PROVINCIAL

Published on marzo 9th, 2018 | by concordia7

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A 10 AÑOS DE LA 125. QUÉ FUE DEL PERONISMO ENTRERRIANO

Las idas y vueltas de la dirigencia. El rol de los intendentes. La reconfiguración de una nueva mayoría. La idea de volver a un justicialismo más tradicional. La anomalía del PJ y la izquierda en un mismo colectivo. -Federico Malvasio-

Este sábado se cumplirán exactamente 10 años de que se conoció la Resolución 125 que establecía un sistema de retenciones móviles. Un día después se anunciaba un paro que se prolongó por 129 días.

El conflicto entre el gobierno y las entidades del campo dejó varios procesos que aún siguen andando: la descomposición del peronismo (que se expresó en las elecciones de 2003 con tres candidatos); la reformulación sindical en el seno de las principales centrales y el fortalecimiento de un nuevo colectivo con anclaje en las organizaciones sociales y los partidos no tradicionales.

Ese proceso repercutió en Entre Ríos. El primer dato político de esos días de insurgencias en la dirigencia agraria fue el acompañamiento explícito de Jorge Busti en un palco que habían montado los ruralistas en la ruta. Ese fue el divorcio con Sergio Urribarri, a quien había elegido para que lo suceda. Nadie imaginó que el pragmatismo peronista no haya podido detener el conflicto de la última década. Allí aparece el segundo dato político: Cristina Kirchner no era Néstor Kirchner. El pragmatismo mutó a la intransigencia.

La decisión de Busti de ponerse en un lado obligó al gobernador a ubicarse enfrente. Entre ambos existió desde el minuto uno la tensión de uno por querer volver y del otro por buscar la reelección.

Busti se quedó con buena parte de la Cámara de Diputados que presidía y Urribarri no tuvo otro respaldo que el de los intendentes, que soportaron durante semanas abucheos en sus domicilios. Muchos de ellos dudaron de en qué lugar ponerse, pero Faustino Schiavoni, presidente de la Liga de Intendentes Justicialistas, fue quien los contuvo. El primer documento de respaldo al mandatario llegó por parte de los jefes comunales. En eso también anduvo Juan Javier García, al frente de la Municipalidad de Chajarí. José Carlos Halle no se había ido aun. La primera voz en apoyar los gobiernos nacional y provincial en el medio del desconcierto fue el fallecido diputado nacional Raúl Solanas, quien dejó para la historia su experiencia escrita en un libro.

José Cáceres era diputado provincial y no alcanzó a sumarse a las filas de Busti. Luego se terminó convirtiendo en un soldado de Urribarri y ministro de Desarrollo Social.

Busti se fue del PJ que presidía y se entusiasmó al calor de la debacle kirchnerista con volver a la gobernación de la mano de un peronismo más tradicional (es decir similar al que había gobernado la Argentina desde el ‘83). Vociferaba que “el kirchnerismo era una deformación del peronismo”. Inscribió sus deseos en el Frente Entrerriano Federal (FEF). En ese paquete estaba Enrique Tomás Cresto que sacó a relucir su escudería, el MUPE (Movimiento de Unidad Peronista Entrerriano). También pegó el salto el intendente de María Grande, Diego Lara.

La recordada jornada de las “dos plazas” en Capital Federal entronizó a Urribarri como un hombre del riñón del gobierno nacional. El entonces gobernador fue uno de los oradores en la Plaza de los Dos Congresos. El vicegobernador Eduardo Lauritto jugó el papel de Lauritto. La responsable de prensa de la Vicegobernación, Mariel Mercado, llenó las casillas de correo durante esos meses dramáticos con gacetillas dando cuenta de encuentros del presidente del Senado con entidades intermedias, preferentemente de Concepción del Uruguay.

El conflicto había perforado el peronismo en la praxis. Los acuerdos circunstanciales de 2009 no alcanzaron para ganar esa elección de medio término. Tras la derrota se avizoró un definitivo final para la era K. El radicalismo y la dirigencia del campo habían conseguido conmover a la clase media. Cualquier vecino podía poner en su auto la calcomanía “Estamos con el campo”, aunque no hubiera un solo familiar que sea propietario de uno.

La UCR había entregado lugares para convertir en diputado nacional a Jorge Chemes e Hilma Ré, dos desconocidos para la política, aunque referentes de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (Farer) y la Sociedad Rural.

El kirchnerismo, en plena debacle, impuso una agenda proactiva y simbólica. La estatización de las AFJP fue el ejemplo más claro. Era difícil de explicar un voto en contra a esa iniciativa. Alfredo De Angeli fue uno de los entrerrianos que se movilizó al Congreso para impedir la aprobación de la ley que echaba por tierra la privatización de las jubilaciones. Sólo el PRO votó en contra. El ahora senador nacional por Entre Ríos se convirtió en el dirigente rural con más presencia en los medios. Gualeguaychú se había convertido, otra vez, en un gran estudio de televisión.

Luego vendría la derrota parlamentaria con el “voto no positivo” de Julio Cobos; el matrimonio igualitario y la Ley de Medios, que convocó a sectores que habían mirado con desconfianza al peronismo como una fuerza capaz de interpretar la necesidad de atender a reclamos de sectores minoritarios, aunque intensos. El kirchnerismo se apropió de una agenda que disgustaba a buena parte de la clase media, pero que con el nivel de consumo le bastaba para taparse la nariz y apoyar al Gobierno. Se dio un proceso insólito en la Argentina y para el justicialismo durante los gobiernos de CFK: contó con el apoyo de sectores con tradición de izquierda. No una izquierda internacionalista, sino latinoamericana. El contexto continental fue el soporte perfecto para construir mayorías en buena parte del continente.

El escenario era adverso para el Gobierno. Pero murió Kirchner.

El sentido emocional que produce la muerte en la sociedad argentina volvía a probar su efectividad. La mayoría de la clase media apoyó a Cristina Kirchner que expresó un luto permanente. Se impuso ante un peronismo tradicional rendido y raquítico y una oposición deshilachada sin referencia nacional.

A 10 años de aquellas jornadas dramáticas, el peronismo tradicional y el kirchnerismo intentan reconstruir una nueva mayoría con figuras que fueron antagónicas. Por caso los hermanos Rodríguez Saá y Agustín Rossi. De concretarlo habrán realizado un experimento novedoso. Tan novedoso como el PRO, una fuerza vecinal que conduce los destinos del país en la más profunda crisis de representación.


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