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Published on julio 20th, 2018 | by concordia7

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EL CELESTE EL VERDE EL TEMPLO LA VIOLENCIA Y EL FANATISMO

La por momentos inútil discusión sobre la legalidad del aborto, llega a lugares de los que no se vuelve. Inútil porque los sectores en pugna no se escuchan, al contrario, se agreden. (J.M.H.)

Galileo ante el tribunal de la Inquisición E ppur si muove , “sin embargo se mueve”.

Hace ya tiempo que ambos grupos a un lado y otro del proyecto de ley, dejaron de escucharse, dejaron de enriquecerse con el aporte del otro, hace rato que ambos se ignoran, como si ese mecanismo garantizara el triunfo de una posición determinada.

Cuando eso ocurre, llega el tiempo de reflexionar el porqué de semejante estadío, de elaborar mecanismos que retrotraigan la situación al punto de diálogo, de consensos, de enriquecimientos de propuestas conteniendo ambas miradas. Nada de eso ocurre, todo es cada vez más grave, como una larga caída en espiral hacia lo más profundo de las bajezas humanas.

Hace poco me tocó plantarme en redes sociales, con personas de mi conocimiento, ya que se pregonaba una posición tomada desde lo personal, en un grupo que nació con otro fin, es más, mi cansancio no llegó por la postura en sí sobre el tema, sino que se produce por las herramientas usadas para justificar la posición.

El caso es que se podía ver un video, que aún es viralizado en las redes, con palabras de un reconocido miembro de la iglesia argentina, en donde atacaba lisa y llanamente en forma baja, a quienes esgrimen la posición contraria, lo que no reparan quienes difunden ese tipo de imágenes, es que ese mismo personaje, en nombre de las “2 vidas”, no hace mucho aplaudía todos y cada uno de los actos de la dictadura asesina que asoló nuestro país, como también es el portador de los planteos más extremistas y fundamentalistas con temas como la sexualidad, la homosexualidad y todo aquello que se ponga en duda de lo que defiende una dudosa dirigencia eclesiástica argentina.

Pero lo que más me indignó y me asombró, fue ver imágenes de una joven salvajemente atacada por otra, por la sola razón de llevar un pañuelo verde, dos jóvenes argentinas de muy humilde condición social, enfrentadas, con aquella que decía defender la vida, poniendo en peligro la integridad física de su “contrincante” de ideas, lamentable, pero más lamentable son aquellos personajes que, desde el poder de un púlpito, de un cargo, de una posición dominante sobre semejantes, induce a este tipo de conductas, rayanas en el fanatismo atávico de los fundamentalismos religiosos, ideológicos y de clases.

Hace pocos días tuvimos que escuchar a otro miembro de la iglesia decir que, si la mentada legalización o despenalización del aborto se lograba, todos aquellos que votaran a favor serían excomulgados de la iglesia, incluyendo al mismísimo presidente Macri, quien hoy aparece como el máximo responsable, por el solo hecho de alentar el debate en los ámbitos en que se debe debatir.

No hemos visto a la iglesia excomulgar a médicos que practican abortos, cosa que saben hace mucho, es más, muchos son de misa diaria, como lo son muchas mujeres que lo han practicado, pero nada de eso merece sanción de la iglesia argentina.

No hemos visto a los mismos predicadores pedir por la vida cuando se declara la muerte cerebral y se donan órganos para la sobrevivencia de semejantes, nada dicen cuando sus seguidores piden la pena de muerte a determinados delincuentes por delitos graves.

Ni hablar de haber escuchado reflexiones sobre los asesinatos, muertes y persecuciones por motivos religiosos en determinados momentos de la historia lejana y no tan lejana.

Nada se escucha cuando las grandes potencias matan por el petróleo en regiones donde se profesan otros credos, salvo algunas excepciones que no hacen a la regla general de lo que debe ser una iglesia.

Quizá ese mismo silencio cómplice en todos esos casos fue el que anidó y desarrolló el actual fanatismo practicado en nombre de defender la vida, y practicado con mayor violencia en aquellos sectores bajos, donde alguien necesita, por tantas carencias, aferrarse a algo, aunque se llame fe, pero que termina siendo violenta cuando un semejante piensa distinto.

Ojalá que aquellos que se suben a determinados lugares que los ponen por encima de una sociedad, vuelvan al llano, junto a sus semejantes, porque hasta el momento, todo lo fanatizado que se plantea el debate, se ven como una legión de soldados ciegos, arremetiendo contra el resto, sin saber que los “generales” que los mandan a la “batalla” en realidad defienden privilegios logrados desde la presión del poder, muchas veces emparentados con razones meramente económicas.


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