritas no solo por historiadores de profesión sino por todos aquellos que lo hacen desde otros lugares. González incita a “ver de otra manera a Moreno, a Rosas, el Combate de Obligado, la Campaña del Desierto”, como si estos hechos y personajes no hubieran sido objeto de exploraciones e interpretaciones muy diversas. Este desconocimiento (¿o “ninguneo”?) alcanza su punto máximo al referirse extensamente a la necesidad “de incorporar una visión que reponga la presencia de la veta indigenista en la política y cultura argentina de otra manera.” Hace ya unos cuantos años que ese tema ocupa un lugar prominente en los análisis sobre la Argentina, tanto del pasado como del presente, y que estudiosos de diferentes campos lograron remontar la situación de carencia que por décadas hubo en ese sentido. Por lo tanto, seguir hablando como si las visiones que hoy tenemos estuvieran regidas por las concepciones de Alberdi y de Sarmiento, a quienes HG cita para validar sus diagnósticos, es por lo menos engañoso.

Desde ese lugar se propone reescribir la historia para “superar las divisiones” (¿cuáles?) pero, aclara, “no en esa especie de neoliberalismo inspirado en las academias norteamericanas de los estudios culturales, donde hay una multiplicidad graciosa y finita”. ¿De quién está hablando específicamente?

Más allá de la valoración que se haga sobre la academia de los EE.UU., que en su enorme complejidad difícilmente se pueda descartar de un plumazo, ¿puede la diversidad de historias que escribimos en la Argentina agruparse bajo el manto condenatorio de una “especie de neoliberalismo” sin más? González sabe que no, pero esta operación retórica le sirve para lo que sigue: proponer, en contraste con aquello, “una historia dura y dramática, que incorpore una valoración… positiva de la guerrilla de los 70 y que escape un poco a los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable”. De nuevo, el diagnóstico fácil y tramposo. Existen numerosos y variados escritos sobre la guerrilla de los 70, que van desde la reivindicación a la condena, y todos los matices intermedios. Por su parte, en el campo profesional específico que se conoce como “historia reciente”, no se ha tratado tanto de emitir juicios de valor sobre esa experiencia social como de explorar y entender, indagar e interpretar desde diversas perspectivas.

Ante este panorama ¿qué sentido adquieren las recomendaciones de González? ¿A quién se dirigen? No, por cierto, a los historiadores y otros estudiosos, pues lo que dice no es novedad alguna. Tampoco a la sociedad en su conjunto que difícilmente se interese por estas propuestas. ¿A quién entonces? Al próximo gobierno. Parte importante de la entrevista está destinada a recomendar políticas culturales para el gobierno que viene y es en ese contexto que su misión historiográfica cobra sentido. En el relato fuerte puesto en circulación por los gobiernos kirchneristas, el pasado ocupó un lugar prominente a través de una nueva historia oficial promovida desde el poder. Anticipando la pugna cultural que seguramente ha de llegar con el desembarco de la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en la presidencia de la república, González avanza ahora sus propuestas en ese sentido. En ese marco, la cuestión de la guerrilla, a la que dedica apenas una frase algo fuera de contexto, adquiere toda su relevancia. No porque los análisis existentes sobre esa cuestión sean blandos, neoliberales o finitos, como gusta presentarlos HG, sino porque le interesa instalar su propia versión y convertirla en verdad oficial. Esperemos que el nuevo gobierno opte por otros caminos y, en lugar de imponer una única historia, promueva una pluralidad de visiones sobre el pasado argentino.

H. Sabato es historiadora, profesora en la UBA e investigadora principal del Conicet. Trabaja en temas de la historia política y social argentina y latinoamericana del siglo XIX. Entre sus obras se cuentan «Historia de las elecciones en la Argentina, 1805-2011» (en colaboración, 2011).

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