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Published on mayo 30th, 2018 | by concordia7

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CUANDO URRIBARRI HABLA DE ESTAFA… ¿DE QUE ESTAFA HABLA?

En el tema tarifas, aportando algún que otro dato subjetivo, dependiendo con que se los compare, el exgobernador Sergio Urribarri afirmó que se asiste a una “estafa al pueblo argentino”. (J.M.H.)

Sergio Urribarri parece ver, detrás de un mano a mano con la ex presidente, previo a sus declaraciones, la posibilidad de apostar a la falta de memoria del pueblo entrerriano, enancándose en una problemática que reluce por las propias impericias gubernamentales, antes que en una autocrítica de su gestión en el tema o sobre su falta de justificación de sus dineros personales.

Hablar de estafa, en boca de Urribarri, resulta por lo menos, paradójico, cuando su situación judicial es justamente difícil, si de estafa hablamos.

Estafa según el código penal: “Cometen estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno. El delito de estafa se encuentra tipificado en los art. 172 al 174 del Código penal”.

Estafa según el diccionario: “vocablo relacionado con el verbo estafar (obtener riquezas a través de una trampa o un ardid, cometer un delito mediante el abuso de confianza o la mentira). La persona que comete una estafa se conoce como estafador”.

El ex mandatario debería explicar, ya que él solito se metió en el uso amplio de la palabra, como cataloga el los delitos que se le imputan ante estrados judiciales y que lo tienen al borde del juicio oral, porque más allá de la terminología de los cargos de los que se lo acusa, en el barrio se conoce al mecanismo del manejo de publicidad de gobierno o “causa de la vaca”, como una simple y gigantesca estafa, estafa al estado en provecho personal, estafa a las normas de manejo de la cosa pública, estafa a quienes creyeron en su discurso y que lo colocaron durante ocho años en el sillón de Ramírez.

Si de hablar de estafas se trata, debería ampliar sus declaraciones sobre posibles estafas en tarifas de energía, al momento en que no puede explicar el desarrollo vertiginoso de su crecimiento patrimonial, el de sus vínculos familiares y de su círculo de influencia de amistades y funcionarios a su cargo.

En este punto, ni siquiera buscar aquellos posibles dineros y riquezas llamadas “en negro”, el punto es que no hay explicación de lo que tiene declarado, en blanco, o reiterando el léxico barrial, al que el ex gobernador es afecto, no le cierran los números, a quien declara millones en dinero y propiedades, cuando llegó a la función pública hace más de 25 años siendo un simple empleado bancario. No conozco funcionarios públicos, de los llamados honrados, que salgan millonarios luego de pasar por el estado, sin conocerles otra actividad.

Tampoco recuerda cuando habla de estafa, cuanto quedó en el camino entre lo que, como gobernador compraba de energía a la nación, y a cuanto se la vendía a sus gobernados, que en todos los casos y durante ocho años, por lo menos triplicaba el precio entre la compra y la venta.

Sería saludable que hable de los fondos excedentes de CAFESG, cuanto resignó de recibir de la nación de su referente máxima, en ese concepto, por no reclamar lo que marca la ley, y que a ese accionar le ponga nombre, sea el de estafa o el que el crea que corresponda, pero claramente fueron fondos perdidos de millones durante el período del 2003 en adelante y hasta la fecha, ya que su sucesor tampoco hace los reclamos que corresponden en ese ítem.

Finalmente, lo que él llama estafa, debería llevarlos ante los estrados a los responsables, ya que quien, ejerciendo cargos públicos, declara en la forma en que él lo hace, se convierte en cómplice de posibles delitos graves que solo toman escenario mediático, pero sin efectos conducentes ante la justicia.

No tengo dudas de los gruesos errores y hasta posibles maniobras que este gobierno lleva adelante en política de tarifas, están al borde del abismo e insisten en dar un paso al frente. Son imperdonables la serie de errores sistematizados que cometen en este sentido, lo que también da que pensar si la persistencia no es casualidad.

Lo que es inadmisible es que alguien que pasó en dos períodos por la gobernación, que dejó la provincia quebrada, según su propio compañero de ruta, el actual gobernador, que no puede justificar, hasta acá, ninguno de los cargos graves que lo tienen deambulando por los pasillos de tribunales, se ponga alegremente a tirar la terminología de “estafa”, sin mirarse en su propio espejo, y por el solo hecho de haberse reunido con su siempre ponderada líder, la cual también debería mirarse en el espejo de su política de tarifas sufridas y repasar junto a su acrítico referente provincial, los alcances de estafa, cosa de tener, una vez más, la oportunidad de callarse la boca, no por el contenido, sino por la mínima autoridad moral que se debe tener a la hora de usar y abusar de determinados vocablos de peso en nuestro idioma.


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