EDITORIAL

Published on diciembre 18th, 2017 | by concordia7

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“ALGO PERSONAL”

Cuando la impunidad cubre un país solo campea la tristeza de la sociedad. (J.M.H.)

Impunidad, dentro y fuera del congreso, impunidad de políticos que creen que todo es cuestión de discursos, impunidad en las calles, impunidad de marginalidad que supieron construir, como mano de obra para la desestabilización social.

El reloj marcaba las 13,20 hs, la normalidad era total dentro del marco de una movilización de protesta por una ley a tratar, las columnas se agolpaban poco a poco, rodeando el congreso nacional, cada vez mas cerca de las vallas metalicas, detrás de las mismas, se sucedían cordones de la policía porteña, sin armamento alguno, sin balas de goma, sin apoyo de infantería, sin nada, la orden era solo resistir en caso de avance de las columnas.

Y las columnas de la izquierda nostalgica de tiempos peores avanzaron, avanzaron poniendo como carne de cañón a todos aquellos sectores sociales marginales que supieron construir a lo largo de décadas, de falsas promesas a cambio de migajas en comodas cuotas, con nietos que no vieron a sus padres y abuelos trabajar, construir familias, educarse, desarrollarse.

A las 13,26 hs todo se desmadró, cayeron las vallas, caían las piedras, con ondas, con masas que rompían veredas para armarse de proyectiles, empezaban a caer los primeros policías, heridos por una lluvia de proyectiles, que iban desde piedras, baldozas, bulones, tuercas, bombas molotov, todo contra una policía que, desde ese momento, 13,26 hs, y aún siendo las 16,25 hs, sigue resistiendo y evitando que la marginalidad social, política e intolerante, avance sobre el edificio del congreso.

2500 policías resisten con escopetas que arrojan pintura, algún carro hidrante y devolviendo las piedras que les tiraban, si…devolviendo las piedras que les tiraban, que les siguen tirando y siguen devolviendo, eso hace la policía.

Adentro del recinto, la oposición a todo eso lo llamaba en sus discursos, represión salvaje policial al “legitimo derecho de movilizarse”, a ese nivel de hipocresía llega la necesidad de no dejar votar, de abortar el funcionamiento de un pilar de la democracia, como es el poder legislativo.

El oficialismo tambalea grogy, como boxeador que recibe un gancho en el mentón, despues de extorsionar y presionar a gobernadores de provincias empobrecidas por su propio accionar durante doce años o más si miramos cuantos años gobernó el PJ, sin distinciones, desde el 83 a esta parte.

Impunidad en las calles, impunidad en el congreso, tristeza y lágrimas en el 80% de una sociedad que ve como una casta política multipartidaria juegan a decir lo que no piensan, mientras la marginalidad, que crece como una gran mancha de petróleo, producto del facilismo regalado y el facilismo oportunista, avanza sobre el congreso, sobre la democracia, cumpliendo a rajatabla aquella frase de…”vamos por todo”, que significa la impunidad de quienes estuvieron arriba, para garantizar el crecimiento impune de la marginalidad que supieron construir.

Pobre país, pobre sociedad, pobre mis hijos, mis nietos, a merced de aquellos que el gran NANO Serrat describía en su inigualable canción.

“ALGO PERSONAL”:

Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.


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