ELECCIONES 2019: «ES EL PERONISMO, ESTÚPIDO»

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Contra la pared, Macri tiró el marketing duranbarbista por la borda y se abrazó a un símbolo del peronismo ortodoxo. -Ignacio Fidanza-

Se lo puede acusar de caprichoso, pero no de suicida. Luego de tres años y medio exactos de rechazarle la propuesta del Pacto del Bicentenario que le planeó al inicio de su mandato, Macri decidió que Miguel Pichetto era el compañero de fórmula ideal, por todas la razones que antes esgrimía para mantenerlo lejos. Que en esencia remiten a una: es demasiado peronista.

Pero cuidado, no se trata de una crítica. En el borde del abismo Macri tuvo un muy saludable ataque de pragmatismo y no dudó en girar en el último segundo, dejando que los fanáticos de la grieta y el antiperonismo de celular, cayeran por el despeñadero sin siquiera darles las gracias por los servicios prestados. Claro que es el destino habitual de los que se disfrazan de fanáticos, para asegurarse márgenes de confort sin tener que esforzarse en pensar o trabajar. Como si nadie se diera cuenta.

La elección de Pichetto además de implicar una monumental autocrítica, es eficaz en términos políticos. Le permite a Macri recuperar la iniciativa política que había perdido desde que Cristina Kirchner se bajó de la candidatura a presidente y le abre un canal de diálogo inmejorable con gobernadores, sindicalistas y peronistas clásicos. Los mismos que siempre estuvieron para acordar y que Marcos Peña y Durán Barba desdeñaron con su tendencia a priorizar el escenario mediático por sobre las políticas de Estado. La paradoja es que en el límite, no fue Facebook, ni los trolls ni Whatsapp. El chaleco salvavidas lo acercó un señor que como el propio Macri se encarga de enumerar en un viejo video ahora viralizado, estuvo con «todos» los gobiernos peronistas. Es decir, un político profesional.

Es posible que hoy Macri haya terminado con el PRO como lo conocíamos y en el mismo movimiento pasado a retiro a varios generales, que acaso todavía no se dieron cuenta que su tiempo terminó.

Elegir a Pichetto es elegir a Frigerio, a Monzó, a Cornejo, a Sanz, a Massot. Es darle la razón a todos los que Macri ubicó un escalón debajo del mandato tecnológico de Marcos Peña. Es tal vez un giro oportunista hijo de la necesidad, pero cristalizado en una fórmula presidencial.

Pero también se puede pensar que es el primer indicio de un registro de la realidad más profundo. Así como se gobernó hasta ahora, no se puede seguir. Sólo con los propios es más sólo que propios. Morales, Sanz y en menor medida Cornejo fueron determinantes para que Macri aceptara llevar a Pichetto. Presionaron fuerte de manera pública y en privado. El gobierno midió la fórmula hace quince días y este martes cayó la decisión. Antes habían evaluado postularlo a senador por Río Negro, pero esa opción no prosperó por dificultades políticas en el territorio.

El círculo de «amigos» de Macri, siempre en tensión con Peña y Durán Barba, también empujó el giro pragmático. El cambio político que plantea a la coalición que hegemoniza el PRO la presencia de Pichetto en la fórmula es tan significativo, que este mismo martes desde la Casa Rosada tuvieron que reconocer que Cambiemos podría hasta cambiar de nombre. Difícil imaginar al senador bailando y pateando globos.

Confirmado el ofrecimiento, Pichetto habló con varios gobernadores. «Qué bueno que esté Miguel en la fórmula, así si gana Macri vamos a tener alguien normal en la Rosada para hablar y que no nos quiera meter presos», contestó con alivio uno de ellos.

El senador inició así un duelo silencioso con Alberto Fernández. Dos operadores peronistas cruzados en las fórmulas que se verán la cara en octubre. Es el peronismo, estúpido, es el título de un libro que se volvió contra su autor, pero es también la tardía madurez de entender que se gobierna el país que existe, no el que se quiere.

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