EDITORIAL

Published on mayo 16th, 2018 | by concordia7

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CUANDO MACRI HABLA DE ACUERDOS, CONSENSOS Y UNIDAD, ¿DE QUE HABLA?

El presidente Macri, ocupa todas las pantallas de tv, radios, portales, explicando ahora, que hace falta un gran acuerdo de unidad nacional. La pregunta es, en realidad, si hay una sola mirada e interpretación de unidad. (J.M.H.)

Aquella apuesta al gradualismo conque nació el gobierno de Macri, se chocó de frente y a máxima velocidad, con la realidad de un país distinto, diversificado, aislado en sectores sociales, económicos y políticos, pero no aislados por falta de diálogo, que lo hay, sino aislado entre si, como compartimento estanco uno de otros, por el propio egoismo de clases, corporaciones, sectores políticos y empresariales que solo son capaces de mirarse su propio ombligo.

Aquel gradualismo se fue convirtiendo a velocidad crucero, en favoritismos, en lentitud de ajustes en sectores afines, y shock desde el desconocimiento, sobre amplias franjas de la población, que ya sentía desde hace tiempo la mochila del esfuerzo unidireccionado.

Macri y su círculo áulico, se fueron fortaleciendo como grupo político, a merced de gestiones anteriores, adversarios impunes y aliados debilitados. Como contrapeso, minaba simultaneamente y a la par de que acumulaba en su imagen positiva, con gruesos errores en tiempo, formas y modos en cuanto a la aplicación de medidas.

Era ostensible la excibición de favoritismos en la toma de decisiones, a medida que crecían en las encuestas, dejando a un lado del camino a quienes fueron pata imprescindible para llegar al poder, como la UCR, único partido estructurado a lo largo y ancho del país, en forma orgánica, como integrante de la alianza electoral, algo que ya de por si es incomprensible, “tengo aliados para que me sumen al triunfo, pero gobierno solo”, ese fue el mensaje desde un principio, luego, como si no fuera suficiente, fueron por aquellos que mas aguda mirada política tienen sobre el conjunto de la sociedad, y así perdían protagonismo todo aquel que no fuera PRO paladar negro, altamente empapado de tecnología virtual y lejos de cualquier estereotipo de política clásica.

Hoy, viendo que el poder no es empresa, y que los propios amigos de grandes fondos, defienden sus privilegios, cueste lo que cueste, incluyendo “amistad”, y transitando el momento de mayor debilidad institucional y de peso electoral en caída, convoca a la “unidad”.

El escenario muestra entonces, un gobierno que llama a una unidad por definir en si misma, en el momento de mayor debilidad, cuando estas convocatorias, todo manual lo indica desde tiempos inmemoriables, se realizan en momentos de fortaleza general del gobierno, a fín de no tener que ceder mas de la cuenta, ante presiones sectoriales y corporativas. Ergo, el gobierno vuelve a equivocarse en los tiempos, formas y modos, pero allá van los Sanz, Morales, Monzó, los Barrionuevos del sindicalismo, vía el ministro Triaca, y esperando que algún gobernador, hoy ya con la guardia alta y con desgastes propios a cuestas, se sumen a una unidad que nadie sabe de que se trata.

Es imposible hacer política sin políticos, parece que el gobierno comienza a entenderlo, ahora, el gobierno debe entender que sentar a la mesa de posibles consensos, significa escuchar cosas que no le gustan y actuar sobre lo que escucha, no será una mesa de monaguillos obedientes, se sentarán adversarios, miradas distintas, intereses diversos y largos reclamos indefinidamente postergados.

Si el gobierno, dejando su propia lógica de “haganme caso que yo puedo”, es capáz de compatibilizar diferencias, equilibrar costos, distribuir equitativamente lo poco por ditribuir, con mirada y acción hacia el “interés general”, tal vez estemos ante la presencia de un presidente que, al igual que en su triunfo de 2015, hizo fortaleza de sus debilidades intrínsecas, para ganar, hoy avance en formas de menos poder hegemónico, pero mas responsabilidad conjunta en los caminos por recorrer.

Alguien con mucho poder de síntesis le diría… mas Winston Churchill, por aquello de “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (en inglés blood, toil, tears and sweat) famosa expresión utilizada en un histórico discurso del primer ministro británico ante la Casa de los Comunes (la cámara baja del Parlamento del Reino Unido), el 13 de mayo de 1940, tras reemplazar a Neville Chamberlain como primer ministro, en el contexto de la batalla de Francia, ocho meses después de haber comenzado la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas aliadas estaban experimentando continuas derrotas frente a la Alemania nazi.

Pero mucho menos de lógica marketinera para ganar elecciones, o simplemente, mucho menos DURÁN BARBA y su círculo de hacedores de estrategias de bajo vuelo.


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