FALLECIÓ FERNANDO DE LA RUA: «DEMASIADO CONSERVADOR EN LA UCR, DEMASIADO REPUBLICANO PARA EL FASCISMO»

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El ex presidente había sido internado en el Instituto Fleni de la ciudad bonaerense de Escobar por una falla cardíaca y renal. Finalmente falleció este martes a las 7:10. (J.M.H.)

El ex presidente Fernando de la Rúa asumió el poder en 1999 y renunció dos años más tarde, en medio de un caos político, económico y social, durante diciembre de 2001. Con anterioridad, De la Rúa había sido jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, además de haber cumplido una larga trayectoria como senador nacional.

Fernando de la Rúa nació en Córdoba, en 1937, en el seno de una familia de clase media alta. A los 21 años, se recibió de abogado n la Universidad Nacional de Córdoba. Por aquellos años, inició su militancia en el radicalismo. Cinco años más tarde, De la Rúa se radicó en Buenos Aires, donde fue nombrado asesor jurídico del Ministerio del Interior, entonces a cargo de Juan Severino Palmero, durante la presidencia de Arturo Illia.

El camino político del ex presidente, durante toda su carrera en la UCR, lo muestra como un hombre que siempre privilegió los hombres, nombres y planteos conservadores que emanan de las clases privilegiadas argentinas, así fueron sus asesores, ministros y colaboradores de mayor confianza.

Adversario acérrimo de todo lo que representó la renovación partidaria radical desde los 60, con la Junta Coordinadora, Renovación y Cambio y la figura de Raúl Alfonsín, algo que viene desde el nacimiento mismo de la UCR, con Irigoyen por un lado y Alvear por el otro.

SU RUTILANTE APARICIÓN EN LOS 70

En las elecciones nacionales de 1973, De la Rúa se impondría en la Capital Federal al extrapartidario del frente peronista Marcelo Sánchez Sorondo y llegaría por primera vez al Senado de la Nación. Quizás sea este triunfo y no el de la presidencia, el mas impactante en su carrera política. Es así, porque el contexto electoral de la época, marcada por la explosión del peronismo, vía regreso de su lider del exilio, sumado a un candidato como Sanchez Sorondo en el PJ, con un perfíl aún más conservador que el del propio De La Rua, quien se alineaba en los sectores balbinistas de la UCR.

Poco después, integró la fórmula presidencial, junto a Ricardo Balbín, que fue derrotada, con el 24% de los votos, por el binomio integrado por Juan Domingo Perón y su esposa, María Estela Martínez, que alcanzó casi el 62%.

Con la vuelta de la democracia, en 1983, continuó como senador nacional por Buenos Aires, al ser derrotado en la interna de la UCR por Raúl Alfonsín, quien llegó a la presidencia. De la Rúa presidió en la Cámara Alta la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde impulsó varias leyes: la ley de habeas corpus, la ley contra la discriminación de las personas, la de trasplante de órganos, la de violencia en espectáculos deportivos, la de política indígena y la de pensión al viudo.

Gracias a la Reforma Constitucional de 1994, la ciudad de Buenos Aires dejó de ser un municipio con un intendente elegido a dedo por el presidente de la Nación y se transformó en ciudad autónoma. Y en 1996, De la Rúa se transformó en el primer jefe de gobierno elegido por los porteños. Durante su gestión, se aprobó el Código de Convivencia Urbana, que eliminó los edictos policiales y reguló la oferta de sexo en la vía pública, y se le dio un importante impulso a la extensión de la red de subterráneos. También se inició el primer tramo de la red de bicisendas.

Con el objetivo de llegar a la presidencia, De la Rúa tejió la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación, integrada por la UCR y el Frente País Solidario (Frepaso), donde convivían sectores del peronismo disidentes de las políticas menemistas.

El primer traspié de la presidencia de De la Rúa fue la renuncia de su vicepresidente, Carlos «Chacho» Álvarez, en el año 2000, luego de que estallara un escándalo por supuestos sobornos pagados a senadores para que se aprobara una resistida ley de reforma laboral. La renuncia representó una clara señal de debilidad política y un duro golpe a la imagen pulcra que intentaba mostrar el Gobierno a los ciudadanos.

La recesión económica, el elevado nivel de endeudamiento y el aumento del malhumor social por las políticas económicas implementadas, llevaron a la renuncia del Ministro de Economía, José Luis Machinea, quien fue reemplazado por el entonces ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, cuyo programa ortodoxo consistió en un ajuste para bajar el gasto público y alcanzar el equilibrio fiscal.

16 días después, López Murphy renunció y asumió Juan Domingo Cavallo, quien continuó con los recortes del Estado. Además, con la reestructuración de la deuda externa, llamada «megacanje», en noviembre de 2001, los retiros de depósitos bancarios se profundizaron, provocándose una corrida bancaria y cambiaria. Para intentar frenarla, Cavallo impuso restricciones al retiro de dinero en efectivo de los bancos, lo que aumentó la desconfianza general y el desagrado en una gran parte de la población que no estaba para nada acostumbrada a manejarse con tarjetas de débito o con transferencias electrónicas. Las colas en las entidades bancarias se hicieron interminables. Estaba en marcha el llamado «corralito» bancario.

En diciembre de 2001, la violencia de las calles llegó a niveles altísimos: el 19 de diciembre De la Rúa decretó el Estado de Sitio, hecho que desató aún más rebeliones callejeras, en las que confluyeron los sectores más sumergidos de la población, afectados por la recesión y la falta de dinero en efectivo, y los sectores medios, damnificados por la crisis bancaria. Los cacerolazos se hicieron sentir hasta en los barrios más elegantes de la ciudad de Buenos Aires donde dos años atrás De la Rúa había arrasado en las urnas.

Sin el apoyo de su partido, De la Rúa presentó su renuncia al Congreso a las 19.45 del 20 de diciembre, luego de que los enfrentamientos entre manifestantes y efectivos policiales dejaran un saldo de 27 muertos y unos 2000 heridos.

La partida del primer mandatario de la Casa Rosada en un helicóptero quedaría grabada para siempre, como símbolo de un síndrome argentino, por el cual hasta hoy ningún presidente argentino de signo no peronista elegido por el pueblo ha podido concluir su mandato legal desde la existencia del peronismo en la vida política nacional.

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