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Published on noviembre 19th, 2018 | by concordia7

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CFK: ESQUIVANDO CAUSAS PREPARA 2019 ABRAZANDO “ENEMIGOS ÍNTIMOS”

Los planetas se alinean para que Cristina Kirchner juegue las elecciones y en la Casa Rosada celebran.

Se volvieron a encontrar justo 10 años después, como en la canción de Calamaro. No fue por casualidad y ninguno mostró su lado cortés, pero fue un punto de partida. Ahora, los dirigentes que pasan por el Instituto Patria y los pocos elegidos que acceden al living del departamento de Cristina Fernández de Kirchner en Recoleta, donde se realizan las reuniones confidenciales, cuentan que la ex Presidenta suele terminar las conversaciones con una frase: “Eso seguilo con Alberto”. Alberto Fernández está de regreso. Pero no es el único.

El tiempo en que Cristina era el pasado, el gran obstáculo para un gran armado opositor, ha quedado atrás. Quienes se alejaron espantados por los bolsos, los videos y los presos de la corrupción -mucho antes de los cuadernos y de los arrepentidos- ya no se espantan tanto.
Cristina tampoco es la que era antes de perder las últimas legislativas. Aquella ironía profética de Florencio Randazzo (“vas a perder con Gladys González”) no habría sido en vano. Hoy concede, avala y auspicia negociaciones con todos y todas. Su ex jefe de Gabinete forma parte de esas conversaciones. La premisa es: no importa de dónde vienen los que se sientan a la mesa, importa hacia dónde van. Es una forma particular de entender que todos pueden convivir bajo el mismo paraguas si al final del camino emerge una opción electoral para enfrentar a Mauricio Macri el año próximo.

Y así, aunque se arrastren años de enfrentamientos y no sea posible hacer desaparecer la desconfianza de un plumazo, poco a poco se van sumando. Algunos lo han hecho público y otros sólo lo han confesado en privado: si no puedes con tu enemiga, únete a ella. El mensaje que dejan correr es que la ex Presidenta debe ser incluida como parte de un amplio frente para competir con Cambiemos, pero es evidente que cuando dicen “debe ser incluida” están asumiendo que van a ser conducidos por ella.

La lista es larga y, acaso, excéntrica. Se mezclan viejos kirchneristas con dirigentes que durante varias elecciones los enfrentaron en las urnas. El caso de Felipe Solá es emblemático. Renunció a su banca de diputado en 2009, antes de la reelección de Cristina, para volver a presentarse de la mano de Macri y Francisco de Narváez. En aquella contienda compitió contra Kirchner-Scioli-Massa. Cuatro años más tarde, Solá renovó su banca gracias a Massa, que entonces rompió con los K, y también con el sello del Frente Renovador fue elegido el año pasado; pero hace semanas anunció que se iba para crear un nuevo espacio, en verdad una sutil jugada, previa a confluir de nuevo con el kirchnerismo. Lo hizo junto a Facundo Moyano, que el lunes mantuvo una reunión con la ex presidenta. La presencia de un Moyano en el Instituto Patria habla por sí sola. El clan Moyano no tiene plan B para 2019.

Pero entre quienes coquetean con Cristina también aparecen dirigentes que durante largos años se ofendían, con motivos podría decirse, cuando se los vinculaba con ese universo. Entre ellos, Fernando “Pino” Solanas, que días atrás le abrió sin más las puertas al FPV vía Twitter (¿buscará renovar la banca de senador que conquistó junto a Elisa Carrió?). Juan Grabois, amigo del Papa Francisco y defensor de los valores tradicionales de la Iglesia Católica, también saltó al cristinismo, aunque ya tuvo dolores de cabeza con Julio de Vido y La Cámpora. Otra que retomó líneas de comunicación es Victoria Donda, promotora como pocas del aborto legal y gratuito, que en los últimos cuatro años pasó de caminar las playas con Alfonso Prat-Gay a ser oradora de los actos massistas. Hoy sostiene que con Cristina no tiene diálogo, pero confiesa que sí conversa con Solá, para quien no hay futuro posible si no se produce una alianza con la ex mandataria.

En las charlas cristinistas también aparece el Movimiento Evita, la poderosa agrupación que comandan Emilio Pérsico y Fernando Navarro, con raíces en buena parte del Conurbano. La parábola del Evita es llamativa: se alejó del cristinismo apenas se concretó la derrota de Daniel Scioli y ensayó una crítica por los casos de corrupción. En 2017, incluso, sus dirigentes fueron durísimos con Jorge Taiana por haber sido parte de la lista de Cristina. En el medio, la ex presidenta fue varias veces procesada. No fue impedimento para retomar el romance.

Así, los planetas comienzan a alinearse para que Cristina sea candidata en 2019. Nadie lo dice abiertamente, mucho menos ella, que ha hecho un culto de ese misterio de estirar la definición hasta el último minuto antes de cada proceso electoral. La historia demuestra que siempre terminó siendo candidata y no hay encuesta que no la ubique como la principal referente opositora, aunque con un alto techo de imagen negativa.

En la Casa Rosada siguen con atención cada zigzagueo opositor. La posibilidad de que el kirchnerismo se reagrupe dibuja una sonrisa en el poder. A falta de resultados económicos y frente a la pérdida de imagen pública presidencial, nunca viene mal la reaparición de su clásica rival. Es exactamente por lo que vienen bregando, más allá de que existe una implícita consigna para que ningún ministro o referente de Cambiemos alimente esa hipótesis. Mucho más después de que Carrió agitó el fantasma de que un sector del oficialismo prefiere que no se haga justicia con tal de que Cristina compita.

Las negociaciones en el peronismo tampoco fueron una sorpresa para el macrismo. Así lo explica un ministro de diálogo cotidiano con el Presidente: “No nos altera. Descontamos que ella se va a presentar. No existe una tercera posición. No hay demanda. Estos movimientos confirman nuestra teoría principal. Y estamos tranquilos con este escenario, independientemente de si nos conviene o no en lo electoral o lo económico”.

El ritmo de la actividad es un punto de fuertes desencuentros en el Ejecutivo. Hay quienes creen que la sola presencia de Cristina complicará, ya no solo la llegada de inversiones, sino los planes de crecimiento para el segundo semestre del año que viene. Si eso fuera así, Macri debería olvidarse de inaugurar la campaña con promesas de un futuro mejor. Al menos en el plano económico.

El escenario ideal para el macrismo es con un peronismo dividido. En ese sentido, la jugada del kirchnerismo y el massismo para arrebatarle al oficialismo un puesto clave en el Consejo de la Magistratura encendió luces anaranjadas. Hay peronistas que le vienen pidiendo al tigrense que deje de lado su “capricho” de ser presidente y que empiece a mirar la provincia de Buenos Aires. Massa se resiste. Lo tomo casi como una provocación. Incluso hasta estaría dispuesto a no jugar en 2019 si ve que el escenario no lo favorece. Pero a la Provincia no tiene pensado bajar.

El líder del Frente Renovador continúa trabajando en el armado propio junto a Juan Schiaretti, Miguel Angel Pichetto y Juan Manuel Urtubey. “Una tercera vía es posible”, insisten a su lado. Cualquier otra maniobra, aseguran, es funcional para que Macri se quede en el poder otros cuatro años. La nueva estructura peronista tendrá otra foto en los próximos días. Sus cuatro fundadores compartirán una actividad con los gobernadores Juan Manzur, de Tucumán, y Gustavo Bordet, de Entre Ríos. “Con Cristina no vamos”, anticipan.

Un punto de acuerdo tienen, de todos modos. Difícilmente haya dardos de un campamento a otro. Acaban de sellar un pacto de no agresión.


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