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Published on agosto 9th, 2018 | by concordia7

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LA CAÍDA DEL ABORTO: UNA OLA VERDE QUE NO SUPO ANTICIPAR LA REACCIÓN DEL INTERIOR

La ley llegó al Senado con impulso ganador, pero faltó sensibilidad política para anticipar la reacción. -Mauricio Cantando-

A los pocos días de aprobarse la ley del aborto en Diputados, los referentes de la Campaña que lo promueven hace una década se reunieron con Miguel Pichetto y el panorama era alentador. Partían de un piso de 30 votos, a sólo 7 de triunfar y en un clima social favorable.

Los celestes corrían de atrás, una experiencia nueva que los potenció: En 40 días, arzobispos y pastores evangélicos cayeron encima de los senadores y empujaron una multitudinaria militancia con epicentro en el norte del país.

Allí pesan fuerte los cultos pero, además, estaban los votos que definían la historia. Los verdes nunca entendieron que las leyes no se pelean solo en la plaza del Congreso y esta madrugada los sorprendió un baño de realismo.

Venían teniendo señales. El chaqueño Ángel Rozas, que se declaró indeciso desde el primer día, tembló con una misa evangélica que juntó 25 mil personas en Resistencia y la semana pasada acompañó una caravana católica y se definió por votar en contra.

Historias similares se repitieron entre los indecisos o conversos que no fueron. El pampeano Juan Carlos Marino había prometido su apoyo, pero vio encuestas y optó por contentar a sus coterráneos indignados por el apoyo que habían dado los diputados del gobernador Carlos Verna.

José Alperovich iba a acompañar, persuadido por su círculo familiar y pese a que los celestes habían reunido 100 mil personas en Tucumán con el gobernador Juan Manzur en primera fila. Con la batalla pérdida no lo consideró un negocio redituable.

El radical Julio Martínez era un “cooptable” pero no le dieron las cuentas. Supo que el 70% de La Rioja está en contra y quiere ser gobernador. La reacción verde fue precaria o nula en esos territorios, que eran los de las batallas reales.

Se quedaron a esperar como los votos le venían al pie, confiados en chispazos mediáticos de ex estrellas del prime time y festivales en el microcentro porteño cubiertos de adolescentes y en esa zona de confort hasta perdieron la hegemonía de la calle en la Capital del país, que habían impuesto durante el debate en Diputados. El fin de semana los evangelistas los sorprendieron con una impresionante movilización al Obelisco y este miércoles fue impactante la ajustada organización del grupo celeste, en la mitad de la plaza que le tocó.

Con tres representantes por provincia, el Senado expresa un territorio extenso y diverso y negociar una ley, de mínima, requiere abordar sus particularidades con precisión. Es una buena ocasión para conocer el país y, porqué no, transformarlo.

En contra de los manuales parlamentarios, la iglesia jugó a todo o nada, a riesgo de nada, pero acorde a un axioma que Jorge Bergoglio impuso en 2012, cuando la Corte Suprema obligó a regular los casos de abortos que ya eran legales.

“La vida no se negocia con leyes”, inculcó aquella vez el hoy Papa Francisco y lo reiteró en una reciente reunión con María Eugenia Vidal, que pasó estos 40 días con reuniones periódicas con arzobispos. Ellos piensan así. En aquel famoso encuentro en el Vaticano que reveló LPO, el jefe de la Iglesia Católica fue a fondo y le regaló a la gobernadora una frase letal: “Macri planteó lo del aborto para tapar la situación económica”.

Tras la derrota en Diputados, la Iglesia estuvo por ceder y negociar un texto alternativo en el Senado, pero pronto vieron que había terreno para crecer y ganar la batalla. La inacción de sus rivales los motivó.

La estrategia parlamentaria verde, coordinada por Miguel Pichetto y Humberto Schiavoni, no terminó de tomar vuelo. Presionaron sin éxito para sesionar rápido, aceptaron debatirlo en receso invernal y esperaron aliados que no llegaron. El jefe peronista imaginó que sobre el final Macri acercaría los votos que faltaban entre miembros de Cambiemos. No pasó y por eso se lo reprochó en su discurso de la madrugada.

Contrareloj, Pichetto y Schiavoni aceptaron cambios propuestos por los senadores cordobeses, que tenían la convicción de no bloquear la ley pero no veían porqué negociar a libro cerrado. Y cuando se sentaron a tomar apuntes ya estaban en minoría y ni siquiera pudieron firmar un dictamen.

La ola verde estaba en declive porque no se hacía sentir por donde caminan los senadores que eran decisivos. Tan simple como eso. Ambos bandos movieron recursos, pero no los usaron con la misma eficacia.

Llevar una adolescente salteña a la audiencia para relatar los excesos de la educación religiosa no conmovió al senador Juan Carlos Romero, porque el mensaje, en ese escenario, no llegó a sus votantes.

Las leyes que voltearon dogmas católicos no son nuevas. La educación laica existe desde el siglo 19, el divorcio cerró el 20 y el matrimonio igualitario abrió el 21, siempre con legisladores que pulsearon con los obispos de turno pero no necesitaron humillar a sus fieles.

Los verdes perdieron el rumbo en aquella mañana del 14 de Junio, cuando el aborto legal fue aprobado en Diputados en un último suspiro. Llegaron a mezclar una ley de salud pública con una batalla contra los salarios de los obispos que paga el Estado, un tema polémico, pero que no iba al caso.

Sí abrían los ojos no hubieran subestimado el poder de movilización de la iglesia evangelista, capaz de crear comunidades de a miles y obtener legisladores con el voto de sus feligreses o fiscalizar elecciones. Pasan muchas cosas lejos de los reflectores y si no se identifican, menos se pueden contrarrestar.

El desafío de la Campaña por el aborto legal, cuando vuelvan a tener su oportunidad, será no confrontar a ciegas con la sociedad, sino conocerla de punta a punta para alcanzar su objetivo: sumar un derecho para beneficiar a una población que tal vez no esté dividida entre sabiondos y carcamanes.


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