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Published on octubre 15th, 2018 | by concordia7

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CAMBIEMOS: INTERNA PRECOZ

El liderazgo de Macri enfrenta el asedio de Vidal, Larreta y los radicales. Pero el agua está fría. -Ignacio Fidanza-

Este fin de semana la gobernadora María Eugenia Vidal le informo al presidente Macri, a través de coincidentes trascendidos en los diarios, que hasta acá llego el amor. Se la puede acusar de demora, no de traición. Vidal paso de ser la niña mimada de Macri, a víctima propiciatoria a desangrar en la pirámide azteca del ajuste acordado con el FMI.

A principios de este año el ministro Nicolás Dujovne le impidió cerrar la paritaria docente apenas por arriba del 20 por ciento más cláusula gatillo. “Es 15 por ciento sin gatillo”, fue la orden fulminante que recibió Federico Salvai, mano derecha de la gobernadora. Luego vino la primera devaluación y el 25 por ciento que pedía Baradel casi sonaba tímido. Pero la inflexibilidad del ministro continuó. Después voló todo por el aire y Vidal terminará el 2018 con mas de un mes de paro y probablemente la paritaria sin cerrar. Con este antecedente, nadie sabe en su gobierno como encarar esa negociación crucial en el 2019.

“Yo no manejo la macroeconomía”, mastica Vidal. Aunque bien mirado el error no fue la indicación de Dujovne, sino su mansedumbre para aceptarla. Es una líder electa, no una funcionaria del Presidente. Lo que había decidido -un acuerdo realista con los docentes- era prudente y hubiera ahorrado a los chicos de la provincia un año caótico. Para que se entienda, lo que hizo crisis en Vidal es el modelo de mejor alumna. Las leonas son cualquier cosa, menos buenas alumnas.

Macri, con el soporte tecnológico de Marcos Peña, sabe administrar esa pulsión por agradar al jefe aún por encima de los propios intereses, típica de la cultura corporativa. La escenificación de aquellas dos fotos en Cumelén -con Vidal en el living arropada en sonrisas cálidas, con Larreta en la mesa recibiendo rigor de auditoria- fue un ejemplo de los buenos tiempos de ese dispositivo, cuando la Jefatura de Gabinete canalizaba los favores y enojos del rey.

Entraron por el aro y ahora se dan cuenta que la política es algo mas que hacer lo que quiere Mauricio. Larreta, cerebral, siempre lo supo y por eso recibió frío. Su parábola no es la de colegiala ejemplar que se vuelve estrella del Punk Rock y toma por asalto la dirección del colegio. Larreta es el tercer cerdito de la fábula del que todos se burlan, mientras construye una casa de ladrillo. Día a día se ubica en el lugar de lo sólido, el resguardo y el futuro. “El problema es que no pasa la pantalla y ese no es un problema menor para un candidato presidencial”, reflexionan cerca de Vidal.

La docilidad de la gobernadora llegó hasta ese extravagante fin de semana -incluso para estándares argentinos- en el que Macri amenazó con cambiar todo el gabinete para no cambiar nada. “Necesitamos un ministro de Economía con más volumen”, le dijo Vidal al Presidente. Pero seamos justos: Dujovne es Marcos Peña que es Macri. Hacerse el distraído es un recurso válido cuando se hace política, pero no modifica la naturaleza real de las peleas de poder. Bien administrado, logra postergar pulseadas que se saben definitorias. Acaso estemos en presencia de una tensión de esas características.

Una tensión a la que se subió alborozada Lilita Carrió, experta en transitar los reacomodamientos que tantea el poder real. “Cuiden a María Eugenia Vidal”, pidió la diputada desde la mesa de Mirtha Legrand. Hábil, agregó una frase que transparenta la discusión que cruza el futuro de la gobernadora: “Es lo mejor que le pudo pasar a la Argentina y a la Provincia de Buenos Aires”.

Vidal es una amenaza y una oportunidad para Macri. Puede ser la figura para que Cambiemos recree expectativas agotadas. Puede jubilarlo y al mismo tiempo darle el salvoconducto histórico de presidente sacrificado en la transición, de salida del populismo. Y a volver a disfrutar la vida. No es poco. Macri debería pensarlo. La mejor manera de superar una revancha es no necesitarla.

Pero no es lo que se ve. Macri dejó correr la denuncia por aportes ilegales contra Vidal e impuso a la provincia el grueso del ajuste.

Vidal es la candidata de un sector muy preciso del establishment -con o sin su consentimiento- para enfrentar a una Cristina que aupada en los pésimos indicadores económicos y sociales de Cambiemos, aparece como opción electoral real. Una Cristina que les provoca pánico. Vidal mide. Larreta es respetado. ¿Y si se ponen de acuerdo?.

Los radicales, como siempre, allá van con su plan de socio minoritario. Ahora encontraron en Lousteau un piso -imaginan- de diez puntos país.

Pero el agua está fría. Caminan sobre un papel transparente que todavía no terminó de copiar la profundidad de la crisis. En el gobierno reconocen que en los próximos seis meses -otra vez el mantra del semestre- vendrá lo más duro, como quien comenta el pronóstico. “Yo soy responsable del timón, no de las tormentas”, se justificaba un ex presidente de México. Hasta en eso no ha sido original la maquinaria de la Casa Rosada, que paso de la arrogancia obamista, a una zona gris entre la autocrítica y el deseo mal disimulado de revancha.

“Todos quieren todo, pero el agua está fría”, explicó una de las mentes más brillantes de Cambiemos, luego de salir del supermercado. El lugar donde los trolls se estrellan contra la góndola. Donde la cercanía se vuelve radiactiva.


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