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EDITORIAL

Published on septiembre 14th, 2017 | by concordia7

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CRISTINA O: TRIBULACIONES, LAMENTO Y OCASO DE UN TONTO REY IMAGINARIO, O NO

Seguí toda la entrevista a la ex-presidente, luego repasé los párrafos “salientes”, diría el veterano periodista, y todo lo visto y escuchado me hizo encarar esta columna desde otro lado, ya que no me permito analizar la hipocresía explicita. (J.M.H.)

En 1973 Sui Generis lanzó al mercado “Confesiones de Invierno”, un disco que hizo época y en el que se incluyó un tema titulado “Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario o no”.

A través de los años escuché muchas cosas sobre la letra de la canción. Para muchos es una alusión directa a Luis XVI de Francia y la Revolución Francesa. Es muy probable. Aunque Charly García (el autor de la letra) ha dicho también que es una alusión a él mismo cuando fue nombrado Rey del Palacio de la Papa Frita. Yo prefiero quedarme con mi propia “versión”.

Creo que “el gran bigote bicolor” tuvo sus acostumbrados viajes al futuro, y ya de vuelta solo le puso letra a lo que vío durante 12 años. Era demasiado para el gran Charly adelantar tanta hipocresía explicita, fiel a su estilo, tomó los meandros de lo criptico, sabiendo que una sociedad puede no estar preparada para tanta mentira acumulada.

El dar la espalda de un pueblo contra su gobernante no responde de modo inmediato ni a formas de gobierno ni a cuestiones ideológicas.

Luis XVI ya se había sometido a la soberanía de la Asamblea General en 1789 y aceptado la Constitución de Francia. Se lo había aceptado como “Rey de los Franceses”. Pero, muy posiblemente, su falta de identificación con la expectativas, deseos y angustias de su pueblo determinaron su caída definitiva.

Del mismo modo, el abandono popular no tiene un claro signo político o ideológico. Tampoco es exclusivamente contra regímenes militares o monárquicos.

Uno de los puntos distintivos de las revueltas es el alejamiento del gobernante respecto de su pueblo. En muchos casos la historia muestra un inicio en el que el gobernante surge de las entrañas de su pueblo, es aceptado como líder y por eso se le confía el poder de gobernar. Pero con el paso del tiempo el gobernante se asienta en su puesto, comienza a olvidarse de los orígenes y se distancia de su pueblo.

Es la distancia entre quienes ejercen el poder y aquellos en nombre de quienes debieran ejercerlo.

De la misma manera han sido desplazados gobiernos de izquierda que de derecha, monarquías, regímenes militares y gobernantes elegidos por el pueblo.

Cuando el gobernante se distancia de sus gobernados pierde legitimidad, y esa pérdida de legitimidad con el tiempo inexorablemente lleva a su derrocamiento.

Intentar ideologizar esta situación es aumentar esa distancia de la realidad e intentar generar una distracción para mantener una situación que en el tiempo será insostenible.

Con el distanciamiento, paralelamente se da la personalización del ejercicio del poder.

Se comienza actuando en nombre del “pueblo”. Progresivamente el pueblo es asumido en un concepto más abstracto que es la “patria”. Pero la patria rápidamente se confunde con el estado, el estado con el gobierno, y el gobierno con el gobernante.

Como fruto de esta progresión, criticar al gobernante es injuriar al estado, traicionar a la patria y volverle la espalda al pueblo. No, no es así.

El pueblo y la patria son completamente diferentes de sus gobernantes. La identificación de ambos es un abuso y una perversión del concepto de pueblo.

Muy por el contrario, quien no reconoce y rechaza los abusos del gobernante, traiciona al pueblo y da la espalda a la patria.

¿Dónde empieza y dónde termina el ejercicio personalista del poder?, ¿Qué es lo que determina que un líder popular se convierta en un déspota que traiciona a su propio pueblo?, ¿cuáles son los límites legítimos de la rebelión contra el gobernante, que no se constituye en traición a la patria?.

Muchas veces, gobernantes legítimamente elegidos, progresivamente se convierten en pequeños tiranos que buscan ejercer el poder cuasi-despótico sin aceptar el disenso, el diálogo como camino y la tolerancia como virtud. El problema es poder definir cuándo esto ocurre. Creo que algunos de los elementos que lo definen son los que se mencionan mas arriba.

No se debe asociar a ideologías o formas de representatividad. Responden a actitudes y formas de ejercer el poder de los gobernantes.

El distanciamiento y aislamiento respecto del pueblo, son un factor determinante.

El personalismo e identificación del gobernante con el estado y del estado con el pueblo son el síntoma más claro.

Sueño con gobernantes que caminen por las calles de su ciudad sin necesidad de custodias ni cordones policiales; que habiten en su casa, en medio del mismo barrio que los vió nacer; que tengan como principales referentes de la realidad a sus amigos de siempre, a los vecinos con los que tomaban mate, a sus compañeros de escuela.

Sueño con gobernantes que no “necesiten” multitud de asesores, secretarios y custodios; que no estén “urgidos” más que por escuchar a su pueblo; que no tengan más “gastos de representación” que los necesarios para vestir y viajar dignamente como cualquier otro ciudadano de su Patria.

Sueño con gobernantes que asuman su tarea como un servicio, que les preocupe desempeñarlo con dignidad (no me importa que se equivoquen), que se puedan retirar cumplido su servicio sin necesidad de justificaciones para volver a vivir con su familia en su barrio de siempre.

Por favor, no me digan que “la vida es sueño, y los sueños sueños son”. Prefiero pensar que en algunos lugares, esto, a veces, puede ser posible. Es posible, la última mitad del siglo XX y los inicios de este nos han mostrado que en algunos casos se puede. El asunto es que podamos convertir las excepciones y ejemplos en la regla.

TRIBULACIONES, LAMENTO Y OCASO DE UN TONTO REY IMAGINARIO, O NO (gracias Charly!!!)

Yo era el rey
De este lugar
Vivía en la cima
De la colina

Desde el palacio
Se veía el mar
Y en el jardín
La corte reía

Teníamos sol
Vino a granel
Y así pasábamos
Los días
Tomando el té
Ríendonos al fin
¿Por qué murió
la gente mía?
Yo era el rey
De este lugar
Aunque muy bien
No lo conocía
Y habían dicho
Que atrás del mar
El pueblo entero
Pedía comida

No los oí
Que vil razón
Les molestaba su
Barriga

Yo era su rey
Así lo dijo Dios
Yo era el amor
La luz divina

Yo era el rey
De este lugar
Hasta que un día
Llegaron ellos

Gente brutal
Sin corazón
Que destruyó
El mundo nuestro

¡Libertad!
¡Libertad!
Yo era el rey
De este lugar
Tenía cien capas
De seda fina
Y estoy desnudo
Si quieren verme
Bailando a través
De las colinas


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