35 AÑOS DE DEMOCRACIA: “GRACIAS RAÚL, PERDÓN JOAQUÍN”

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No me gusta eso de “PADRE DE LA DEMOCRACIA”, será tal vez que a Raúl tampoco le agradaba tanto eso de ser “pater” de una gran lucha colectiva. Prefiero darle un rol de “constructor”, u orfebre de una base inconclusa. (J.M.H.)

El 10 de diciembre me encontró, como a casi todos, en la plaza de mi pueblo, haciendo carne aquello de que más que una salida “electoral”, era una entrada a la vida, frase que resumía cabalmente la impronta del momento, vivir, liberarse, volver a creer, caminar con la frente alta y la mirada en el horizonte por venir.

Pasados estos primeros 35 años, en donde podemos discutir hasta el infinito los avatares de nuestro recorrido institucional, poniendo culpas, asumiendo errores, descargando rabias, queda esa rara sensación de que no supimos valorar a un gran hombre como lo fue RAÚL ALFONSÍN.

Esa sensación me la pinta el gran Joaquín Sabina en sus letras, cuando dice una frase que repiquetea una y otra vez, como síntesis de nuestro propio accionar: “NO HAY NOSTALGIA PEOR QUE AÑORAR LO QUE NUNCA JAMÁS SUCEDIÓ”.

Es cierto, es esa nostalgia de lo que pudimos ser, y dejamos que la historia pase por un costado, por privilegiar nuestro egoísmo sin mirar el conjunto.

Raúl se hizo cargo, salió en medio de la noche negra apuntando claramente el rumbo, juzgar genocidas, privilegiar el parlamento respetando las mayorías, encauzar la educación mediante un congreso pedagógico, volver al contexto internacional sabiendo que “los pueblos son sagrados para los pueblos como los hombres son sagrados para los hombres”, las relaciones internacionales y la deuda externa se discutían en los recintos parlamentarios, se revalorizó el carácter federal del país, etc, etc, etc.

Hoy miramos nuestro entorno y añoramos aquello que nos fue propuesto y desechamos en nombre de “urgencias” y cortoplacismo rumbo a la nada.

Raúl era ese dirigente que empieza en un pago chico, con problemas chicos pero con un discurso que siempre estaba mirando más allá. En el había una mirada de preocupación por casos más globales o generales, y una rápida toma de posición humanista con lo vinculado a los setenta. Se ocupaba personalmente de ir a buscar a militantes y convencerlos de que no abrazaran la lucha armada. Era un convencido de que esa no era la salida, en un momento donde el romanticismo llevó a muchos chicos a correr los riesgos que una lucha armada tenía, o a perder la vida.

Raúl era un tipo de acción, un tipo con ideas pero apasionado por llevarlas a la práctica. Y por eso toma decisiones que comprometen seriamente el equilibrio que el mismo pretende sostener, el de la consolidación de la democracia. Cuando toma la decisión del Juicio a las Juntas, afecta profundamente el consenso de cierta pacificación entre comillas, como quería en aquel momento el círculo rojo de la época, que era amnistía y darle vuelta a la página, borrón y cuenta nueva. Y vemos a un tipo que ya a cargo, pone al país frente a una encrucijada muy fuerte, que es decir “acá no hay borrón y cuenta nueva, vamos a juzgar a los responsables por los crímenes de lesa humanidad” y ahí se reconfigura una situación que además es señera en toda Latinoamérica. Los militares, que creían que podía haber alguna posibilidad de que viniera fuese un tiempo de olvido, de repente se ven acusados y eso generó un malestar interno con el que convivió durante seis años de gobierno. Ahí está el tipo de acción que se compromete ante una causa, se enfrentaba a poderes que tenían fusiles y que se levantaban contra la democracia con tanques, helicópteros, aviones, barcos y odio, más allá de que luego vendrán el Punto Final y la Obediencia Debida, pero los principales responsables siempre van a quedar juzgados, detenidos, condenados.

Raúl hablaba de una confrontación que para él no era este-oeste sino norte-sur. Veía el espacio de los poderosos ocupados por tensiones secundarias o armadas y que la verdadera tensión estaba entre ricos contra pobres. Una mirada muy humanista de la historia, o del presente, que luego consolidó como Presidente cuando viajó y observó mundos poderosos de diferentes ideologías, pero mundos poderosos que miraban hacia el sur como los lugares en donde poner más “fichitas” en un TEG.

Eso lo expresó mucho antes de ser candidato, lo demostró con un gesto muy conocido que lo enaltece al negarse a viajar a Malvinas cuando fue el inicio de la guerra, cuando la Multipartidaria viajó a darle el apoyo a los militares. Lo expresó en la campaña, en el cierre en el Obelisco, cuando dice “hoy el Imperialismo acaba de apoyar sus garras sobre Granada”, porque el gobierno de Reagan la había invadido esa tarde.

El tipo que tres días después iba a ser elegido presidente hablaba de imperialismo, garras, una retórica fuerte para acusar a una potencia mundial como opresora. Lo que hoy sería visto como antiguo, en aquel momento fue fuerte. Hay un cronista que trasmite para los Estados Unidos que dice unos días antes de la elección “se perfila como ganador un abogado de centro izquierda llamado Raúl Alfonsín, con un pasado marxista-leninista”. Puede sonar como una locura, pero así fue visto el arribo de Alfonsín y su gobierno por los Estados Unidos.

Raúl dá impulso al Mercosur y al Movimiento de No Alineados o el Grupo de los 6, que de hecho inaugura una realidad socio-política en Latinoamérica muy novedosa en esos años, la de desalinearse de los bloques grandes y empezar a jugar en un bloque propio. La construcción de este primer Mercosur es algo muy llamativo para la época, muy moderno e incluso ejemplo para las construcciones económicas de otros lugares más evolucionados del mundo.

Hay mucha gente que está tratando de entender lo que pasa, buscando reafirmar que hay un pensamiento democrático, progresista, y si se quiere, de centro izquierda posible y que tiene pensamientos populares importantes y no necesariamente populistas o surgidos de expresiones de outsiders, que puede venir desde dentro de la vida tradicional de los partidos políticos.

Muchos jóvenes pueden encontrar en Raúl y su accionar, una reafirmación de lo que sospechan, que había otros caminos y que hay otros caminos, que no es todo blanco o negro o que los grises son todos unos estúpidos.

La construcción de una salida integradora, de un movimiento de raigambre popular con un apoyo enorme de millones de personas, pero a la vez respetuoso de las instituciones, con valor por el debate, con una mirada pacifista no revanchista, pero con un profundo interés por la aplicación de justicia a los culpables.

Me parece que en eso se puede decir: “ah mira, yo creía que esto podía ser y una vez existió, y no en un modelo ideal de país hace cinco mil años en algún lugar, sino hace treinta años acá en mi país”.

Gracias Raúl por tu acción y legado, gracias Joaquín por tus versos, pero permitime que todavía siga resistiendo eso de volver “CON LA FRENTE MARCHITA”, tipos como Alfonso, nos demuestran que todo siempre es cuestión de volver a empezar.

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