NACIONAL

Published on febrero 11th, 2018 | by concordia7

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ENTRETELAS DE LA POLÍTICA: EL GOBIERNO VA A EXAMEN EN TODOS LOS FRENTES

Caminos. La administración de Cambiemos se apresta a enfrentar todos los pendientes que dejó 2017. (Ignacio Zuleta)

La pelea con Moyano la fortalecería, mientras que la oposición no puede capitalizar la perdida en la imagen positiva oficial.

El Gobierno entró en período de examen de las materias que se llevó en diciembre. Los frentes de pelea no pueden ser más excitantes, pero también terminales. Algunos rozan la superficie, la piel sensible del marketing, como la puja con Hugo Moyano, un regalo para quien quiera medrar en política. Otros, más de fondo, discuten la capacidad de armado del oficialismo en la construcción de su futuro mediato, que es la elección de 2019, en la cual Mauricio Macri aspira a un nuevo mandato. Esto compromete a sus relaciones con el radicalismo, hoy dividido en dos ejércitos, el de los gobernadores e intendentes, que dominan el partido con Alfredo Cornejo, y el ejército legislativo, aliados a ese gozne clave de cualquier articulación en Cambiemos, que se llama Elisa Carrió. Las relaciones están enrarecidas por la inminencia del período electoral, y se agarran, para probar fuerzas y hacer músculo, de asuntos ideológicos como quién debe transportar la electricidad, o qué hay que decir y hacer en el juicio por el presunto encubrimiento de la AMIA sobre algunos de los acusados. Quien arbitra es siempre Macri, a quien hay que leerle los labios. El miércoles volvió de Córdoba con un par de ministros y algún curioso más.

Moyano, el enemigo ideal, solo te hace crecer

Con un Gobierno tan afecto al marketing, que cree que gana las elecciones porque tiene el dedo más rápido del Oeste en el Twitter y Facebook, las apariciones de Moyano causan fruición. Verlo abrazado al kirchnerismo rancio y al Partido Obrero, cuando nació en cuna de la extrema derecha peronista, les hace creer que está en un momento de máxima debilidad. El jueves tocó otro cable pelado cuando su hijo Pablo —delegado para la acción directa— apareció con los dirigentes de las organizaciones sociales, con Juan Grabois a la cabeza. Si había una pelea de fondo en ese campo era entre el sindicalismo formal de la CGT y los jefes de esas organizaciones, que les disputan liderazgo, roles en la negociación con el Gobierno y, lo más importante, la calle. Ahora les cederán un turno de oratoria en la concentración del 21, cuando antes peleaban para tenerlos lejos del Consejo del Salario. En la mesa de análisis que terminó siendo la cena de festejo del cumpleaños de Macri el jueves por la noche, la conclusión fue que la aparición de Moyano por TV en el programa de Marcelo Bonelli lo mostró débil, como buscando una negociación. Quizás el hombre está quebrando el formato del sindicalismo argentino, que es un sistema que no nació para pelearse con nadie. El llorado “Buscapié” solía decir: “Me llamo Rubén Ignacio Cardozo 14250, ley de paritarias. No estoy pa’ pelear, estoy p’arreglar”. No se siente cómodo Moyano fuera del arreglo. Debería recordar otra máxima, del legendario e incansable explorador antártico Ernest Shakleton: “Más vale un burro vivo que un león muerto, ¿no?”.

La caída del Gobierno no alimenta a la oposición

La percepción del Gobierno es que el crecimiento del moyanismo conviene para aferrar apoyos en el electorado propio. La encuesta de la consultora de Gustavo Marangoni arroja un argumento para sostener esa hipótesis: si hoy hubiera elecciones, un 31,7% optaría por apoyar a candidatos de Cambiemos, cuando hace 12 meses lo hacía un 32,5% —menos de un punto de diferencia menos. Un 38%, en cambio, apoyaría a los candidatos de la oposición, cuando hace un año esa marca estaba en el 56,3%. Eso indica que el público castiga los movimientos de la oposición, pero mantiene más o menos el apoyo al oficialismo. Lo que ha cambiado es el número de indecisos. Hoy son 30,3% y hace un año eran el 11,2%. La muestra confirma los sondeos de otras firmas que señalan una crisis en el prestigio del oficialismo, pero lo pertinente es que el descenso es ínfimo si se lo compara con el de la oposición, que ha caído en adhesiones. La caída debe preocupar al Gobierno, pero más a la oposición. Para unos y otros los números señalan por dónde tienen que ir a buscar los votos que les faltan para 2019.

El desafío de Cambiemos es encontrar un producto para el peronismo no cristinista

Si estos números persisten en el tiempo, es donde van a asentar su estrategia oficialismo y oposición. La clave del triunfo de Cambiemos en 2015 se basó en la construcción del Partido del Ballotage sobre el arco del voto no peronista con un liderazgo y un programa unificado —que confrontó con un peronismo dividido. Existía entonces el segmento massista en su mejor momento desde 2013, que le restó votos a la fórmula Scioli-Zannini y fue aliado en varias provincias de Cambiemos en primera y segunda vuelta. Hoy ese factor no existe y ha sido perforado en el principal distrito donde actuaba, que es Buenos Aires. En 2017 el peronismo no cristinista perdió votos que alimentaron el 37% de Cristina de Kirchner en la elección a senador. Sergio Massa se fue a la casa, y del país, a perseguir bandoleros con el sheriff Giuliani. Randazzo no recupera la memoria cuando le preguntan por Julio de Vido en los juicios. Es un problema para el peronismo que Cristina junte, pero para perder. También es un problema para Cambiemos que el peronismo no cristinista tambalee en distritos grandes, y esté hoy arrinconado en provincias con menos votos. Hasta ahora Cambiemos se ha ocupado de alimentar a su electorado, y mantiene las adhesiones, como prueba la encuesta con esa leve caída de menos de un punto en un año. El desafío para repetir el 2015 es inventar ahora un producto electoral para esa franja que representó el massismo. El error es creer que las elecciones se pueden ganar con la billetera. Al peronismo le sobraba billetera en 2015 y perdió, porque el público vota por la política, no por la economía.

La política dejó de dar cobertura de impunidad

Tomar posición frente al sindicalismo es un negocio inocultable. Moyano desafía al Gobierno con el argumento de que maneja los jueces en su contra. Algo que nadie puede creer en serio. Sí cabe aclarar qué es lo que cambió entre este Macri y este Moyano, frente al Macri y al Moyano que convivieron en amistad durante años. Primero, que los jueces han asumido el cronograma electoral como propio, y lo arrinconan ahora al sindicalista por cuestiones que antes habían dejado pasar. ¿Qué pasó? Que Cambiemos ganó las elecciones del año pasado y que la posibilidad de reelección está a la vista. Hay también otro tipo de poder en el Ejecutivo, frente al gobierno anterior. El peronismo, gobernando o no, considera al sindicalismo peronista como un aliado. Lo prebendaron con fondos y facilidades como las que lograron el gremio de Moyano o el del “Caballo” Suárez. Esa relación no existe más porque el Gobierno ha dejado de extender la cobertura de impunidad que, aunque se niegue, el peronismo les dio a los gremios. Para ellos, las peleas con el sindicalismo eran pujas internas. Para este gobierno, no. Por eso Macri le dice a cada visitante que le pregunta sobre Moyano: “Es él o yo, y quien empezó la pelea fue él”. No es fácil que esto se entienda si no se tiene cuenta que en diciembre de 2015 no hubo un mero relevo de gobierno: a partir de ese momento Cambiemos intenta un cambio de sistema.

Picardías con el DNU, que rige y ya genera derechos

En esas mesas del oficialismo, que se extenderán desde la semana que viene en el encierro del Gabinete en Chapadmalal y con Mario Quintana de regreso de sus vacaciones, se ajustarán las consecuencias del receso de verano, que fue el más pacífico en varios años, pero que ha dejado sus secuelas. En el Congreso, el Gobierno logró, mediante picardías imperceptibles pero eficientes, dejar firme hasta nuevo aviso el polémico DNU de desregulaciones múltiples. Tiene ocho votos a favor y ocho en contra, de los cuales seis son del bloque peronista de Miguel Pichetto, otro en disidencia de Pablo Kosiner, del bloque de los gobernadores, y uno de la salteña, también peronista, María Cristina Fiore Viñuales. Desempata el radical Luis Naidenhoff con la promesa de que los temas conflictivos de ese DNU serán objeto de proyectos de ley. Pero hasta que se haga el desguace, los efectos del DNU ya operan. Se acortan los plazos de licitaciones de los contratos PPP (Participación Público-Privada); se autorizan aeropuertos para los vuelos de bajo costo, se pueden traficar obras de arte —algo que tranquiliza a algún consultor del oficialismo— y puede ampliarse la gama de inversiones del Fondo de Garantías del ANSES. Todos hablan, pero el DNU ni pide upa, porque ya camina.

Cristina puede ser autoridad en el Senado

En el rubro de las picardías hay algún costo. El peronismo romerista logró que la senadora Fiore entrara a la comisión de los DNU e hizo detonar a Adolfo Rodríguez Saá, que quería ese puesto. Dejó el interbloque que compartía con Juan Carlos Romero, Carlos Reutemann y otros “federales” para hacer rancho aparte. De esta manera el interbloque pierde la tercera minoría, que pasa a manos del Frente para la Victoria. Eso significa perder la vicepresidencia 2ª de la cámara, que pasa a la bancada que anima Cristina de Kirchner. Esta novedad puso en actividad a todos los bloques, porque la ex presidente está en condiciones de asumir ese cargo en la mesa de conducción de la Cámara. El miércoles que viene, cuando haya terminado el Carnaval, tienen previsto reunirse Federico Pinedo y Miguel Pichetto para analizar la integración de las comisiones de la Cámara, y para abrir las conversaciones con todos los bloques, a fin de armar la nueva conducción que se formalizará en la sesión preparatoria del 28 de febrero. Pinedo tiene asegurada la presidencia provisional, Pichetto pone al vicepresidente —no se sabe quién será porque dejó la Cámara Gerardo Zamora para ser gobernador de Santiago del Estero—, el vice 1° lo pone la UCR y repetirá Juan Carlos Marino, y la vice 2ª puede ir a Cristina o a quien ella diga.


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